The Letter Review: El peligro de las emociones reprimidas

¿Qué pasa dentro nuestro cuando guardamos secretos, enojos, cariños, lamentos y disculpas durante muchos años? ¿En quién nos transformamos? Esa es la pregunta principal que se hace The Letter, la película dirigida por el argentino Rodrigo Vila y protagonizada por Britt Robertson y Harvey Keitel.

Presentada en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata con la presencia del propio director, la película presenta a un viejo veterano de guerra solitario y de pocas palabras que quiere escribir una carta de despedida a su única hija. Como su estado emocional y de salud no se lo permite, contrata a una escritora desesperada por dinero para que lo haga, pero una relación que se originó por interés termina cambiando la vida de ambos.

Más allá del problema de las emociones reprimidas que tiene Finn, nuestro protagonista interpretado por Keitel, la película hace foco en un tema fundamental: la importancia de las amistades en la vida de las personas. Tener un amigo o amiga con quien hablar en cualquier época de tu vida puede literalmente cambiar el rumbo de tu existencia.

Cuando pensamos en los vínculos más importantes que formamos como personas, ¿qué es lo primero que se nos viene a la cabeza? ¿La conexión padre-hijo quizás?, ¿La unión de pareja tal vez?, ¿Los hermanos o hermanas? Los tres ejemplos tienen argumentos sólidos para ser la respuesta correcta, pero la amistad es tan o más importante que estos.

En esta película Finn ha perdido a sus amigos de hace años, con los cuales fue a la guerra incluso, y lo más cercano que tiene a ese vínculo en la actualidad es un joven exterminador de pestes que viene a limpiar su casa y se queda a hablar con él. En esa situación en la que no tiene a nadie en quien confíe lo suficiente para contarle sus miserias o compartir su felicidad, Finn se va atrapando a sí mismo en sus pensamientos.

He aquí que la irrupción de Julia, el personaje de Robertson, es tan importante. Ella es la que se acerca a Finn aunque él no lo quiera y obliga al veterano de guerra a ventilar muy a regañadientes algunos de sus sentimientos guardados. Ella es la confidente que tanto le hacía falta al personaje de Keitel en sus últimos años de vida.

A pesar de sus buenas intenciones, la película nunca decide exactamente qué quiere ser. El propio director explicó en la presentación de The Letter que al principio iba a ser una comedia con tintes emocionales, pero que una decisión de Keitel sobre su personaje hizo que deban cambiar el tono a un drama más serio. Esa modificación a mitad de camino se ve reflejada tanto en las actuaciones como en el guion e incluso en el score del largometraje.

Keitel hace un buen trabajo como este anciano estoico en el medio de una crisis emocional y Robertson también se destaca como esta escritora fracasada y extrovertida que busca encarrilar su carrera, pero la película nunca logra combinar con exactitud su parte de drama y su parte de comedia. Piensénlo como un café en el que el espresso queda separado de la leche dentro de la taza.

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