Caracas: El despertar de una noche que duró décadas
Aún es de noche en Caracas no es solo una película; es una autopsia cinematográfica de un país que fue devorado por sus propios fantasmas. Basada en la desgarradora novela La hija de la española, la cinta captura el “punto de quiebre” de 2017: aquel año donde la escasez absoluta se encontró con la violencia institucionalizada de los grupos armados, y donde la Revolución Bolivariana terminó de canibalizar a su propio pueblo.
Adelaida Falcón: El rostro del autoexilio
El personaje de Adelaida es un espejo roto en el que se ven reflejados los más de 8 millones de venezolanos dispersos por el mundo. Su lucha por la supervivencia no es heroica en el sentido tradicional; es cruda, desesperada y, a veces, moralmente ambivalente.
Adelaida representa a esa diáspora que se vio obligada a “morir” en su tierra para renacer con otra identidad en México, España o cualquier rincón del planeta. Es el retrato de una generación que, tras más de 20 años de fractura, carga con una nostalgia que duele porque el país que dejaron ya no existe.

El simulacro de la ciudad: De Caracas a la Anzures
La búsqueda de locaciones fue un ejercicio de memoria visual: encontrar esas calles que compartieran el mismo ADN arquitectónico de la Caracas de 2017. La producción nunca imaginó que, mientras recreaban la caída en el asfalto mexicano, el destino estaría gestando el inicio de la libertad real. Estrenar esta película justo después del encarcelamiento de Nicolás Maduro le otorga una relevancia histórica que trasciende la pantalla.
Resulta poético y a la vez irónico que, ante la imposibilidad de filmar en la verdadera Caracas, la producción encontrara su hogar en la Colonia Anzures de la Ciudad de México.
Durante una entrevista, tuve la oportunidad de confrontar la realidad con la ficción al preguntar a Edgar Ramírez y a la directora del filme: ¿Aún es de noche en Caracas, ahora que Maduro ha sido capturado?
La respuesta de los tres fue unánime y contundente, recordándonos que la libertad no es solo un cambio de mando:
“Hasta que se libere al último preso político, no será de día en Caracas”.
Esta declaración subraya que el colapso social de Venezuela es una herida profunda que no cierra con un arresto, sino con una restitución total de la justicia y la dignidad humana.

“Aún es de noche en Caracas” es la mejor oportunidad para entender, desde la seguridad de una butaca, el quiebre de una nación. Es una invitación a la empatía para aquellos que no vivieron el colapso y un ejercicio de catarsis para quienes lo sufrieron. Es el testimonio de un país que aún busca su amanecer.
Esta película no es un réquiem por lo que perdimos, sino el manifiesto de un pueblo que, tras habitar la oscuridad más profunda, ha descubierto que su luz no dependía del tirano, sino de la voluntad inquebrantable de volver a pronunciar su propio nombre en libertad.
