La nueva cinta de Olallo Rubio, “Tormento”, no es simplemente una incursión en el género de terror; es una ruptura radical y fascinante con el estilo que definió su trayectoria cinematográfica previa.
De la Sátira Política al Silencio Inquietante
Para entender la magnitud del cambio, es crucial recordar el estilo de sus proyectos anteriores:
“¿Y tú cuánto cuestas?” (2007) y “Gimme the Power” (2012) son documentales que operan como ensayos audiovisuales de crítica y sátira política y social.
En ellos, Rubio utilizó un lenguaje ágil, la yuxtaposición de imágenes, el humor negro, y entrevistas directas para diseccionar y cuestionar el consumismo, el neoliberalismo, la influencia mediática y la cultura de la dominación en México y EE. UU. Su cine era, ante todo, discursivo y explícito.

“Tormento” se erige como el polo opuesto. Rubio abandona el púlpito crítico para adentrarse en el subconsciente, reconociendo, como él mismo ha señalado, que “el terror es cine puro”, centrado en la atmósfera, el ritmo, el silencio y la tensión, en lugar del discurso. Este cambio representa un “salto cuántico” en su metodología.
La Morgue, un Espacio entre Mundos
El entorno donde se desarrolla la cinta es fundamental para el terror psicológico: la morgue. La película logra una efectiva creación de atmósferas gracias a la decisión deliberada de evitar los clichés:
En una entrevista para Spoiler, el director me comentó que buscó una ambientación que no fuera ni la morgue impoluta e irreal del cine estadounidense, ni el espacio higiénicamente inadecuado del cine local. El equipo optó por crear su propia morgue, filmando en locaciones reales dentro del hospital caído en el temblor de 1985 dentro del Centro Médico.

Esta elección de locación real, filmada además en 16 madrugadas para capturar la verdadera energía del cansancio y la noche, dota al espacio de una gravedad y un realismo palpable, convirtiéndolo en un limbo frío e inhóspito que potencia el terror psicológico. La morgue es el reflejo físico de la culpa interna de la protagonista.
La Fisicalidad y el Trasfondo Emocional de Natalia Solián
La película encuentra su ancla de terror en la actuación de Natalia Solián, quien repite en el género después de su aclamado trabajo en “Huesera”. Solián ofrece nuevamente una interpretación donde el físico es primordial para establecer la efectiva realidad del terror para su personaje, una guardia de seguridad acosada por su conciencia.
En el aislamiento y el frío de la morgue, la actriz canaliza la angustia auténtica y el agotamiento extremo, dándole un trasfondo emocional denso a la culpa. Su cuerpo y su rostro son el mapa del tormento interno, haciendo que el terror psicológico sea más real y visceral. Como señalan las entrevistas, Solián pertenece al tipo de actores que “no fingen las emociones, las viven”, y ese realismo resulta “brutal” en pantalla.

Una Versión Urbana y Psicológica de la Culpa
“Tormento” toma como inspiración la película uruguaya “Morgue” de Hugo J. Cardozo, pero Olallo Rubio la hace suya al establecer una urbanidad propia de la Ciudad de México.
El director se arriesga a desafiar las fórmulas establecidas por el género al centrar el conflicto en la mente, jugando con los “inceptions del personaje” y borrando las líneas entre el mundo real y la proyección de la culpa. No se trata de jump scares, sino de una confrontación con el “castigo interno”.
Además, el director es eficaz en entregar una película de horror psicológico que adereza con el factor religioso y la culpa:
Conceptos como el pecado son cruciales en el viaje de la protagonista.
La inclusión del proverbio 28:13 de la Biblia al inicio de la película (“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”) no es un mero adorno; es un precedente que asienta que toda esta historia tiene un trasfondo religioso y moral, en el cual un acto irreversible lleva a la protagonista a un vómito de conciencia y castigo.
“Tormento” es la penitencia cinematográfica de Olallo Rubio, donde la sátira muerde el polvo ante una culpa tan corpórea como los muertos que acechan. Es el silencio, amplificado por la fisicalidad de Solián, lo que nos recuerda que no hay peor fantasma que la conciencia.
