El segundo episodio nos permite adentrarnos aún mas en la dinámica carcelaria. Las irregularidades no solo se muestran dentro del universo de los reclusos, sino también por parte de las autoridades que permiten a través de un afilado sistema que los presos continúen dentro de sus actividades ilegales.
Pastor logra ganarse el respeto de todos los reclusos a punto tal que es propuesto por “Dios” para ser el encargado de mantener el control del patio luego de una importante revuelta que se provocó para el festejo del cumpleaños de uno de los presos.
El arma de doble filo que presupone lograr la confianza de los reclusos es una espada de Damocles meciéndose sobre su integridad física. A medida que su integración crezca más cuidadoso deberá ser con los movimientos a realizar.
La visibilidad lograda por Pastor tal vez sea demasiado notoria y no del todo adecuada para sus motivaciones. Mientras tanto las negociaciones de los secuestradores con el Juez Lunatti nos cambian totalmente el panorama al enterarnos que el dinero que le exigen como recompensa no es otro que un “vuelto “que el magistrado corrupto desvió de un accionar ilegal.

