El episodio se centra en la fuga de O.J luego de ser conocida su orden de detención y por sobre todo en el impacto en la sociedad civil de esta decisión. Con un tono moralmente neutro y sin mostrar si la idea provino del mismo acusado o de su letrado Schapiro somos testigos de una de las huidas mas mediáticas de los últimos tiempos. El evento tuvo tal impacto que la carretera se llenó de fans que victoreaban su nombre embanderados en causas relativas a la persecución de las minorías o el abuso policial.
Murphy musicaliza esta huida con el tema Sabotage de Beastie Boys, lo que brinda a la acción de un tinte frenético y confuso que se adecúa a lo que realmente se sentía en el momento. Por un lado su condición de hombre negro parecia jugarle en contra y convertirlo en una víctima ad hoc de su raza, pero por otro era imposible establecer un lazo empático con el común de la gente. El trato diferencial recibido no viene derivado de su condición de negro, sino de su condición de celebrity. Por eso mismo un policia claramente enuncia “No seré yo quien dispare a O.J frente a todas las cámaras”.
La fuga de O.J se convirtió en un evento social como nunca antes había ocurrido, hecho que incluso quedo retratado en un documental de la cadena ESPN.
El relato termina con la entrega voluntaria de O.J a las autoridades, con la condición que la misma no sea tomada por las cámaras de tv. Suponemos que el próximo episodio nos permitirá adentrarnos en los pormenores del proceso, pero por sobre todo en como la opinión pública manipulada por los medios fue un factor desencadenante para el arribo a una sentencia por lo menos polémica