El final de temporada de Watchmen fue, sin dudas, para sacarse el sombrero ante una de las mejores adaptaciones que hemos visto en los últimos tiempos. El episodio empieza confirmando una teoría que se venía sosteniendo casi desde el principio: Adrian Veidt es el padre de Lady Trieu, lo que explicaría su inteligencia suprema. Sin embargo, el vínculo entre ambos está lejos de ser ideal, siendo que la madre de Trieu, Bian, se inseminó artificialmente sin decírselo a Veidt. Cuando Trieu, de grande, va a buscar a su padre para pedirle que invierta en su investigación para proteger a la humanidad como él lo hizo, Adrian la rechaza y jura nunca llamarla hija. Sin embargo, cuando se ve en aprietos en Europa, la luna de Júpiter donde lo dejó Dr. Manhattan, recurre a ella, quien lo rescata y lo convierte en esa estatua dorada que ya supimos ver, sólo para liberarlo cuando está a punto de cumplir su sueño: apropiarse ella de los poderes de Dr. Manhattan para “sanar el mundo”.
See How They Fly


Mientras tanto, los líderes de la organización Cyclops se han reunido para ver a Dr. Manhattan enjaulado, quien será despojado de sus poderes para que pueda apropiárselos Joe Keene, quien está muy satisfecho consigo mismo, refregándole su plan a Laurie Blake, quien sigue prisionera. Su único aliado es Wade, aka Looking Glass, quien está camuflado con una máscara de Rorschach.
Mientras tanto, Angela logra descubrir a dónde llevaron a su marido y llega al sitio para prevenir a Keene acerca de los planes de Lady Trieu, quien, por supuesto, también se encuentra en camino. Keene la ignora y se predispone a recibir los poderes de Dr. Manhattan, mientras Lady Trieu hace su aparición en la escena, acompañada por Adrian Veidt.
El plan de Keene tenía una falla: si bien podía absorber la energía de Dr. Manhattan, le faltaba una máquina para centrifugarla. Aquí es donde Lady Trieu lo supera con creces, ya que ella la ha construido y está lista para convertirse a sí misma en la próxima Dr. Manhattan. Sin embargo, mientras se entretiene viendo como Keene es aniquilado por la misma energía que intentaba robar (se convierte en una sopita de sangre y restos humanos) y eliminando a los miembros de Cyclops, Dr. Manhattan aprovecha para teletransportar a Adrian, Laurie y Wade hacia la base de la Antártida de Ozymandias, dándoles el puntapié inicial para que puedan detener a Lady Trieu, quien iba camino a convertirse en una supervillana de primera.

Adrian logra aniquilar el plan de su hija, una narcisista peligrosa como él, gracias a sus pequeños calamares, enviándolos congelados, como si fueran balas de ametralladora capaces de destruirlo todo. Mientras tanto, Angela queda para ver cómo el hombre del que se enamoró muere. Sí, Dr. Manhattan muere.
Tras la desaparición de todas las amenazas, Angela corre a refugiarse al mítico cine donde empezó la historia de su familia. Allí se encuentra con Will, quien recuerda que antes de la Masacre de Tulsa, su madre tocaba el piano allí. Ellos hablan y, de algún modo, se reencuentran. Ante la pérdida del hombre amado, Will se muestra comprensivo y Angela dispuesta a abrirle la puerta de su familia.

Es Will quien le dice a Angela que una de las últimas frases que dijo Dr. Manhattan (y que, supuestamente, ella iba a entender) era que no podía hacerse una tortilla sin romper algunos huevos. Angela en el momento no lo comprende, pero al regresar a su hogar descubre los huevos tirados en el piso de cuando él estaba cocinando. Dentro del paquete encuentra uno sano y recuerda cómo, cuando se conocieron, él le dijo que podía heredar sus poderes a través de materia orgánica, poniendo un huevo como ejemplo. Confiada, toma ese último huevo sano y se va a la pileta de su casa. Allí se lo come y se dispone a probar si ha heredado los poderes de su marido, caminando sobre el agua. ¿Es acaso el nuevo Dr. Manhattan? Nos gusta creer que sí.