La arrogancia y su desmedido ego de Lenny es más evidente cada día que pasa estando él al frente de la Iglesia Católica, Don Tomasso es el espectador de ello y no puede creer las palabras del Papa cuando este le revela su desdén hacía Dios. El Cardenal Spencer le reclama a Voiello haberlo traicionado para ser elegido como Papa y que debido a su falta de compromiso hacía a él ahora tienen un Papa con los ideales extremistas de su persona pero con la juventud para llevarlos a cabo sin miedo a lo que vendrá.
Los cardenales se sienten angustiados por el rumbo de la Iglesia y le reclaman a Voiello por no hacer su trabajo, aunque él promete que todavía está a tiempo de arreglar las cosas. Voiello se reúne con el Papa para aclarar y tratar de entender el polémico discurso ofrecido por este, además le hace ver la angustia que está causando entre la gente. El Papa decide tomar cartas en el asunto y cita a una conferencia de prensa para hacerlo, pero fiel a sus convicciones, le pide a la Hermana María ser ella la portadora de dar el mensaje escrito por él.
Voiello confiesa a María de haber trabajado en contra de Spencer para su elección como Papa y que además él no busca esa posición, ya que un Papa debe inspirar confianza y por lo mismo se pregunta qué es lo que inspira Pío XIII a sus fieles, ya que su postura es extraña y contradictoria. La Hermana María le hace ver al Cardenal que esa misma postura la tiene él, siendo de día el Secretario de Estado del Vaticano y de noche el cuidador de un niño enfermo.
María va en busca de Spencer y le pide por favor apoyar a Lenny en su papado, ya que la mayoría le está dando la espalda debido a su postura tan extremista y además ella le hace ver que él es el único que lo puede entender, a Lenny, ya que es su mentor espiritual. El Cardenal se niega debido al coraje que tiene al no haber sido elegido él como Papa.
En la conferencia de prensa, la Hermana María pronuncia el discurso del Papa, el cual es recibido con el mismo extraño asombro que su primer discurso en la Plaza de San Pedro. La prensa tiene más preguntas que respuestas. El Papa se reúne con Spencer a petición de este, el cual busca darle un consejo como se lo pidió María, pero Lenny nuevamente muestra su arrogancia hacia ello y le deja en claro su postura mítica que pretende llevar en su papado.
Una figura extraña se encuentra en la Plaza de San Pedro a la mitad de la noche, la cual no para de mirar hacía la habitación del Santo Padre, Valente la reconoce y por órdenes de Pío XIII la hace busca para que pueda charlar con ella. Esther se reúne con el Papa y confiesa el amor que sintió hacia las palabras pronunciadas en la primera homilía, pero él se niega a creer en ese único sentimiento y ella le dice que además de amarlas sintió un profundo respeto. Al oír la respuesta de Esther, el Papa cae desmayado en los brazos de ella, como si su capacidad de sorpresa hubiese sobrepasado; un extraño sueño le hace ver a Lenny como sus padres lo abandonan, mientras toman un barco que lo alejan de él.
El conflicto entre Pío XIII y Voiello es cada vez más áspero, y además se suma el cuestionamiento del Papa hacía el Cardenal de haber sido la persona encargada de orquestar su elección. Voiello confiesa haber sido él y que sólo lo había hecho con la esperanza de que Lenny fuera un papa conciliador, pero Lenny le explica que no puede ser igual que un cardenal ya que como figura papal tiene una soberanía absoluta.
La guerra ha comenzado y Voiello no está dispuesto a ser obligado a abandonar su cargo, así que está determinado a ejercer su poder dentro y fuera del Vaticano para alcanzar su objetivo. Junto al Cardenal Caltanissetta, Voiello recurre a Spencer para controlar a Lenny. La amistad entre el Cardenal Gutiérrez y el Papa va floreciendo, elemento que es aprovechado por Voiello para extorsionar a Gutiérrez y obligarle a contarle todo lo dialogado con Su Santidad.