Into The Forest I Go

Star Trek: Discovery hay llegado a su midseason. En el capítulo anterior, la U.S.S Discovery había quedado en la órbita del planeta Pahvo, desde donde la entidad que lo habita había emitido una señal invocándolos tanto a ellos, como a la nave sarcófago de los klingon. La entidad pahvian, en su inocencia, creía que había chances de que ambos lados de la guerra pudieran llegar a un acuerdo de paz. Claramente, ésto no era así. Los klingon venían directamente a destruir todo el planeta.

La Flota Estelar, sin embargo, le da la orden al Capitán Lorca de retirarse, ya que no pueden arriesgarse a perder la única nave con el sistema de propulsión de esporas. Pero Lorca no es un tipo que huya de la batalla.  Para ahuyentar sospechas de la Flota Estelar, salta en Warp camino a la base que le han ordenado. Sin embargo, su intención no es llegar a destino. En el mismo plan de ocultar sus verdaderas intenciones, le pide al teniente Stamets que vaya a la enfermería, para justificar la no utilización del sistema de propulsión.

El problema aún yace en cómo detectar la llegada de los klingon, con su sistema de invisibilidad. No será nada fácil. El único camino posible es infiltrar a alguien en la nave sarcófago para que coloque unos transmisores que puedan comunicarle a la Discovery en qué frecuencia están los klingon.

Por supuesto, el Jefe de Seguridad Ash Tyler es el encargado de llevar a la cabo la misión. Y pide que quien lo acompañe sea Michael Burnham. En un principio, Lorca se niega. Nadie entienden muy bien por qué. Michael lo presiona, diciéndole que ella ya estuvo a bordo de la nave y que eso le dará ventaja por sobre cualquier otro tripulante de la Discovery. Pero Lorca es un hueso duro de roer y no quiere que Michael vaya. Parece una necedad. Michael insiste, delante de todos sus compañeros, asegurándole que, de no enviarla a ella, no estaría aprovechando todos los recursos que posee para ganar la guerra. Acorralado, Lorca cede.

El siguiente problema a resolver es que, a pesar de que logren poner los transmisores en la nave klingon, necesitan por lo menos unas cuantas horas para poder realizar una lectura completa desde distintos puntos. Pero la Discovery tiene un as bajo la manga: su sistema de propulsión de esporas. Haciendo múltiples saltos, puede acelerar este proceso y tener la información en minutos.

Pero nada sale a pedir de boca: la visita de Stamets a la enfermería ha develado lo que el Teniente no quería. La mezcla de su ADN con el tardígrado ha empezado a repercutir en su cuerpo y el doctor Culber se niega rotundamente a que vuelva a realizar un salto. Lorca, sin embargo, tiene el anzuelo justo para convencer a Stamets de tomar el riesgo: ha trazado mapas de acuerdo a cada salto que ha dado y ha descubierto, gracias a eso, espacios donde el hombre jamás ha llegado. Universos dentro de universos. Universos paralelos. Stamets está convencido. Hará los 133 saltos que se precisan para leer la información de la nave sarcófago, luego de que Ash y Michael pongan los transmisores en su sitio.

Ash y Michael parten a la nave sarcófago. Utilizan unos pequeños aparatos para disfrazar sus lecturas en los sensores y que los klingon los adviertan como parte de su raza y no humanos. Poner el primer transmisor es fácil, pero para que se active, hace falta colocar el segundo, en la otra punta de la nave.

En el camino, Burnham detecta una presencia humana en su pantalla. Aunque Ash Tyler no quiere ocuparse del asunto, la culpa que Michael siente por haber llevado a la Flota Estelar a esta guerra la hace sentir que necesita llevar a todos sanos y salvos a casa. Convenciéndolo, empiezan a buscar a este humano que probablemente se encuentre capturado. Es nada más y nada menos que la Almirante Katrina Cornwell, quien se encuentra malherida luego de su enfrentamiento con la traicionera L’Rell. Burnham le brinda primeros auxilios, pero la Almirante no puede mover las piernas.

Mientras Burnham ayuda a la Almirante, Tyler descubre que, en la misma habitación, también malherida, se encuentra la mismísima L’Rell. Al verla, el Jefe de Seguridad entra en shock, quedando completamente fuera de sí. El estrés post traumático por haber sido rehén de esa klingon se lleva lo mejor de él. Burnham, rápidamente, le dispara a L’Rell para que no sea un problema y deja a la Almirante a cargo de Ash, mientras ella intenta finalizar su misión.

Sigilosa, Burnham logra colocar el segundo transmisor. Pero mientras esperaba su oportunidad para reunirse con Ash y Katrina, escucha a los klingon hablar de que han descubierto la habitación a donde se infiltraron para rescatar a la Almirante Cornwall. Para salvarlos, Burnham se expone. Se presenta ante el mismísimo Kol, que en sus manos tiene la insignia de la Capitana Philippa Georgiou. Le confiesa que fue ella quien asesinó a T’Kuvma y, antes de que decidan llevarla prisionera, le exige combatir contra él, pinchándole en su orgullo acerca de que la nave en la que se encuentran es una nave robada.

Mientras tanto, en la U.S.S. Discovery, Stamets comienza a realizar los 133 saltos que se necesitan para leer la información de la nave sarcófago. Su salud está realmente en riesgo. Culber sufre, pero Lorca se mantiene firme.

Burnham se enfrenta ferozmente contra Kol, mientras la Almirante intenta que Ash vuelva en sí para ayudarla a defenderse, ya que los klingon han descubierto su posición. Todo sucede al mismo tiempo. Cuando todo parecía perdido, Stamets logra completar los 133 saltos, Saru analiza velozmente la información obtenida y la Discovery es capaz de ver ahora a la nave klingon. Ash y Katrina son los primeros en ser teletransportados, pero en el último segundo L’Rell despierta y se cuelga de ellos para irse con el Jefe de Seguridad, con quien ya sabemos que está obsesionada.

Burnham continúa luchando contra Kol, que es increíblemente fuerte, pero Michael no se queda atrás. En el momento en el que parecía que estaba derrotada, logra arrebatarle la insignia de Philippa y es transportada justo a tiempo, antes de que el klingon logre asesinarla. Con sus tripulantes en casa, la Discovery dispara letalmente a la nave sarcófago, destruyéndola por completo.

La victoria es importante. La nave klingon fue destruida, L’Rell está prisionera y la U.S.S. Discovery ya puede volver a casa.

Lorca le confiesa a Stamets que la Flota Estelar quiere premiarlo, pero que cuando lleguen va a pedir que se lo den a él. Stamets le dice que no es necesario y, a su vez, le informa que cuando lleguen a la base, planea retirarse. Necesita tomarse un tiempo para que todos los doctores posibles puedan analizar qué es lo que le está sucediendo desde que mezcló su ADN con el del tardígrado.

Mientras tanto, Ash y Michael se encuentran en la habitación de él para hablar acerca de lo sucedido. Ash le cuenta a Michael su experiencia como prisionero de los klingon y cómo fomentó la obsesión de L’Rell por él para poder sobrevivir. También le dice que, a pesar de que esto lo traumatiza, siente que valió la pena porque, gracias a esa decisión que tomó, ahora podía estar allí con ella. Ambos se abrazan y se duermen. Ash vuelve a sufrir pesadillas y, al despertarse bruscamente, se dirige a ver a L’Rell, en busca de respuestas. Por supuesto que ésta no le da ninguna, sino que, cuando él le pregunta qué hizo con él, ella le dice crípticamente que jamás dejará que lo toquen.

Stamets se ofrece a dar un último salto en el sistema de propulsión de esporas. Se siente obligado a llevar a todos a casa sanos y salvos, a pesar de que Lorca le indica que no es necesario. Este último salto será la perdición. Stamets no lo resiste y sale completamente fuera de sí de la cabina de esporas. Sus ojos se han tornado blancos y cae al piso balbuceando.

La U.S.S. Discovery ha salido del salto. Cuando intentan fijar su locación, les resulta imposible. Parece que el viaje recién ha comenzado.

Spoiler Show #18