Roadies se trata de una familia, pero no de una tradicional, sino de la de Staton House Band. Cameron Crowe se embarcó en este proyecto que consta de una primera temporada de 10 capítulos y que intenta retratar la vida de los “roadies”, las personas encargadas de que los recitales sean experiencias mágicas.
Todo empieza con una escena de sexo entre Bill (Luke Wilson), el mánager del tour, y Kimberly, una chica de 22 años que se refiere a él como “la persona más vieja con la que estuvo en toda su vida” y resulta ser la hija de un promotor importante (pero claro, Bill no lo sabía). Los interrumpe Shelli (Carla Gugino), la productora del tour. Este momento está para que, en pocos minutos, entendamos cómo es la relación entre Bill y Shelli: amigos que no tienen inhibiciones (a ella la presencia de la joven semidesnuda mucho no le molestó) y que trabajan hace años juntos, pero que no son pareja.
Con “Tangled up in blue” de Bob Dylan, nos movemos al micro del tour, que se dirige a Nueva Orleans, la locación del próximo recital. Kelly Ann (Imogen Poots) no puede dormir y le dice al conductor que este va a ser su último show con Staton House Band, porque quiere ir a estudiar cine. Una vez que llegan, conocemos a distintos integrantes del equipo y cada quien se mete con su tarea. Mientras tanto, suena la canción del día: “I wish I was sober”, de Frightened Rabbit.
En su último día, Kelly Ann recibe la visita sorpresa de su hermano mellizo Wes (Machine Gun Kelly), que acaba de ser despedido. Él intenta convencerla de que se quede, pero no hay forma. Más adelante cuando ella habla con Phil (Ron White), un viejo lobo que está hace mucho con la banda y que anda con un collar que le regaló Ronnie Van Zant y un gorro de cowboy, entendemos sus razones para abandonar todo: ya no escucha la música de la misma forma que antes.
Life is a carnival


Como si hasta ahora no hubiera suficiente movimiento en la previa al recital de Staton House Band, los roadies reciben a la banda soporte, The Head And The Heart (una especie de Of Monsters And Men), y a un nuevo personaje se integra al grupo: Reg, el asesor financiero que busca a Phil, quien se toma a la defensiva que lo vengan a encarar de la nada. Así que el viejo le explica a Reg que cuando lo mira a él, está mirando al rock & roll y a América y que si se mete con su equipo, nada bueno le va a pasar. Entonces Reg le explica que está bajo una investigación que podría perjudicar a la banda. Phil saca un arma para amenazarlo, pero por suerte Puna, el jefe de seguridad, está atento a la situación y no pasa a mayores.
Hasta ahora nos queda claro que Reg no va a ser muy querido por nadie. Y cuando más tarde trata de hablar sobre que va a haber cambios, que implican despidos, y que él está para proteger a la “marca”, Kelly Ann levanta su voz: “tal vez la marca no es una marca, tal vez la marca es un sentimiento. Kurt Cobain y Jimi Hendrix no murieron para convertirse en remeras de Urban Outfitters”.
Por supuesto que entre las distracciones ocasionadas por Reg, una acosadora de la banda logra infiltrarse en el backstage, pero Kelly Ann está ahí para salvar al día, una vez más. Con la última tarea del día realizada, emprende la retirada. Cuando está en eso, se encuentra a uno de los muchachos de Staton House Band, que se detiene para decirle que Phil le contó lo que había hablado con ella más temprano, y que gracias a eso esa noche van a cambiar el setlist para tocar canciones que no interpretaban hace mucho. Mientras “Given to fly” de Pearl Jam empieza, Kelly Ann se da cuenta (como era de esperar) que quiere volver a su familia y empieza a correr de vuelta al estadio. Cuando Staton House Band abre el recital con “Jeanine”, una canción inesperada, Bill le dice a Shelli que “hay algo en el aire”.
“Life is a carnaval”, el título del capítulo, hace alusión a un tema de The Band. El episodio está lleno de guiños para los amantes de la música, y la mano de Crowe, que nos abrió las puertas a este mundo con Almost Famous (2000), se nota. Así que bienvenidos, roadies, este es el inicio de un viaje prometedor.