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Daniel e Issa hablan entre papas fritas - Fuente: HBO

Las batallas empiezan a mostrarse. Todos, los que hasta ahora aparecieron, comienzan a entender qué será su enemigo en esta tercera temporada. Solo están Daniel e Issa, en este recorrido de definición entre ellos… Bueno, mejor dicho de revolver viejos sentimientos, sin reconocer que se tienen.

En el trabajo:

Issa y Kelli discutiendo economías - Fuente: HBO

Issa mezcla su vida y necesidad privada con la terrible actualidad de “We Got Ya’ll”. En primer lugar necesita urgentemente alquilar un lugar para sí y dejar en paz a Daniel, pero nota que le es imposible acceder con su actualidad económica (por debajo de la “mala”).

Esto la predispone horriblemente para participar en una reunión en la que se discute lo que ella misma quiso avisar días atrás: la ONG está mal dirigida desde su comienzo, es caucásica y observa -logo incluido- con superioridad a quienes intenta ayudar, es decir a los niños negros, en su mayoría.

Issa ya tiene, evidentemente, algo personal contra su lugar de trabajo, el maltrato al que la sometieron ha creado -con justa causa- una separación sentimental, lo que para una organización de bien público con salarios bajos, es más que preciso tener.
Ya no le interesa dar su opinión y puede dejar que se hunda. Sus compañeros, recordemos que ella fue degradada, le enrostran su silencio. Pero ella se mantiene en entender que, si no la apoyaron cuando era necesario, no iba a prestar la espalda para los latigazos o el hombro para que lloren.

Consecuencia: Manda un pedido de entrevista laboral en otro lado.

Daniel se harta de que no lleguen los artistas - Fuente: HBO

Daniel se ve a sí mismo encerrado en su estudio de grabación esperando a aquellos con quien sí quiere trabajar. Es un lugar cómodo, pero hasta allí no llega Spyder, el artista con quien desea componer.

A este sentimiento de “las cosas no me suceden, tengo que salir de mi capullo” se le suma que su pareja actual, no solo rechaza la idea de que Issa viva en su casa, sino que no lo apoya en lo más mínimo en lo laboral. Se trata de una mujer ensimismada en las redes sociales y su negocio de diseño, ni lo escucha.

Cuando llega la noche, se encuentra sin compañía para ir a una discoteca, donde se presenta Spyder y se desmotiva.

En la vida:

Daniel e Issa comparten la casa y la música - Fuente: HBO

Issa, entonces, rapera de hobby, lo empuja a Daniel a salir, a ir en la persecución de Spyder. Al llegar al local, no está en el listado de invitados, como tenía acordado, pero se encuentran con otro compañero de escuela, Khalil, quien los hace entrar. Aquí se vuelve interesante. Khalil fue “delfín” de Daniel, aprendió de él, pero supo granjearse relaciones que lo llevaron a salir adelante laboral y artísticamente y por ello el compañero de casa de Issa lo resiente.

En su incomodidad, Daniel, intenta transmitir una idea a Spyder, pero lo pierde cuando comienza una balacera en pleno local bailable. Él no duda un segundo en tirarse sobre Issa para protegerla. De allí a comerse una papas y largar sus sentimientos de frustración, vuelven a la casa. Él consigue que Khalil lo reciba con sus obras y ella recibe el mensaje del posible nuevo empleo. El día termina mejor de lo que empezó… Con los dos frente a los audios de trabajo de Daniel escuchando ediciones.

En el futuro:

Obviamente la cosa se complicará un montón, tienen Issa y Daniel la música en común y esa necesidad de progresar en lo laboral. A ella la citan para una entrevista laboral, él veremos si llega a producirle a Spyder… ¿Y Molly? En el próximo sabremos qué pasa. Por lo pronto aplaudimos el regreso de Kelli, la más descontrolada de las amigas.
Estamos extrañando la furia de Issa, esa que la hacía rapear con todo.

Spoiler Show #18