Con el secreto develado sobre la muerte de Silas, Sarah acepta mantenerlo guardado, pero no sabe por cuánto tiempo, ya que no sólo le produce terror lo acontecido sino también las consecuencias que pudiesen llegar a ocurrir.
El dolor que más le pesa es ver a su ex cada vez que deja a sus hijos con él y encima mentir a los demás que lo sigue viendo.
Tanto Eddie como ella tratan a su manera de olvidarse mutuamente; él se encuentra con una vieja amiga con la que pasa un rato.
En cambio Sarah, para salvar la situación financiera, se presta a colaborar junto a Cal y ver la posibilidad de recaudar fondos a través de la familia de aquél muchacho que salvó de las adicciones, pero le está resultando demasiado fastidiosa esta farsa y comienza a embriagarse, lo que lleva a dejarse llevar por un caballero.
Cal no pudo otra vez con su temperamento y lo que era una simple reunión de posibles donadores se convirtió en un sermón malhumorado casi obligándolos a contribuir a la causa; se desquitó con el hombre que acompañaba a Sarah, dejando una amarga sensación.
Mientras tanto Eddie no puede borrar aquellos momentos con la bella Sarah.