El final de Euphoria llegó y dividió (más) a los fans

Final de Euphoria
Fuente: HBO Max

El final de Euphoria llegó como casi todo en esta serie, envuelto en exceso, dolor, belleza visual y una conversación pública incapaz de ponerse de acuerdo.

Después de tres temporadas, años de espera, rumores sobre su continuidad y un elenco que pasó de promesa televisiva a fenómeno global, la serie de HBO cerró su tercera entrega con un episodio que no sólo dividió a los fans, sino que reavivó una pregunta que persigue a la producción desde hace tiempo, ¿Euphoria seguía siendo una historia sobre jóvenes rotos buscando sentido o se convirtió en una máquina de impacto diseñada para incendiar redes?

La respuesta, como casi siempre con Sam Levinson, no es sencilla. Para algunos, el cierre fue brutal pero coherente con el viaje de Rue Bennett, una protagonista marcada desde el inicio por la adicción, la pérdida y la imposibilidad de encontrar estabilidad.

Para otros, el final fue una traición emocional, un golpe innecesariamente cruel que terminó de confirmar que la serie había perdido el centro humano que alguna vez la hizo tan poderosa.

Una serie que nació para incomodar

Desde su estreno en 2019, Euphoria nunca fue una producción cómoda. La serie convirtió el drama adolescente en una experiencia sensorial extrema, donde el maquillaje, la música, la fotografía y los excesos emocionales funcionaban como lenguaje propio.

Zendaya encontró en Rue uno de los personajes más importantes de su carrera, mientras que figuras como Hunter Schafer, Sydney Sweeney, Jacob Elordi, Alexa Demie, Angus Cloud y Maude Apatow se volvieron parte de una generación televisiva marcada por la intensidad.

Pero el final de Euphoria no puede entenderse sin revisar las críticas acumuladas. La serie fue cuestionada durante años por su representación del consumo de drogas, la sexualización de adolescentes, la violencia emocional y una tendencia a privilegiar el shock por encima de la construcción narrativa.

En su primera etapa, esas decisiones podían leerse como parte de una estética arriesgada; en la tercera temporada, para muchos críticos, empezaron a sentirse como síntoma de agotamiento.

Ahí está el punto clave, porque si bien Euphoria siempre quiso incomodar, esa sensación no siempre equivale a profundidad.

La tercera temporada y el problema del exceso

La temporada final dio un salto temporal de cinco años después de la preparatoria y llevó a sus personajes hacia un mundo más adulto, más oscuro y mucho más caótico. 

Sin embargo, ese cambio de escenario también provocó una ruptura con lo que muchos espectadores consideraban el corazón de la serie, las relaciones íntimas entre Rue, Jules, Lexi, Cassie, Maddy, Nate y el resto del grupo.

Las críticas más fuertes apuntaron justamente hacia esa pérdida de foco. La serie empezó a moverse entre tramas de crimen, páginas azules, deudas, violencia física, fetiches, religión, venganza y símbolos cada vez más grandilocuentes.

Algunas lecturas defendieron que esta temporada intentó retratar el vacio de una generación atravesada por algoritmos, sexualización digital y economía de la atención. Otras, menos generosas, señalaron que el show parecía disfrutar demasiado de la degradación que decía criticar.

Por eso el final de Euphoria llegó cargando una tensión previa. No era sólo el cierre de Rue. Era el examen final de una serie que había pasado años siendo acusada de confundir provocación con complejidad.

El final de Euphoria y la decisión que rompió al fandom

El episodio final, titulado “In God We Trust”, confirmó el destino más duro posible para Rue. Tras pasar buena parte de la temporada intentando mantenerse limpia y buscando una forma de redención, el personaje interpretado por Zendaya muere por una sobredosis después de tomar pastillas mezcladas con fentanilo que recibe de Alamo, ella creía que eran para el dolor.

Ali, su mentor y figura de apoyo, la encuentra sin vida en su sofá, y el episodio gira después hacia una venganza marcada por el dolor, la culpa y una especie de justicia quebrada.

Sam Levinson defendió la decisión al señalar que le parecía “el final honesto para una historia sobre adicción, especialmente en un contexto donde el fentanilo ha cambiado de manera brutal las posibilidades de supervivencia para muchas personas. 

La escena también se conecta emocionalmente con la memoria de Angus Cloud, quien interpretó a Fez y murió en 2023 por una sobredosis accidental. En el episodio, Fez aparece brevemente dentro de una secuencia de sueño de Rue, lo que añade otra capa de duelo a una despedida ya de por sí devastadora.

El problema, para parte del público, no fue únicamente que Rue muriera. Fue cómo perdió la vida, en qué momento del episodio y qué hizo la serie después con ese deceso.

Una despedida que algunos sintieron injusta

El final de Euphoria también fue criticado por desplazar el foco hacia Ali y convertir el dolor por Rue en una trama de venganza. Para quienes defendieron el episodio, esa decisión permitió mostrar el impacto de su muerte en alguien que entendía su lucha desde la experiencia propia.

Para quienes lo rechazaron, la serie terminó quitándole agencia a su protagonista incluso en el momento más importante de su historia.

A eso se sumó el tratamiento de otros personajes. Jules apareció poco y con un cierre más simbólico que narrativo. Cassie quedó asociada a una trama de exposición digital que muchos consideraron reduccionista. Maddy, Lexi y otros personajes terminaron con resoluciones ambiguas o insuficientes, como si la serie hubiera invertido más energía en construir impacto que en cerrar arcos.

Y ahí está la razón por la que el final dividió tanto. No se trataba sólo de querer un cierre feliz. Euphoria nunca prometió eso. Se trataba de pedir un cierre que estuviera a la altura emocional de quienes habían sostenido la historia.

Entre obra generacional y caos televisivo

Aun con sus críticas, sería injusto negar la importancia de Euphoria. La serie transformó la estética televisiva de una época, influyó en moda, maquillaje, música, lenguaje visual y conversación digital. También abrió debates incómodos sobre salud mental, adicción, deseo, violencia, identidad, redes sociales y soledad juvenil.

El final de Euphoria no borra ese legado, pero sí lo complica. Porque si algo demuestra este cierre es que una serie puede ser influyente y fallida al mismo tiempo. 

Puede tener momentos de belleza extraordinaria y decisiones narrativas cuestionables, y existe la posibilidad de que sea profundamente importante para una generación y, al mismo tiempo, dejar a muchos de sus fans con la sensación de que algo se perdió en el camino.

Quizá esa contradicción sea, para bien o para mal, la definición más honesta de Euphoria.

Lo que queda después de Rue

Todavía existe ambigüedad sobre si este episodio representa el final definitivo de la serie o sólo el cierre de una etapa. Zendaya ya había insinuado que esta podría ser su última temporada como Rue, mientras Levinson ha dicho que escribe cada temporada como si fuera la última, aunque deja abierta la posibilidad de continuar si aparece una idea que lo justifique.

Pero después de este cierre, la pregunta no es sólo si Euphoria puede seguir. La pregunta es si debería.

Porque el final de Euphoria dejó algo claro, que Rue era el centro emocional de la serie, incluso cuando la historia parecía distraerse con todo lo demás. Sin ella, el universo puede continuar, pero difícilmente conservaría el mismo peso.

Al final, Euphoria se despide, al menos por ahora, como vivió, provocando, incomodando, dividiendo y obligando a mirar aunque uno no estuviera seguro de querer hacerlo. Tal vez ese fue siempre su verdadero poder. No ofrecía respuestas limpias, sólo reflejos rotos.

Y en el último de ellos, Rue Bennett dejó de narrar una generación perdida para convertirse en su herida más visible.

Spoiler Show #18