A lo largo de los años, Hollywood ha sido testigo de muchas amistades memorables, pero pocas historias reflejan tanto el valor del humor y la lealtad como la de Robin Williams y Christopher Reeve, dos artistas que encontraron en el otro un refugio durante los momentos más importantes de sus vidas.
La relación entre Robin Williams y Christopher Reeve comenzó mucho antes de que ambos se convirtieran en estrellas de Hollywood y que demostró el poder que puede tener una persona cuando aparece en el momento más difícil de la vida de alguien más.

Una amistad que nació en Juilliard
La historia de Robin Williams y Christopher Reeve comenzó en 1973, cuando ambos estudiaban en la prestigiosa escuela de artes Juilliard en Nueva York. Aunque tenían personalidades completamente diferentes, esa diferencia fue precisamente lo que los unió.
Mientras Reeve era más reservado y disciplinado, Williams era conocido por su energía, espontaneidad y capacidad para convertir cualquier momento en una oportunidad para hacer reír.
Robin Williams y Christopher Reeve formaron parte de un programa avanzado dirigido por John Houseman y compartieron piso durante esa etapa. Años después, Williams recordaría con cariño aquellos momentos y bromearía diciendo que Reeve literalmente lo alimentaba durante la universidad, ya que era quien solía ayudarlo cuando no tenía suficiente dinero.
La amistad de Robin Williams y Christopher Reeve continuó creciendo con el paso del tiempo. En 1983, Reeve incluso se convirtió en el padrino de Zachary, el primer hijo de Williams, demostrando que su relación iba mucho más allá de una simple amistad entre compañeros de profesión.

El día que una risa cambió la vida de Christopher Reeve
El momento más recordado de la amistad de Robin Williams y Christopher Reeve ocurrió en 1995, cuando la vida del actor conocido mundialmente por interpretar a Superman cambió para siempre.
El 27 de mayo de 1995 Reeve sufrió un accidente. El actor cayó de su caballo durante una prueba de salto y se fracturó la primera y segunda vértebra cervical. Después de despertar en el hospital el 31 de mayo recibió una noticia devastadora: estaba paralizado del cuello hacia abajo.
Reeve enfrentaba una situación crítica y tenía alrededor de un 50% de probabilidades de sobrevivir. Después de una cirugía para unir su columna con el cráneo, comenzó un largo proceso de recuperación física y emocional.

Robin Williams entró a su habitación disfrazado de médico y comenzó a hablar con un acento ruso. Le dijo que era un proctólogo que estaba ahí para realizarle una revisión.
La situación era completamente absurda, pero funcionó. Después de días de miedo, tristeza e incertidumbre, Christopher Reeve volvió a reír por primera vez desde su accidente.
En su autobiografía Still Me, Reeve recordó ese momento y explicó que reír le permitió sentir algo que no había experimentado desde la caída: esperanza. Para él, esa risa fue una señal de que todavía podía encontrar alegría incluso en medio de una situación que parecía imposible de superar.

Mucho más que una visita al hospital
La historia de Robin Williams y Christopher Reeve no terminó en aquella habitación de hospital. Durante los años siguientes, Williams permaneció cerca de su amigo y lo apoyó en su nueva vida.
Aunque en varias ocasiones se afirmó que Robin Williams había pagado las enormes facturas médicas de Reeve después del accidente, el actor negó esa versión. Sin embargo, sí reconoció que ayudó a conseguir una camioneta adaptada y un generador para facilitar la vida diaria de Christopher.
Además, Williams viajó a Puerto Rico para participar en una recaudación de fondos de la American Paralysis Association y posteriormente se convirtió en miembro de la junta directiva de la fundación creada por Reeve para apoyar la investigación sobre lesiones de médula espinal.
La amistad de Robin Williams y Christopher Reeve fue una muestra de que el verdadero apoyo no siempre aparece en los momentos fáciles, sino cuando una persona necesita recordar que todavía hay motivos para seguir adelante.

El legado de dos amigos
Christopher Reeve falleció el 10 de octubre de 2004 después de sufrir un infarto mientras era tratado por una herida por presión infectada. Diez años después, el 11 de agosto de 2014, Robin Williams también murió. Tras su fallecimiento se reveló que padecía párkinson y demencia por cuerpos de Lewy, además de haber enfrentado depresión y ansiedad durante sus últimos años.
A pesar de sus despedidas, la historia de Robin Williams y Christopher Reeve permanece como una de las más humanas de Hollywood. Sus carreras estuvieron llenas de personajes inolvidables, pero el momento que mejor definió a Williams no ocurrió frente a una cámara.
Porque más allá de las películas, los premios y los reconocimientos, Robin Williams dejó un legado construido sobre algo mucho más sencillo: hacer reír a las personas y recordarles que nunca estaban solas a través de la comedia.
