Estoy aburrido y triste, pero más que nada aburrido. The Girlfriend Experience fue una de las mejores cosas que vi en 2016 y ahora es todo horrible. Los guionistas de la serie perdieron el rumbo y al querer innovar con una forma de relato completamente nueva, destruyeron todo. No sólo porque no era el necesario el cambio, sino que las dos historias y el ritmo de la segunda temporada hacen agua por todos lados.
Lo más interesante de la serie es todo lo que tiene que ver con Erica y su manejo en el mundo de la política, pero eso está muy de fondo, así que los cinco minutos por episodios hay que disfrutarlos a pleno. La historia de amor entre ella y Anna también estaba siendo muy entretenida, pero decidieron llevarlo a un extremo innecesario para agregar un poco más de drama. Todos la vimos a Erica con su ex y entendimos por qué era de la manera que es así que imaginamos que la relación con Anita no iba a durar mucho. Ah, y a esto hay que sumarle que la novia actual es una de esas personas que se enamora y quedan embarazadas sin pensarlo dos veces.
Estamos muy cansados del cliché de ex enojada y demente que hace cosas que sólo la humillan a ella porque a la otra persona le rebota. Estamos cansados del cliché del embarazo y de la venganza porque “me rompieron el corazón”. Pero lo peor de todo es que después de lo que hicieron en la primera temporada, si algo no me esperaba, es que sea tan desastroso el segundo año. La serie es sobre mujeres que trabajan de acompañantes y tienen que vivir con eso, pero en el debut era inteligente, usaba los 30 minutos para generar asfixia y complementaba los dos mundos de manera espectacular. ¿Este año? Una consecuente de cosas obvias.


