Las primeras demostraciones cinematográficas se hacían a muy poca gente en salas pequeñas donde se ponían algunas sillas y se improvisaba una pantalla, pero ni el público ni los propios creadores podían imaginarse que esto se convertiría en una de las formas más importantes de entretenimiento y una que sigue encontrando formas de reconstruirse.
Durante los primeros años, las películas se mostraban en ferias ambulantes o en teatros como parte de un espectáculo, no se parecían en nada a las salas de cine de ahora, eran tiendas de campaña con sillas de madera y una especie de tela que hacía de pantalla. ¿Cómo llegamos a los cines de hoy y cómo fue que el streaming apuró la evolución de su infraestructura?
Cuando el cine ya se había convertido en un fenómeno popular, empezaron a crearse las primeras salas especializadas y fueron llamadas nickelodeon (si, el canal de televisión se inspiró en esto), tenían espacio para menos de 200 personas, abajo de la pantalla se colocaba el piano (ya que las películas eran mudas y necesitaban de acompañamiento musical) y los explicadores estaban al lado o detrás de la pantalla y su función era traducir lo que pasaba en la cinta.
A medida que fueron creciendo en popularidad, empezaron a necesitarse cines más grandes y mejor acondicionados. El cine como arte se transformó en un espacio cultural y, si viajamos varias décadas al futuro, vemos el lanzamiento del cine IMAX, una pantalla de alta resolución con un formato de película de setenta mm; el cine 3D, que nos otorgaba una visión tridimensional con gafas polarizadas; y el autocine, pantallas gigantes ubicadas en espacios públicos donde se podía ver el film desde cualquier vehículo.
No obstante, hoy podemos pagar para vivir una experiencia 4D donde nuestros asientos se mueven y todo el lugar trata de asimilar el ambiente que vemos en el largometraje. Tenemos proyecciones en 4K con sonido Dolby Atmos, pantallas de 18 metros, altavoces parabólicos, entre otras cosas.
¿Cómo llegamos a esto? Pues en primera instancia debemos apuntar a la evolución de la tecnología, pero en los últimos años también podemos agregar al ascenso de los servicios de transmisión. Es decir, de alguna manera los cines deben competir contra la comodidad del hogar y la posibilidad de ver las mejores películas en cualquier horario, en cualquier momento y en cualquier dispositivo.
Netflix se lanzó como servicio de transmisión hace poco más de una década y fue en esa época en la que se comenzaron a implementar las salas 4D. El ritual sagrado del cine no alcanzaba para seguir atrayendo al público, así que empezaron a hacer más cómodos sus asientos para desafiar la comodidad del hogar, las opciones de snacks se agrandaron para rivalizar contra la heladera de nuestras casas, las pantallas mejoraron su calidad y también se hicieron cada vez más grandes para competir contra la posibilidad de ver producciones en cualquier dispositivo.
En la actualidad tenemos cientos de complejos con una tecnología vanguardista donde gracias a los efectos especiales de agua, niebla, luz, olores y los movimientos de las butacas, estimulan los cinco sentidos de los espectadores, pero ¿qué nos depara el futuro en cuanto a la infraestructura y la tecnología que rodeará las salas de cine?
En un artículo anterior se dijo que el cine posiblemente ya haya perdido la batalla contra el streaming, pero esto no quiere decir que no pueda seguir evolucionando para no caer en decadencia. El avance de la realidad virtual, las películas interactivas y el metaverse quizás se conecte más temprano que tarde con nuestras amadas salas de cine para ofrecer una experiencia superior donde podemos convertirnos en personajes de la película que estamos viendo. A esta altura esto no suena tan loco, ¿no?
Como se marcó anteriormente en otro artículo, la victoria de CODA en los Oscars puede ser un momento bisagra para la industria del entretenimiento y los cines más que nunca necesitan recurrir su conexión con la tecnología para no quedarse tan atrás en este nuevo panorama audiovisual.