Orson Welles es considerado uno de los directores más inteligentes e influyentes en la historia del cine. Convertido en un niño prodigio y responsable de El ciudadano Kane (1941), una película que ha sido señalada como una de las mejores de todos los tiempos, su vida terminó envuelta en un mito casi imposible de separar de su obra. Sin embargo, Me amarán cuando esté muerto no busca repetir los logros ni reconstruir toda la carrera del director.
A través de imágenes de archivo, entrevistas y el complicado proceso detrás de su última película, Me amarán cuando esté muerto se enfoca en una etapa mucho más íntima y caótica de su vida. Welles estaba obsesionado con terminar Al otro lado del viento (2018), escondiéndose detrás de máscaras y tratando de escapar constantemente de la imagen que Hollywood construyó sobre él.
Desde el inicio, Me amarán cuando esté muerto deja clara una idea que atraviesa todo el documental: “Nuestra visión de la vida de alguien y su verdadera vida, no suelen ser iguales”. La frase resume perfectamente la manera en la que el documental aborda a Welles.
Durante décadas, Hollywood lo convirtió en una figura gigantesca, aunque el propio Orson Welles llegó a sentirse traicionado por la industria que alguna vez lo celebró. Me amarán cuando esté muerto enseña a un director envejecido, sin financiamiento y tratando de hacer una película que parecía imposible de concluir.

¿Por qué Al otro lado del viento era tan importante para Orson Welles?
Aunque Me amarán cuando esté muerto está construido alrededor de Al otro lado del viento, el documental no se enfoca realmente en explicar la película como tal, lo importante es lo que representaba para Welles.
Durante años grabó escenas con su propio dinero, evitando estudios y utilizando recursos improvisados. Incluso se cuenta que entraba a estudios abandonados de Hollywood utilizando nombres falsos y diciendo que filmaba una crítica a la industria.
Me amarán cuando esté muerto muestra cómo la película terminó convirtiéndose en algo más grande que una producción. Era una obsesión. Una obra fragmentada que parecía crecer al mismo tiempo que crecían los problemas financieros, los retrasos y el desgaste emocional de Welles y sus colaboradores.
Dentro del documental, la película es descrita como “dos películas en una”. Por un lado, está la historia filmada por un supuesto equipo documental que sigue el último día de vida de un director. Por otro, la película experimental hecha por ese mismo director ficticio. Esa estructura dividida termina funcionando también como un reflejo de Welles: el personaje público y el hombre real escondido detrás de él.

¿Por qué Orson Welles rechazaba la idea de que la película fuera autobiográfica?
Uno de los aspectos más interesantes de Me amarán cuando esté muerto es cómo se presenta la incomodidad de Welles frente a quienes intentaban analizarlo. Muchas personas creían que Al otro lado del viento era autobiográfica, pero él siempre lo negó. Según el documental, no quería ser interpretado a través de sus películas.
Esa necesidad de esconderse aparece constantemente en Me amarán cuando esté muerto. En el documental se menciona que Welles pasó gran parte de su vida ocultándose detrás de una máscara, una idea que adquiere todavía más fuerza cuando se conecta con otra confesión del director: “En la mayoría de mis películas me pongo una nariz falsa, suele ser la más grande que encuentro”.

Para Welles, las máscaras no solo eran parte del maquillaje, también eran una forma de construir distancia entre él y el público. En Me amarán cuando esté muerto, incluso explica que Al otro lado del viento estaba “completamente enmascarada” porque la película dentro de la película imitaba un tipo de cine que él jamás habría hecho realmente.
“Era fantástico hacerla, porque tenía la libertad y el placer de hacer una película que no fuera de Orson Welles”, explica en el documental. La frase deja la sensación de que pasó gran parte de su carrera intentando escapar del peso que implicaba ser Orson Welles.

¿Qué revela Me amarán cuando esté muerto sobre la manera en la que Welles veía el cine?
Más allá del caos de producción y las historias sobre Hollywood, Me amarán cuando esté muerto también funciona como una reflexión sobre el cine mismo. Welles describe su visión de dirigir de una manera muy distinta a la imagen clásica del director perfeccionista, y él era un perfeccionista.
“Las mejores escenas suceden de forma accidental. Acepten esos accidentes”, dice en el documental. Después añade: “Mi definición de un director de cine es quien preside sobre esos accidentes”.
La idea funciona porque todo alrededor de Al otro lado del viento parece accidental. Escenas grabadas durante años, material disperso, problemas económicos y una película que parecía condenada a quedar incompleta. Sin embargo, Me amarán cuando esté muerto presenta ese caos como parte de la identidad artística de Welles.
El documental también deja ver el enorme peso que tuvo Citizen Kane sobre él. “Es la maldición de mi vida”, afirma Welles al hablar de cómo todas sus películas terminaban siendo comparadas con la que llaman la gran película estadounidense.

¿Por qué Me amarán cuando esté muerto resulta tan íntimo?
Conforme avanza, Me amarán cuando esté muerto deja de sentirse únicamente como un documental sobre cine. Poco a poco se convierte en una reflexión sobre la vejez, la soledad y el miedo a cerrar ciclos, ideas que el documental mismo relaciona directamente con todo lo que implicó Al otro lado del viento.
Cuando le preguntan si disfruta terminar una película, Welles responde: “No. Siempre crees que puedes hacerla mejor”. Después añade una frase devastadora: “Detesto todo tipo de despedida. Y cada vez que se apagan las luces es como una muerte, un adiós”.
Ahí es donde Me amarán cuando esté muerto encuentra su lado más humano. Más allá del mito y del director legendario, el documental muestra a un hombre incapaz de separarse de sus obras porque hacerlo significaba aceptar el final.
Quizá por eso una de las frases más recordadas asociadas a Welles termina encajando perfectamente con el tono del documental. Según Henry Jaglom, durante la realización de Someone to Love (1987), Orson dijo: “Venimos solos a este mundo. Morimos solos. Vivimos solos. El amor y la amistad es lo más cercano que podemos encontrar para crearnos la ilusión de que no estamos solos”.

Al final, Me amarán cuando esté muerto termina sintiéndose como un documental sobre una película, sí, pero también como una reflexión sobre la imposibilidad de cerrar una obra y de poner ese adiós que a Orson Welles siempre pareció costarle.
Orson Welles habla del cine como algo que nunca puede terminarse por completo, al menos desde su perspectiva, porque siempre permanece la sensación de que puedes hacerlo mejor. Quizá por eso Al otro lado del viento pasó tantos años creciendo entre grabaciones incompletas, problemas financieros y material disperso. Más que una producción, parecía convertirse en una obsesión imposible de soltar.

Al mismo tiempo, Me amarán cuando esté muerto deja la sensación de que Welles nunca dejó de esconderse detrás de máscaras. No solo las máscaras físicas de sus personajes, también las versiones de sí mismo que proyectaba a través de sus películas. Incluso Al otro lado del viento parece construida alrededor de esa idea: un director observando a otro director mientras todos intentan descubrir quién es realmente.
Y entonces aparece la pregunta que atraviesa silenciosamente todo el documental: ¿qué tanto había en esa película sobre el propio Welles, aunque él insistiera en negarlo? ¿Era una forma de hablar sobre sí mismo sin hacerlo directamente? O quizá el cine era el único lugar donde podía seguir existiendo sin necesidad de explicarse por completo.
A través de Orson Welles y del caótico proceso detrás de Al otro lado del viento, el documental retrata a un director atrapado entre su propia obra, el peso de su mito y la necesidad de seguir creando. Por eso, tanto el documental como su vida resultan fascinantes. Porque detrás del mito, de las contradicciones y de todas las máscaras, todavía parece existir alguien imposible de descifrar.
