Todos tenemos secretos que guardamos de los demás y está claro que, en el último episodio de Ballers, las actividades empiezan a conocerse…
There’s no Place Like Home, Baby

Casi todo revoluciona, -previsiblemente- alrededor de Spencer Strasmore y el sandwich de bosta que ha entregado al mundo con su guerra contra la NCAA. De todas formas, se dan situaciones que vale la pena rescatar.
El futuro de SportsX:

Joe hace varios episodios viene luchándola, con la pronta ayuda de Reggie, para que SportsX sobreviva y comience a andar.
Su experiencia con los Illegal Civ ha sido más que positiva. Tanto que Nike ha resuelto el desarrollo de calzado para skaters punk (entendemos lo contradictorio de la situación).
Cuando la NFL lo llama porque Spencer no les responde, se entera de que su socio inició una demanda judicial contra la organización colegial, a la que -al parecer- la profesional va a sumarse en defensa de sus intereses.
Krutel lo espera en el estacionamiento a Strasmore y lo increpa, ¿Resultado? Es apartado violentamente a un costado, como si fuera una pluma.
Desde ahí -y luego de ver una entrevista- se da cuenta de la necesidad de apoyar al gigantón y va a encarar solo a los hermanos Anderson. Les muestra como la pelea de Spencer se ha convertido en viral y ellos deciden tomar partido por su empleado.
Ricky y el uso de sustancias de mejoramiento deportivo:

Habíamos sido testigo cuando Jerret se inyectaba un mejorador de rendimiento en la nalga al finalizar el capítulo 8.
Bueno, sin rodeo alguno, la familia lo está esperando para pedirle explicaciones e intentar hacerlo razonar, no solo por su futuro propio (en caso de ser descubierto), sino el de Greane, quien se jugó la cabeza para contratarlo.
La reacción del jugador es completamente a la defensiva, pero al llegar a la oficina de Chuck para la firma del contrato retiene la suscripción y le confiesa todo, aún cuando el GM de los Rams le rogaba que no lo hiciera (por un tema de responsabilidades). Greane lo insulta y lo obliga a firmar, aclarándole que si lo descubren, lo echa y que no espere la posibilidad de darle explicaciones. Ricky firma, pero al asistir a la presentación del jugador estrella se choca con que no es él, sino Kisan Teague. Se va de la conferencia, un poco herido.
Spencer y la guerra:

Se hace notoriamente público su enfrentamiento con la NCAA porque, bueno, los demanda judicialmente. La organización lo contrademanda y a los Anderson, por actividad contraria a la reglamentación (contactar a Quincy Carter – o Crawford por madre). A Strasmore le da lo mismo, él está decidido a pelear en nombre de su hermano y de todos los que cayeron en el camino, no ceja en su actitud si la NCAA no comienza a pagarle a los jugadores.
Su aparición en TV es estelar y comienza a granjearse el apoyo del público, que lo viraliza con el hashtag #StrasmorevNCAA (Quincy es uno de los que lo ve).
Vuelve a SportsX, solamente para recoger sus cosas e irse, Joe intenta convencerlo de que lo apoya y que los hermanos Anderson están con él. Pero quiere cumplir su promesa de evitar que la metralla de la bomba dañe a quienes le dieron la confianza. Renuncia, pues.
Pero es aquí donde ocurre la sorpresa, Quincy hace en directo su elección universitaria (algo llamado “día de firma”) y se va a USC, donde Spencer lo quería, contradiciendo el apriete que los de Ohio State le metieran y -mirando a cámara- se acaricia la nariz. Esa es la señal, la que hacen Paul Newman y Robert Redford en “El Golpe”, cuando dan comienzo a la estafa (Carter es un fanático del cine).
Durante los títulos:

Al caer los créditos finales vemos a Joe entrar a una fiesta donde bailan mujeres desnudas. Obviamente, sabemos que es la casa de Lance Klians.
Krutel se siente con el inglés a hablar y ofrecerle volver a SportsX, ya que no estará más Strasmore. Ambos tienen la expectativa de abusar de sustancias químicas, por lo que puede ser otra punta para la historia… Barajar y dar de nuevo.
Último episodio:

Claramente, no sabemos si se resolverán todos los temas de Spencer para esta temporada o si nos dejaron con un cliff-hanger hasta la próxima. El inconveniente, es que es mucho tiempo muerto como para que en agosto del año que viene hagan una elipsis. También será llamativo si la resolución en la ficción se aparta de la realidad, donde a los jugadores universitarios le pagan u$s 900 por mes. Claro es que el hype pueda llevar a cambios de este lado de la pantalla, el gato está fuera de la caja y no puede evitarse.