Una productora que está harta de la inclusión de aparador, un actor que interpretó al Chapo sin un solo grito y un compositor que vomitó de nervios antes de dirigir su primera orquesta. Así de variada estuvo la mesa en el programa número 28 de Spoiler Show con Rana Fonk, donde la plática sobre cine y televisión mexicana se fue por caminos que pocas veces salen en las entrevistas de alfombra roja.
Eréndira Ibarra, Héctor Kotsifakis y Víctor Hernández llegaron con historias de set, anécdotas con nombres pesados como las Wachowski o Iñárritu, y una idea en común: hacer las cosas distinto a como siempre se han hecho. Aquí te contamos lo mejor de cada uno.
Eréndira Ibarra
Eréndira Ibarra ya no se conforma con actuar. Su paso a la producción ejecutiva tiene una razón política que fue armando durante años: le cansa la inclusión que solo se ve en pantalla. Por eso fundó Anónima con su hermana Natasha Ibarra y la cineasta Bárbara Redondo. La meta de la productora es muy concreta: que mujeres y grupos históricamente marginados ocupen puestos técnicos y creativos en los rodajes, no solo papeles frente al lente.
El primer resultado visible es Detrás del telón, serie que hizo con Contra el Viento Films y Canal 11, que dirige Renata. La historia transcurre en una escuela de teatro, y el lugar no es casual. Para un actor, sus propias heridas son la materia prima, y la serie usa eso para hablar de cómo se quiebran emocionalmente los jóvenes de hoy. Lo más interesante llega al final de cada capítulo, con una “caja de herramientas” que manda a la audiencia a atención psicológica gratuita en momentos de crisis. Está pensada sobre todo para la comunidad LGBTQ+, a través de la plataforma Free to Be, e incluye asesoría legal sobre violencia digital (Ley Olimpia) y recursos para prevenir el suicidio.
Para Ibarra, si el cambio no toca la estructura, se queda en pose:
“Creo profundamente que la inclusión delante de cámaras es mucho más sencilla y tiende a ser bastante performativa… pero cuando la inclusión es detrás de cámaras carga con un peso estructural que realmente genera cambios en los contenidos que podemos lograr a crear.”
Tampoco esconde de dónde viene:
“Nosotros tenemos muy claro nuestro privilegio de haber nacido y crecido dentro de esta industria… es utilizar esos espacios como de privilegio para generar espacios para personas que no crecieron en esta industria pero que se apasionaron viendo una película.”
Parte de esa forma de trabajar la aprendió en Sense8, con Lana y Lilly Wachowski. En ese set vio que armar equipos diversos y accesibles para personas con discapacidad se puede hacer, y sin tanto drama. ¿Qué sigue? Detrás del telón es la primera de una trilogía para la televisión pública. La segunda se llamará Justicia y en la tercera Ibarra vuelve a ponerse frente a la cámara como protagonista.
Héctor Kotsifakis
En la tele mexicana, el capo suele ser un monstruo que grita, golpea la mesa y amenaza a todo el que se le cruza. Héctor Kotsifakis va justo por el lado contrario. Sus villanos se contienen, se contradicen y mandan negociando o intimidando sin alzar la voz.
Sus dos trabajos más recientes lo dejan clarísimo. Ganó el Ariel por Don Fulgor en Pedro Páramo, un papel que le exigió siete horas diarias de caracterización para darle cuerpo a la prosa de Juan Rulfo. Luego vino algo muy distinto: Joaquín “El Chapo” Guzmán en La captura. En la prueba con el director Chava Cartas y el actor Poncho Herrera, Kotsifakis no hizo un solo gesto violento. Su Chapo era educado, empático y hablaba despacio.
Cartas se lo dijo así, sin rodeos, después del callback:
“Fuiste creo que el único que no puso cara de cabrón que no quiso intimidar gritando… a mí de entrada su forma de hablar me dio la impresión de ser un tipo buena onda como empático. El que realmente tiene poder no tiene que levantar la voz.”
Para afinar al personaje, su mánager llevó al estudio al profesor de teatro del penal de máxima seguridad del Altiplano. Ahí platicó con Cartas, el productor Fran y los actores, y les pintó a un líder que se mueve entre los afectos y la manipulación psicológica. Eso le sirvió para la escena central de la película, donde el personaje tiene que seguir siendo el jefe aunque esté esposado y en calzones.
“El reto más complicado para este personaje para mí en este cuento era cómo lograr mantener el estatus del personaje, el poder, estando en la peor desventaja visual y física.”
Hoy Kotsifakis es jurado en Shorts México y ya trae ganas de dirigir. Su plan es codirigir un proyecto con Poncho Herrera.
Víctor Hernández
Víctor Hernández tiene una obsesión: que el cine mexicano deje de sonar como copia de Hollywood. Nada de fórmulas orquestales que uno adivina desde el primer acorde. Lo suyo es música con raíz, que platique con lo que pasa en pantalla.
En La captura le tocó musicalizar una historia de acción en Sinaloa y, en vez de irse por lo seguro, desarmó el folclor norteño. Usó tuba, trompetas y charcheta, y grabó sesiones de improvisación guiada con músicos de la región que tocan de oído y no leen partituras. Quedó un sonido áspero, tenso, que raspa. Nada que ver con Mal de Amores, la miniserie ambientada en 1910, para la que escribió piezas inspiradas en la música de salón afrancesada del porfiriato: piano, mazurcas, valses y cuerdas para recrear el ambiente de los años previos a la Revolución.
Su regla número uno es dejar respirar las escenas:
“El silencio es un gran aliado. Si saturamos de música de sonido etcétera de repente ya se vuelve como ruido. El contraste entre el silencio y la entrada de la música es donde realmente hay una razón de ser.”
Y cuando explica cómo compone, suena casi a juego:
“Para mí componer es algo así como una improvisación: hay que jugar y hay que jugar con las imágenes, con los diálogos y eventualmente organizar esa improvisación.”
Hernández trabaja como one-man band. Prefiere grabar sus instrumentos a solas en el estudio y le saca la vuelta a dirigir orquestas en vivo, porque le estresa demasiado. Entre risas contó que antes de dirigir su primera partitura, para Aquí entre nos, los nervios le ganaron y terminó vomitando. También se acordó de sus inicios en Birdman: tocaba el piano en vivo mientras Alejandro González Iñárritu, parado frente a él, le marcaba el ritmo de cada escena con las manos. ¿Y la inteligencia artificial? Su apuesta es que va a obligar a los compositores de carne y hueso a subir el nivel.
Si algo dejó el programa 28 de Spoiler Show con Rana Fonk es que lo más interesante de una producción casi nunca se ve en pantalla. Está en quién se sienta detrás de la cámara, en cómo se construye un villano que da miedo precisamente porque no grita, o en el silencio que alguien decidió dejar antes de que entre la música.
Ibarra ya tiene dos series más en camino, Kotsifakis quiere dirigir y Hernández sigue grabando solo en su estudio, lejos de las batutas. Les vamos a seguir la pista, porque ninguno de los tres parece tener prisa por hacer lo que se espera de ellos.
