En el programa número 19 de Spoiler Show con Rana Fonk, Erik Hayser, Erick Elías y la comunicadora Riva compartieron reflexiones sobre sus trayectorias, los retos de la industria audiovisual y las transformaciones personales que han marcado sus carreras.
Desde la búsqueda de autenticidad actoral y los nuevos formatos narrativos impulsados por las plataformas digitales, hasta el arte de conectar con las audiencias desde los medios de comunicación, la conversación ofreció una mirada íntima a tres profesionales que, desde distintos frentes, entienden el entretenimiento como una herramienta para explorar la condición humana y construir puentes con el público.
Erik Hayser
Erik Hayser ha dejado de ser aquel actor que simplemente cumple con un guion para convertirse en un intérprete que busca resonancia humana en cada gesto. Su transición de roles secundarios a figuras protagónicas no ha sido solo una cuestión de tiempo en pantalla, sino de una madurez que ha redefinido su aproximación al oficio. Hoy, Hayser no llega al set con la armadura de la técnica, sino con una serenidad ontológica frente a la cámara, entendiendo que la actuación es, ante todo, un acto de presencia y vulnerabilidad.
La paternidad ha sido el catalizador de un cambio radical de 180 grados en su vida. Para Hayser, la llegada de su hijo Liam no solo reordenó sus prioridades domésticas, sino que alteró su brújula profesional. El éxito ya no se mide en la frialdad de las métricas de redes sociales, sino en la capacidad de apreciar la magia de las cosas simples. Como él mismo confiesa en una de las reflexiones más íntimas de la charla: “Me siento en el mejor momento de mi vida”, una declaración que trasciende lo profesional.
Su experiencia en Santita: Pecados inconfesables, bajo la dirección de Rodrigo García y la producción de Gerardo Gatica, representa la culminación de esta búsqueda de verdad. Hayser describe este rodaje como su “Dream Team”, un espacio donde la técnica se puso al servicio de una “radiografía humana” profunda. Al trabajar con García, Hayser no solo recibió instrucciones escénicas, sino lecciones de sabiduría sobre la importancia de no predisponerse antes de llegar al set, permitiendo que el entorno y el vestuario informen la emoción.
“Rodrigo tiene como una sabiduría para mí muy particular tiene esta capacidad de de hacer como una radiografía de los seres humanos”, comenta sobre el director. Esta capacidad de ver a través de las máscaras sociales permitió a Hayser explorar nuevas masculinidades. En lugar de construir un personaje basado en certezas, el actor decidió inyectar sus propias dudas e inseguridades en el papel del doctor que se enamora de Santita, explorando el miedo a perderse a uno mismo en el objeto de la amada.
Esta honestidad creativa también se manifestó en su colaboración con figuras de la talla de Gael García Bernal y Diego Luna. Para Hayser, ellos son pioneros que han abierto brechas para el talento latinoamericano desde la coherencia más absoluta. Trabajar con ellos fue un ejercicio de reconocimiento mutuo, donde las charlas sobre la paternidad y la dificultad de estar lejos de los hijos humanizaron la figura del “artista global”, recordándoles que antes que estrellas, son padres que luchan por estar presentes.
Sin embargo, el camino hacia la verdad actoral a veces requiere transitar por la oscuridad más densa. En Pecados Inconfesables, Hayser asumió el reto de interpretar a un villano “monstruoso” en un periodo donde se sentía emocionalmente vulnerable. A pesar de haber rechazado el papel inicialmente por temor a “jugar con fuego” durante un momento de depresión, su decisión de enfrentarlo resultó catártica. Este rol le dejó huellas físicas que aún atesora con orgullo profesional como recordatorios de la entrega total.
Un detalle que revela la intensidad de su compromiso es una cicatriz real en su frente, producto de un golpe accidental con un revólver durante una escena de pelea con el personaje “Magic”. Para Hayser, estas marcas son medallas de guerra de una profesión que ama. “Este es el Dream Team con el que me animo a contar cualquier historia”, afirma, dejando claro que cuando existe confianza mutua entre director y elenco, el actor puede descender a los infiernos del personaje y regresar ileso a su realidad.
En la dinámica “¿Quién es mejor?”, Hayser reveló su arquitectura mental. Su elección de Martin Scorsese sobre Spielberg o Tarantino no es gratuita; para él, ver una cinta de Scorsese es una clase magistral de cine que se reinventa. Lo mismo ocurre con su devoción por Roger Federer; para Hayser, el tenista suizo representa la majestuosidad y la disciplina absoluta, valores que intenta replicar en su carrera. Incluso al elegir a Cristiano Ronaldo, destaca su capacidad de trabajo sobre el talento innato, una filosofía que define su propio camino.

Erick Elias
La llegada de Entre padre e hijo a Netflix marca un punto de inflexión en la manera en que entendemos la ficción serializada. Con episodios de apenas siete minutos, la serie es una respuesta directa al algoritmo de la inmediatez y a la fragmentación de la narrativa clásica impuesta por plataformas como TikTok. Erick Elias, un actor consolidado, decidió apostar por este formato corto, desafiando los prejuicios de colegas que tildaban estas producciones de “chafas” o limitadas por su brevedad.
Para Elias, el riesgo profesional no reside en la duración del metraje, sino en la capacidad de retener al espectador en una economía de la atención cada vez más voraz. Apostar por la brevedad requiere una técnica actoral distinta: el “rush” de un thriller que debe resolverse en minutos omite el desarrollo pausado de personajes típico de la telenovela tradicional. Aquí, cada segundo debe comunicar una intención, una sospecha o una verdad oculta, transformando la actuación en un ejercicio de precisión quirúrgica.
Elias no es ajeno a la experimentación técnica y los “limbos digitales”. Su experiencia previa filmando en sets virtuales de 360 grados en Argentina para la película Cuando duerme conmigo, junto a Ana Claudia Talancón, lo preparó para los retos del futuro. Filmar dentro de una estructura virtual, similar a la utilizada en The Mandalorian, le impuso limitaciones físicas —como no poder acercarse a la pantalla— que terminaron potenciando su interpretación a través de la restricción, obligándolo a buscar la verdad en un espacio artificial.
A pesar de estos avances tecnológicos y cambios de formato, Elias mantiene una postura firme sobre sus raíces culturales: el melodrama. Para él, es un error que los actores latinoamericanos rechacen el género que les dio identidad global. “Hay que abrazarlo el melodrama… los mexicanos somos expertos en hacer melodrama”, sostiene con orgullo. Su visión sugiere que el éxito de las producciones mexicanas no se debe a la imitación de modelos extranjeros, sino a la maestría con la que se manejan las emociones.
Elias encuentra su equilibrio fuera del guion a través del arte objeto y la pintura abstracta. Bajo el pseudónimo “Es Kire Sile” (su nombre al revés), el actor se libera de la estructura rígida de las líneas memorizadas. Pintar es su válvula de escape, un espacio donde no tiene que cumplir con la visión de un director. Aunque su desorganización crónica le ha impedido realizar la exposición que planea hace años, su faceta de artista plástico informa la sensibilidad con la que aborda sus personajes.
La vulnerabilidad de Elias también se manifiesta en sus placeres más mundanos. Al ser cuestionado sobre qué haría en sus últimas 24 horas de vida, su respuesta desarmó cualquier pretensión de divismo: se iría a un McDonald’s con su esposa y sus hijas. Detalló incluso su orden ideal: pan, carne, nuggets y papas. Esta sencillez subraya que, detrás del protagonista de éxitos globales como Accidente o 100 días para enamorarnos, reside un hombre que encuentra el epítome de la felicidad en la cotidianidad familiar.

Riva
En el ecosistema de la cultura pop actual, la figura del curador es más valiosa que nunca, y Riva se ha posicionado como una experta en tender puentes de conexión humana. Su trayectoria, que comenzó en la radio colombiana y se consolidó en la vibrante escena mexicana con El Brunch en Los 40, es un testimonio de la evolución del medio. Riva entiende que, en un mundo hiperconectado, lo que realmente busca el público no es solo información, sino compañía, honestidad y un criterio refinado.
Su transición entre la industria radial de Colombia y México le permitió notar contrastes fundamentales. Mientras que en Colombia la radio musical exige una rapidez absoluta —donde ella se sentía un “godín de la música” operando la consola y pegándole al intro—, en México encontró la “libertad de mesa”. Esta soltura le permite saborear la información y generar una interacción anecdótica con el oyente. “La radio es algo hermoso… el mejor medio para transmitir compañía”, afirma Riva, subrayando el valor emocional de la frecuencia.
Riva ha desarrollado una guía táctica para la comunicación efectiva en el difícil arte de la entrevista. Su metodología distingue claramente entre el junket de cinco minutos —donde una frase rompehielo bien ejecutada es vital para desarmar la guardia del entrevistado— y las charlas largas. En estas últimas, su objetivo es preparar una atmósfera de seguridad que permita tocar fibras personales, utilizando la investigación no como un gesto de ego, sino como una señal de profundo respeto hacia la trayectoria del invitado.
Como host de alfombras rojas, su filosofía se basa en no perder nunca el “corazón de fan”. Riva sostiene que, aunque el profesionalismo es innegociable, conectar con la audiencia que espera bajo el sol es lo que realmente da vida a estos eventos. Para ella, el comunicador debe ser un espejo del entusiasmo del público, legitimando la emoción de quienes ven en el artista una fuente de inspiración. Esta actitud la ha llevado a cubrir hitos culturales como Coachella y Lollapalooza con una mirada vibrante.
Su labor como curadora se extiende a sus recomendaciones de contenido, que siempre buscan la excelencia visual y narrativa. Riva destaca la película Betterman como la biografía musical definitiva, alabando cómo la cinta de Robbie Williams utiliza la animación para ilustrar la lucha contra el ego. Asimismo, recomienda la sátira The Studio, de Seth Rogen, como una pieza necesaria para entender los hilos absurdos y brillantes que mueven a los distribuidores y creadores en el Hollywood contemporáneo.

Las historias compartidas por Erik Hayser, Erick Elías y Riva revelan que, más allá de los reflectores, el éxito profesional suele estar ligado a la capacidad de reinventarse, asumir riesgos y mantenerse conectado con aquello que da sentido a la vida. Ya sea explorando nuevas formas de actuación, apostando por formatos narrativos innovadores o construyendo conversaciones que generen cercanía con las audiencias, los tres coinciden en una misma idea: la autenticidad sigue siendo el valor más importante en una industria en constante transformación.
Sus experiencias demuestran que la evolución artística no depende únicamente del talento o la técnica, sino también de la curiosidad, la vulnerabilidad y la disposición para seguir aprendiendo, elementos que continúan definiendo el presente y el futuro del entretenimiento.
