Review: El laberinto de la mente y cómo Backrooms de Kane Parsons desafía las fórmulas de A24

Todo comenzó con una fotografía. Una imagen analógica, de paredes amarillentas, alfombras húmedas y luces fluorescentes zumbando en el vacío. Ese no-lugar desató un fenómeno masivo en redes sociales cimentado en los espacios liminales—lugares amplios que se ocupan para pasar de un lado a otro, pero que están vacíos y que no dejan de ser habituales, pero son raros e incómodos—, demostrando que el terror contemporáneo ya no necesita de gárgolas ni dimensiones góticas; solo necesita la inquietante ausencia de vida.

De ese caldo de cultivo digital surgió Kane Parsons, un creador que con apenas 17 años revolucionó YouTube mediante una serie web en formato found footage que redefinió el horror analógico. Su propuesta fue tan disruptiva que los ejecutivos de A24 no tardaron en llamar a su puerta. Sin embargo, el verdadero hito no fue el interés del estudio, sino la audacia del adolescente: Parsons puso como condición innegociable tener el control creativo total de su obra. Así, con un presupuesto de 10 millones de dólares, el joven director saltó de la comodidad hipercontrolada de su habitación a la gigantesca e implacable maquinaria de Hollywood, un entorno industrial que fácilmente pudo haber devorado su identidad estética, pero que aquí sirve como un megáfono para su visión.

Parsons no es un caso aislado, sino la consolidación de un cambio de paradigma. Es imposible no trazar un paralelismo con los hermanos Philippou (Talk to Me), otro ejemplo reciente del poder de los creadores de contenido digital asaltando la industria cinematográfica con una frescura que las escuelas de cine tradicionales a veces no logran inyectar.

Conspiración web y la arquitectura del trauma

A diferencia del formato episódico de internet, el largometraje de Backrooms funciona como una brillante extensión de las retóricas de conspiración de la web, validándolas a través de una producción formal, pero sin perder la crudeza del material de origen. El gran acierto de la película es que no se apoya en el susto fácil, sino en la construcción de personajes tridimensionales rotos.

La película opera como una densa metáfora de la psicología humana y el aislamiento:

Clark (Chiwetel Ejiofor): Es el reflejo del ensimismamiento complejo y asfixiante que la depresión puede provocar. Su viaje a través de los niveles de los Backrooms es, en realidad, el descenso a su propio pozo mental.

Mary (Renate Reinsve): A pesar de su rol como terapeuta de Clark, Mary carga con sus propios demonios.

Para ambos, este laberinto de pasillos interminables funciona como un espejo de sus mentes fragmentadas por el abuso, el olvido y la enfermedad mental. No estamos ante un terror ontológico poblado por monstruos tradicionales o demonios; el verdadero peligro es la mente jugando con las carencias, las culpas y las soledades de los personajes. El espacio vacío se llena con lo que ellos intentan huir.

La frescura frente a la fórmula

A sus 20 años actuales, la destreza de Parsons en la dirección es innegable. Su mirada se siente limpia, libre de los vicios del circuito comercial y con un pulso envidiable para sostener la tensión atmosférica. Sin embargo, la película también deja al descubierto las costuras de su casa productora. A24 comienza a mostrar su propia fórmula. Aunque el filme es efectivo, por momentos se percibe esa estructura de guion rígida y predecible que el estudio ha estandarizado para el “terror de prestigio”. No es un fallo catastrófico, pero sí una señal de que la maquinaria de la distribuidora empieza a ser reconocible.


Aun con eso, Backrooms es un triunfo del cine de género actual. Es la prueba de que el horror más perturbador no viene del más allá, sino de los pasillos desiertos que construimos en nuestro propio interior. El terror ya no necesita monstruos; solo necesita el eco de un espacio vacío. En Backrooms, Kane Parsons demuestra que el laberinto más peligroso y asfixiante no está en internet, sino en los pasillos fragmentados de nuestra propia mente.

Spoiler Show #18