Review: “Nuisance bear”, una lucha por la supervivencia

Nuisance Bear (Jack Weisman y Gabriela Osio Vanden, 2021) no es el típico documental de naturaleza de National Geographic. Es una pieza cruda, visualmente apabullante y éticamente incómoda que se aleja de la romantización del “rey del Ártico” para lanzarnos de lleno a la fricción de una frontera donde la coexistencia es, en realidad, una guerra silenciosa.

La narrativa ahonda en cómo la comunidad Inuit de Churchill lucha contra la presencia de los osos polares porque en un lugar donde la oscuridad la mayor parte del tiempo está presente, incluso en el día, el que una especie ronde sin temor a los litorales habitados por humanos, pone en peligro a sus hijos, familias, etc.

El documental se decanta por dos visiones: el testimonio de un habitante que perdió a su hijo por un ataque de oso polar y la extinción de la especie per se. En la primera, un hombre va narrando en voz en off que es difícil hablar de los osos sin que el tema le duela o le cause conflicto. La segunda es un oso que debe ser reubicado porque ronda muy de cerca una zona habitada por humanos y que impide a una empresa explotar los recursos naturales de la zona.

Al reubicar al oso, el documental se enfoca en la supervivencia del oso en la zona donde habitan los inuits, que cazan osos por deporte. El material hace más seguimiento a la seguridad del propio oso polar que es su objeto de estudio, que en realidad la seguridad de la comunidad inuit, que lejos de ver a los osos como una atracción turística, los ven como una amenaza y tratan de extinguirlos.

La paradoja de Churchill: Entre el turismo y el terror

El documental, que forma parte de la selecta programación de Sundance en la CDMX de Cinépolis, despoja a Churchill, Manitoba, de su etiqueta de “Capital mundial de los osos polares” para mostrarla como un sitio de confinamiento.

2. La oscuridad como factor de riesgo

La narrativa subraya una realidad física aterradora: en una región donde la noche polar domina el reloj, la visibilidad es un lujo. Para la comunidad local, la presencia de un depredador de 600 kg que no teme a los asentamientos humanos no es una “anécdota de viaje”; es una amenaza constante a la estructura familiar. El documental captura esa tensión atmosférica donde el peligro acecha en cada rincón oscuro entre las casas.

3. El duelo frente a la conservación

El testimonio del padre que perdió a su hijo es el ancla emocional más pesada del filme. Su voz en off corta la belleza estética de los planos para recordarnos que, mientras el mundo exterior llora la posible extinción del Ursus maritimus, la comunidad local llora a sus muertos. Hay un conflicto ético latente:

La visión global: Proteger al oso como símbolo del cambio climático.

La visión local: Sobrevivir a un animal que ha dejado de ver al humano como una amenaza para verlo como una presa o un estorbo.

4. La mirada sesgada: ¿Quién es la verdadera víctima?

Resulta provocador notar que la cámara parece priorizar la seguridad y el trayecto del “oso molesto” (nuisance bear) por encima de la paz de los habitantes.

El oso como obstáculo: Su presencia impide la explotación de recursos naturales, introduciendo una capa de crítica al capitalismo extractivo.

La caza como defensa: El filme pone en tela de juicio la práctica de los Inuit, quienes ven en la caza un método de control y subsistencia, chocando con la sensibilidad conservacionista urbana.

Un espejo de nuestra hipocresía

Nuisance Bear es un ejercicio cinematográfico minimalista que nos obliga a preguntarnos: ¿Cuánto vale la vida de un animal en peligro de extinción frente al trauma de una comunidad que vive con miedo?

Ganó el Premio del Jurado en Sundance 2026 como mejor documental.

Spoiler Show #16