Max Gandarillas, el productor chileno a cargo de El rey del ring, se presentó en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y explicó que la película trataba de contar una historia linda a través del boxeo, dejando de lado la parte oscura que suele incluirse en cada producción del género. Habiendo visto el resultado, quizás ahí fue donde fallaron.
La premisa de la película dirigida por Rodrigo Sepúlveda es contar una historia de amor, de sueños lejanos e inmigración, pero a través de un deporte tan complejo como el boxeo. Situada en 1940, el largometraje narra la historia de Arturo Godoy (Marko Zaror), un destacado pero humilde luchador chileno que sueña con ganar el campeonato mundial; su novia Leda (Fiorella Bottaioli), quien sueña con ser una gran estrella de Broadway; y Gabriel (Benjamín Vicuña), un chileno que se gana la vida en Nueva York y termina conociendo por casualidad a la pareja.
Si bien la intención es “hacer una película de boxeo diferente”, la historia toca absolutamente todos los cliches que te puedas imaginar, es predecible, por momentos incómoda y no aporta prácticamente nada al género. A medida que va avanzando la narración puedes adivinar con facilidad todo lo que va a ocurrir y, en este caso, no ayuda para nada a la cinta.
Un boxeador de orígenes humildes conoce a una bailarina, se enamoran y mientras crece en el mundo del deporte conocen a un chileno que los ayuda a avanzar en su carrera. Esa elación de tres puntas se transforma, más temprano que tarde, en un triángulo amoroso, pero ni siquiera ese condimento hace que la película sea picante o incluso interesante.
Las actuaciones tampoco acompañan a la floja historia que presenta El rey del ring, a excepción de Benjamín Vicuña, quien termina siendo el personaje más interesante, el único que tiene buenas escenas y el que tiene más carisma de todos. El manager Bouey (Jaime MacManus) es probablemente el peor personaje de la película, se siente como una actuación sumamente falsa y mal trabajada; Leda es un personaje muy plano, sin tonalidades diferentes; y Godoy, aunque con un muy buen físico, no deja de ser un personaje que ya vimos cuatro mil veces.

Bueno, pero ¿tiene buenas secuencias de entrenamiento y una banda sonora emocionante aunque sea?
No, tampoco amigo. Si ese hubiera sido el caso, por lo menos estaría diciendo que fue entretenida, pero ni siquiera lograron eso. Hay flashes efímeros que tal vez nos recuerdan a buenas películas de boxeo del pasado, pero nada más que eso.
Okey, pero ¿la pelea final vale la pena?
Tampoco, compañero. De hecho bien podría decir que es una de las peleas menos emocionantes del género y tiene una de las resoluciones más extrañas y peor explicadas en el ring. Si nos hubiésemos sentado durante 75 minutos de esto y luego nos daban 15 minutos de buena acción final, yo no me estaría quejando.
En fin, al intentar hacer una película de boxeo diferente terminaron quitándole los condimentos más interesantes que tienen las historias del género. Hacer una especie de comedia-drama-romance a través del deporte no es una mala idea, de hecho está inspirada en la historia real de Arturo Godoy, pero esta ciertamente es una mala ejecución.
