“Nuestra bandera es de muerte” merecía una temporada final

El pasado 7 de marzo, David Jenkins, creador Nuestra bandera es de muerte, dio a conocer a través de una publicación en Instagram que no pudieron encontrar un nuevo hogar para la serie luego de que Max la cancelara a principios de enero. Esto me ha dejado devastada. Creo que la historia de estos “piratas gays” merecía una tercera y última temporada, tal como Jenkins lo había planeado desde un principio. Un arco de tres temporadas.

De acuerdo con Casey Bloys, jefe de HBO y Max, la audiencia no justificaba otra temporada. Aunque, sinceramente, se me hace injusto. La segunda temporada se estrenó durante la huelga de actores de Hollywood, algo que definitivamente perjudicó la promoción de la serie. Ni Taika Waititi ni Rhys Darby, los protagonistas, pudieron hablar de ella durante su emisión.

Asimismo, su estrategia de lanzamiento no fue buena. Sólo estuvo en emisión durante un mes, y pasó más de un año y medio entre el final de la primera temporada y el estreno de la segunda. Obviamente esto provocó desinterés en el público y que no se generara mucha conversación alrededor de ella en redes sociales.

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Por otra parte, Max bajó el presupuesto de la segunda temporada y se tuvieron que disminuir los episodios, pasando de 10 a 8. Cada uno de menos de media hora. Esto afectó el ritmo de la historia y el desarrollo de personajes. Por ejemplo, Jim no tuvo un arco en esta temporada cuando en la pasada fue uno de los mejores personajes de la serie, y la muerte de Izzy Hands fue muy apresurada y sin sentido. Parecía que no había tiempo y que todo tenía que concluir en un santiamén.

Sin embargo, creo que Nuestra bandera es de muerte era una de las pocas series actuales con personajes y relaciones LGBT+ bien desarrolladas. Con un romance queer en el centro y con la mayoría de sus personajes LGBT+, algo poco común. Y abordaba el tema con mucha naturalidad, con respeto, sin caer en estereotipos o repetir tropos dañinos para la comunidad como el queerbaiting o el bury your gays.

Crédito: Max

Asimismo, trataba muy bien el tema de la masculinidad tóxica y cómo puede haber otros tipos de masculinidades que no se basen en la violencia o en reprimir emociones. Por eso amé que Stede siempre fuera gentil y compresivo con su tripulación y que al final, dejara la vida de pirata para dirigir una posada al lado de su amado, Ed.

Así que a pesar de las fallas de la segunda temporada, creo que los fans merecíamos ver cómo continuaba el romance entre Ed y Stede, cómo manejaban juntos la posada y cómo vengaban la muerte de su amigo Izzy Hands, quien Jenkins ya había dicho que volvería (tal vez como un fantasma).

Crédito: Max

En resumen, Nuestra bandera es de muerte era una serie de piratas única en su tipo y merecía un cierre digno. No sólo era romántica, divertida y emotiva, sino que también era una representación positiva para la comunidad LGBTQ+. De verdad, lamento su cancelación, pues enviaba un mensaje muy lindo de que no estábamos solos, que podíamos pertenecer a algo y que merecíamos ser amados.

Spoiler Show #13