Ya sé que muchos piensan que Coco (2017) de Pixar es la película más representativa del Día de muertos. Sobre todo, por el alcance mundial que tuvo. Pero no es mexicana, y aunque creo que acertaron en muchos elementos de nuestra cultura, hay otra película que se merece ese título. Hablo nada más y nada menos que de Macario (1960), una joya del cine mexicano que las nuevas generaciones (y los extranjeros) deberían conocer. Pero no es que Macario no sea conocida, claro está. Es súper representativa del cine mexicano, incluso aunque no formó parte de la Época de Oro del cine mexicano, que comenzó en 1936 y culminó en 1956.
Macario se presentó en el festival de Cannes de 1960, donde obtuvo el premio a mejor fotografía. Y además, fue la primera película mexicana en obtener una nominación al Óscar como Mejor Película en Lengua Extranjera.
De acuerdo con Flora Mora Aymerich en Macario, Un Hito En La Representación De Día De Muertos En La Industria Cinematográfica Mexicana (1930-1960, cuando se estrenó en nuestro país, la crítica la tachó de ser “moralista”, “demasiado plana” y de romper la “magia” del Día de muertos al filmarse en “blanco y negro”. También fue criticada por sus referencias extranjeras, pues se parecía a Las tres luces (1921) de Fritz Lang y a El séptimo sello (1956) de Ingmar Bergman.
Mora Aymerich agrega que otro problema que la crítica tuvo con la película es que tuvo que recurrir a “fuentes literarias exógenas” para representar una festividad mexicana. Y es que Macario se basa en la novela homónima del autor alemán B. Traven, quien a su vez se basó en El ahijado de la muerte de los hermanos Grimm.
Sin embargo, gracias a su paso en festivales extranjeros, Macario recibiría el aprecio que se merecía.
Crédito: Clasa Films Mundiales
Dirigida por Roberto Gavaldón y protagonizada por Ignacio López Tarso, quien falleció en marzo de este año, Macario narra la historia de un leñador sumido en la pobreza que lo único que quiere es disfrutar de un guajolote para él solo. Cuando su mujer le cumple este sueño, la travesía de Macario comienza. Ante él, se presentan el Diablo, Dios y la Muerte. Todos quieren un bocado del guajolote, pero Macario sólo le convida a la Muerte, quien, en modo de agradecimiento, le regala un agua milagrosa que es capaz de curar a cualquier enfermo. Eso sí, hay una condición: sólo puede darla a los enfermos cuando se encuentre a los pies de ellos, si está en la cabeza, significa que ya no lo puede salvar, pues ya le pertenecen a la muerte.
Como Mora Aymerich lo menciona en su investigación, antes de Macario, ya había películas mexicanas que incluían la celebración del Día de muertos como Janitzio (1934), El ahijado de la muerte (1946), Nosotros los pobres (1947) y El brazo fuerte (1958). Sin embargo, se trataba de momentos puntuales. Por ejemplo, de poner la celebración con panteones adornados para la llegada de los difuntos. Mientras que la historia de Macario gira alrededor de la festividad.
Crédito: Clasa Films Mundiales
Y es que el Día de muertos da pie a la historia de Macario. La película comienza con un texto que explica la festividad y a lo largo de ella se muestran otros elementos como los panteones decorados con flores de cempasúchil, las ofrendas, las velas, las calaveras de papel maché, las calaveras de azúcar y la pedida de la “calaverita”.
Pero, sobre todo, creo que Macario es la película más representativa del Día de muertos por cómo representa a la muerte: como un hombre indígena que al igual que el protagonista “muere” de hambre. Lejos de temerle, hay un respeto enorme hacia ella, tanto que se le ve hacerse amiga de Macario (en Coco, la muerte se representa más como una burocracia). Aquí, además, hay una conciencia hacia la muerte y se ve reflejada en el siguiente diálogo que Macario sostiene con el hacedor de velas:
“Haces mal Macario, hay que tener más consideraciones con los muertos, porque pasamos mucho más tiempo muertos que vivos. Total, en esta vida todos nacemos para morirnos, y ¿qué ganamos aquí?, algunos gustos y a veces ni eso. Mucho trabajo, muchas penas. Cuando nacemos, ya traemos nuestra muerte escondida en el hígado o en el estómago. O acá, en el corazón que algún día va a parar. También puede estar fuera, sentada en algún árbol que todavía no crece, pero que te va a caer encima cuando seas viejo”.
Crédito: Clasa Films Mundiales
Además, como lo dije en un principio, Coco se acerca mucho a nuestra festividad, pero es Macario quien nos muestra una realidad más cercana a la nuestra. La diferencia entre ricos y pobres y hasta en la muerte se puede ver reflejada.
La ofrenda de la familia de Macario es pequeña y con escasos alimentos, mientras que la de Don Ramiro es gigante y opulenta. Es el hambre lo que motiva a Macario a tener ese deseo “egoísta” de comer un guajolote sólo para él. Y cuando por fin puede tener una vida de calidad, la sociedad no se lo permite. La Santa Inquisición lo acusa de brujo.
Por otra parte, me encanta el final “abierto” (o más, que se deja a la interpretación del público). Sobre todo porque da una vibra fantástica, irreal y extraña, propia del realismo mágico.
Crédito: Clasa Films Mundiales
En resumen, aunque está basada en cuentos extranjeros, Macario adapta muy bien la cultura mexicana y es la película por excelencia del Día de muertos. Está hecha en México y tiene tantos elementos de la tradición del país que la hacen única y especial.
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