Es verdad que las series de narcos, o mejor dicho, narcoseries como se les ha llamado, están a la orden del día. Pero ¿por qué es que gustan tanto al público latino y anglosajón? Pues para averiguarlo, resulta pertinente hablar de ciertos patrones que estas producciones repiten y que las hacen un éxito seguro.
Antes de empezar, es de suma importancia mencionar que la colombiana Sin tetas no hay paraíso (2006) fue la pionera en tratar el narcotráfico de manera tan abierta. Y si bien se trata de una telenovela y no una serie, es sin duda la madre de las producciones que le vendrían después, incluyendo las famosas telenovelas La Reina del Sur (2011), la cual en estos momentos se encuentra entre las series más vistas de Netflix México, Pablo Escobar, el patrón del mal (2012) y El Señor de los Cielos (2013).
¿Pero qué tienen en común con producciones como Narcos (2015-2017) y la multipremiada Breaking Bad (2008-2013)? Pues en primer lugar, que los protagonistas, quienes van en contra de la ley, tienen un tratamiento de antihéroes y no propiamente de villanos como debería ser. Y es que estas historias casi siempre están contadas desde el punto de vista del narco y no de la policía, por lo que los vemos más humanos, más parecidos a nosotros. Los protagonistas narcos son inteligentes, valientes, sin escrúpulos (aunque a veces amorosos cuando se trata de su familia o la persona que aman) y heteronormados. Cualidades que resultan atractivas al espectador. Además, las narcoseries o narconovelas muestran a mujeres poderosas también como cabecillas de carteles, algo muy inusual que de inmediato llama la atención.



