Hace unos días se suscitó lo que para mí fue un extraño fenómeno de internet: una alegría inconmensurable ante el anuncio de la pérdida de suscriptores de Netflix, la plataforma de streaming líder del mercado. La revelación comenzó a generar una serie de comentarios en contra de la plataforma, donde muchos expresaban su descontento por las cancelaciones, la falta de calidad en sus producciones, hechos que solo significaban una cosa: el inicio del fin para la marca de la gran N roja.
Durante los siguientes días comenzaron a surgir diferentes noticias y reportes sobre los problemas internos de Netflix, desde un esperada pérdida de más de dos millones de suscriptores en los próximos meses; hasta la cancelación de varios proyectos animados debido al despido de Phil Rynda, director creativo de esta unidad; más la revelación de la manipulación de sus cifras de visualización; quejas por falta de promoción de algunos títulos por parte de los creativos detrás de ellos; la cancelación de cuentas compartidas y más. Esto hizo las acciones de Netflix perdiesen valor debido a la falta de confianza de sus inversores.
Todo esto me llevó a revalorar lo dicho en redes sociales y en preguntarme si estamos ante el fin de Netflix, y la primera respuesta después de un rápido análisis fue un rotundo NO, pero la realidad es que sí estamos ante la posibilidad de uno de los mayores cambio en la industria del entretenimiento en streaming.
A principios de la década de los 2000, Netflix funcionaba como una empresa que hacía la renta de series y películas más fáciles para el consumidor al ser enviados por correo, y con la misma opción de devolución. Esta idea surgió a partir de una multa que una vez tuvo que pagar Reed Hastings, el ahora CEO de Netflix, por no entregar a tiempo en Blockbuster. Su innovación revolucionó la industria, pero no lograba ser rentable y su competidora, la misma Blcokbuster, tuvo la oportunidad de adquirirla, oferta que dejó pasar sin saber que años después su competidor terminaría enterrándola en el olvido hasta lograr que la compañía se fuese a la quiebra. Casi diez años después surgió la plataforma que ahora conocemos, marcando uno de los grandes cambios dentro de la industria.
Una década más tarde, Netflix vuelve a tener la oportunidad de cambiar la industria como la conocemos y está a punto de hacerlo. La primera señal de ello fue el haber revelado las cifras de pérdida de suscriptores. Para una plataforma que carece de publicidad, y la nula venta de producciones a los otros servicios, su única entrada de dinero corriente proviene de las suscripciones, las cuales han alcanzado los más de 220 millones en todo el mundo. La pérdida de 200 mil suscriptores en el primer trimestre del año es nada para el grueso de sus clientes, aún si tomamos en cuenta la proyección de otra pérdida de 2 millones. Es tan solo el 1% sumando las dos cifras. Para el rey del streaming, y siendo la plataforma más observada en cada uno de sus movimientos, la revelación de la noticia tiene una justificación posible: Netflix ha dejado atrás su estrategia de sumar un número infinito de sus suscriptores al notar que la guerra por el streaming tiene al menos 10 peleadores en este terreno que ellos dieron inicio.
Fuente: CNBC
En 2013Netflix sorprendió al mundo con el lanzamiento de House of Cards, esto era solo el primer movimiento de lo que tiempo después se dio a conocer: el desarrollo masivo de producciones con el único objetivo de alcanzar a tener un catálogo que llegase a igualar a los grandes titanes de la industria del cine y la televisión, porque sus ejecutivos estaban seguros que su modelo de negocios pronto comenzaría a ser copiados por sus rivales y que los derechos de grandes títulos comenzarían a finalizar para ser llevados a sus respectivas plataformas, hecho que años después sucedió tal como lo habían visualizado. Sabía que para lograr dar batalla necesitaba la producción de todo tipo de series, para todo tipo de consumidores, si quería seguir manteniéndose como el rey.
Ahora que la industria sigue cambiando, la estrategia tendrá que endurecerse e incluso estudiarse para saber si su modelo de negocios seguirá siendo rentable en esta nueva época. Es por ello que la cancelación de múltiples proyectos venideros de animación no es una casualidad, Netflix se encuentra en un proceso de evaluación para esta nueva etapa que apenas está comenzando. Pero esta estrategia tampoco significa que la gran N dejará de hacer series como Élite, de la cual me quejé amargamente de su reciente temporada, o telenovelas como ¿Quién mató a Sara?, o incluso esas películas de comedia con Adam Sandler de las que muchos nos quejamos amargamente, pero que el público masivo las sigue colocando como número uno cuando estas estrenan. Netflix no perderá la oportunidad de seguir alimentando al público ya cautivo, porque seamos realistas, aunque muchos, y me incluyo, somos muy cuidados en el tipo de contenido que consumimos, la realidad es que somos los menos. Las telenovelas siguen funcionando, lo único que prueba es que la gente ya estaba cansada de los comerciales, así que esto seguirá.
El modelo de negocios de la gran N roja tendrá sus cambios, de eso no hay duda, incluso el lanzamiento masivo de producciones debe bajar, porque hay un exceso en toda la industria que no hay tiempo que alcance para ver todo, y menos el exceso de volumen que hasta ahora nos da. Tal vez hasta su forma de lanzamiento deba cambiar, la ara hacer que sus producciones duren más en el boca a boca de la gente. Pero sin duda es que Netflix sigue teniendo una posición privilegiada para cambiar la industria a su favor. Mientras que HBO/HBO Max y Apple TV+ apuntan a la calidad y captando a un público más analítico, y Disney+ busca el mercado de niños y familias, Netflix acapara la atención de un sector de cualquier público: niños, adolescentes, adultos, ancianos, de cualquier etnia, raza y hasta orientación sexual. Mientras que el resto de sus competidores buscan algo similar, pero con una menor demanda comprada de lo que ella ha cosechado a lo largo de más de una década.
Insisto, Netflix sabe que la industria está cambiando, y sabe desde hace años hacia dónde va, por lo cual el fin de esta plataforma está lejos de llegar. Calmen las celebraciones y mejor piensen que la caída de un gigante, como lo es Netflix, podría traer más problemas a una industria, de por sí ya golpeada por la pandemia. Pero no, repito, no es el momento, este gigante ha demostrado siempre ir un paso adelante, y estoy seguro que esta vez lo va a demostrar de nuevo.
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