No sé muy bien si me encanta la serie o la veo por qué sí, pero acá estoy y si ustedes están leyendo, están en la misma. Bah, puede que a ustedes sí les guste mucho Life Sentence pero por ahora voy a definirla como la serie que puedo ver mientras que espero que se me carguen las vidas del Candy Crush porque me río de vez en cuando, me emociono un poquito a veces y puedo ver una hora por semana a Lucy Hale siendo extremadamente bella y buena con todo el mundo que lo rodea, pero ojo, porque se sumó Riley Smith como el oncólogo que se preocupa por sus pacientes, no tiene miedo a llorar y eso puede ser un gran problema.
Nadie le dice a una chica que está casada “ojalá te hubiese conocido antes”, eso no es de buen hombre y más cuando sos Riley Smith en modo “doctor sensible”. Entonces, conocimos a este hombre que parecía bastante insensible y alejado de sus pacientes, cosa que le hacía pensar a Stella “bueno, es lindo, pero no tiene alma, esto va a ser fácil”. Pero a esto ahora hay que agregarle un poco de backstory, porque no sólo es una persona con un corazón enorme, sino que su hermano murió de cáncer y cada persona que muere por la enfermedad le hace sentir que le está fallando a él. Hace nada nos libramos de la carta de “tengo cáncer” y ahora esto vuelve para cazarnos y hacer que deseamos que Stella lo quiera abrazar un poquito. Los odio guionistas.
En este capítulo la tuvimos a nuestra protagonista tratando de luchar por Sadie, una paciente que necesita que alguien lo haga por ella ya que no tiene mucha familia presente. Esto le sirvió a Stella para darse cuenta que las cosas que tuvieron que hacer sus padres para que ella pueda recibir su tratamiento no fueron muy sencillas, que fue una constante lucha, negociación, humillación y hasta rogar por un poco de ayuda porque su hija se estaba muriendo y no podían dejar que eso pase. Ahora, es el trabajo de Stella hacer lo mismo que ellos hicieron por ella, porque su amiga no tiene a nadie que lo haga, así que tendrá que esforzarse un poquito.


