In My Skin: al mal tiempo, buena cara

Bethan, a simple vista, parece una adolescente más del montón. No es ni la más popular del instituto, ni la más fashion. Tampoco la nerd de la clase. Sin embargo, hay algo en lo que tiene matrícula de honor: en mentir. Toda su vida es una mentira.

Sobre esto versa In my Skin, una serie que cala hasta los huesos y nos recuerda que, al mal tiempo, buena cara. Siempre con un tono ácido que lleva la inconfundible marca británica.

La primera temporada de esta producción de la BBC ya está disponible en HBO Max para Latinoamérica y Filmin en Europa. Si bien mi estilo no es imponer, en este caso su visionado es obligatorio. Me atrevo a decir que no se van a arrepentir porque es simplemente genial. Punto.

Doble Vida

In my Skin nace de la mente brillante de Kayleigh Llewellyn (Killing Eve) cuya propia experiencia le sirvió de inspiración para escribir el guion que hizo realidad esta serie, con formato de sitcom, que se ve de una sentada.

La trama nos traslada a Caddiff y se centra en Bethan (Gabrielle Creevy), una adolescente de 16 años, que trata de sobrellevar una doble vida. La joven lidia con su madre Katrina (Jo Hartley), quien sufre un fuerte trastorno bipolar y cada poco la internan en una clínica. Por si fuera poco, su padre Dilwyn (Rhodri Meilir) es un hombre infantil, ahogado en el alcohol y, a veces, aterrador. Un verdadero bulto que no hace más que estorbar.

La única figura cuerda de su familia es la abuela paterna Nana (Di Botcher), pero el amor de madre la ciega y defiende lo indefendible en su hijo. Así que, la protagonista navega en el total desamparo. Un cuadro familiar que no hay por donde agarrarlo y esta situación le produce vergüenza ajena a Bethan, por lo que se lleva este secreto a la tumba y vive a base de mentiras para aparentar una vida feliz.

Les miente a todos. Nadie se libra. Ni sus dos mejores amigos, Lydia (Poppy Lee Friar) y Travis (James Wilbraham) ni tampoco su crush Poppy (Zadeiah Campbell-Davies), la típica niña popular e infeliz del instituto porque no se acepta a ella misma.

La capacidad de imaginación de Beth para inventarse excusas es impresionante. Los profesores saben que algo huele a chamusquina, pero ninguno se acerca para averiguar la cruda realidad. Nos queda la esperanza en una maestra de Literatura, la Sra. Morgan (Alexandria Riley), quien percibe el talento de la joven por la escritura y la impulsa a escribir desde la verdad.

Un guion inteligente

Mucho dolor y frustración, pero el guion de Llewellyn es muy inteligente y coloca perfecto el humor negro en los diálogos que alivianan el drama, lo que hace de este coming of age un producto soberbio con mucha personalidad. No en vano se ganó cuatro premios BAFTA en Gales a la Mejor Serie del Año, a Mejor Actriz, Dirección y Guion.

Ese fingir constante de Beth es uno de los aspectos que más engancha de la serie y la dirección de Lucy Forbes (The End of the F****ing World) es genial para ponernos en la piel de la protagonista. In my Skin derrocha autenticidad.

Forbes recurre a una acertada ruptura de la cuarta pared- como vimos en House of Cards o Malcolm in the Middle– para, a través de las miradas a cámara de Beth y voz en off, adentrarnos en su mente y volvernos cómplices de su red de mentiras. Nos arrastra en su sentir y somos los únicos que la comprendemos.

Es complicado no sentirse identificados por las innumerables veces en que nos ponemos una máscara para esconder inseguridades en una sociedad regida por la apariencia y la cultura del “todo está bien”. Y esto también se refleja en el personaje de Poppy, quien se autoengaña para esconder su homosexualidad.

La adolescencia es, además, una de las etapas en donde más se acentúan esos complejos por la crueldad entre los jóvenes y el bullying, también manifestado en la serie a través de un personaje repulsivo (Aled ap Steffan).

Un elenco brillante

La actriz Gabrielle Creevy, sin duda, se lleva de calle a un personaje de lo más complejo y nos queda claro su talento innato que deja el listón muy alto para las actrices emergentes. No obstante, en In my Skin todos los personajes brillan por interpretaciones soberbias, por pequeñas que sean, y traen un contexto muy apegado a la realidad fruto de un guion aterrizado.

Cualquiera que haya cuidado de alguien con una enfermedad mental puede verse reflejado, sobre todo en las expresiones de angustia que invaden el rostro de Beth. Su madre (Jo Hartley) representa de manera exquisita a una persona bipolar, que nos parte el alma en pedazos y hasta nos hace sentir ternura.

Rhodri Meilir, quien da vida a su padre alcohólico, logra que lo odiemos y temamos al mismo tiempo. La creadora de la serie plasma muy bien la dureza de este problema, como todo lo que acontece en la trama, porque lo real no lleva maquillaje ni filtros.

El valor de la amistad tampoco falta con Lydia y Travis, unos personajes de lo más normal, sin tabúes, divertidos y que sacan una sonrisa a Beth y a nosotros. Nos encanta ver que la protagonista también pasa ratos felices que balancean su doble vida. Lucy Forbes nos regala unos planos visuales bellísimos para enfatizar esos momentos.

Con ganas de más

Sin embargo, así como muchas producciones se suman a la moda de aplicar un excesivo metraje, In my Skin se queda corta. Cinco episodios de menos de 30 minutos por temporada no son suficientes para seguir explorando el universo de Beth.

Los sentimientos están a flor de piel y nos limita seguir disfrutando de una ficción que, como Skins o Euphoria– nos habla sin tapujos sobre los problemas reales de la adolescencia, de la vida, de nosotros. Todos tenemos algo de Beth, de Kayleigh Llewellyn y quien diga lo contrario miente.

In my Skin te quedaste tatuada, pese a que te acabas antes de tiempo.

Video
https://www.youtube.com/watch?v=dIL6aRDuFX0
Spoiler Show #11