Hace más de treinta años Margaret Atwood escribía The Handmaid’s Tale, un relato de un universo distópico, donde los derechos de las mujeres eran pisoteados por un estado omnipresente que sólo las usaba como instrumento de reproducción de la especie. El mundo que la escritora narraba se veía notablemente afectado por una merma en la fertilidad, que obligaba a la restricción de todas las garantías civiles de las mujeres. Todas esas libertades formaban un aparato estatal fuertemente militarizado y con una bizarra idea de religión que dividía a las mujeres en estratos en base a su utilidad social.
La nueva serie sensación: tan distópica como real


La cosificación de la mujer llega al extremo de generar diversos estratos sociales conforme la utilidad que las mismas tienen dentro del tejido social. Las criadas son las encargadas de llevar a cabo la tarea reproductiva dejando de lado su voluntad y siendo obligadas a tener relaciones sexuales con los hombres poderosos de la sociedad.
Pero este nuevo orden es establecido a través de un adoctrinamiento que iremos conociendo con el avance de los episodios. Tomando como base conceptos del filosofo Foucault, el poder no reprime, normaliza, veremos así cómo las mujeres fértiles son reeducadas en este nuevo dogma bajo la frase de Esto te parecerá normal.

El universo distópico de género narrado por Atwood ha sido perfectamente plasmado por los creadores de la serie que replican ese forzado orden desde una estética tan cuidada como obsesiva de los detalles.
El vestuario juega un rol importantísimo para delimitar los diversos grupos de mujeres que conforman el nuevo tejido social. La encargada de esta tarea fue Ane Crabtree, quien supo trabajar en títulos tales como Master of Sex, Westworld y The Sopranos. La diseñadora se inspiró en los grupos religiosos y militares de la vida real que han controlado sociedades en masa; incluso en diversos cultos de los tiempos modernos en los Estados Unidos y en Europa, los Hutterites y los Amish, incluso ciertos elementos de Hitler y Leni Riefenstahl (famosa fotógrafa propagandista nazi).

Miuccia Prada, una de las inspiraciones de Crabtree, dijo en 1990: «el diseño más inteligente viene de los uniformes militares», y esta fue una de las ideas rectoras de los diversos vestuarios que la diseñadora ideó para enmarcar el mundo de Atwood. Las criadas visten de un fuerte color rojo como una metáfora de esa menstruación que las convierte en seres útiles del sistema, en instrumentos para la proliferación de la raza. Sólo son eso: instrumentos que son usados por las clases acomodadas frente a la imposibilidad física de perpetuarse.

Muchas son las lecturas que pueden extraerse de esta gran adaptación del clásico de Atwood, desde lo ideológico y hasta lo aterradoramente visionario que puede llegar a ser en vistas a nuestro presente. Imágenes de la era anterior al orden instaurado impresionan por su simetría con las últimas manifestaciones del feminismo en Estados Unidos.


Sin lugar a dudas los tres episodios de The Handmaid’s Tale ya han sido suficientes para tener la plena seguridad de estar presencia de una de las series del año con uno de los mensajes más contundentes sobre el feminismo y la necesidad imperiosa de destruir la matriz patriarcal que gobierna nuestra sociedad.