Cobertura FICM | Reseña: Chicas tristes — La sutileza y el valor de Fernanda Tovar

Dentro de la Selección Oficial de la edición 2026 del Festival Internacional de Cine de Morelia, la ópera prima / propuesta de Fernanda Tovar, Chicas tristes, destaca no solo por su impecable manufactura técnica y narrativa, sino por el extraordinario valor y sensibilidad con los que aborda una de las violencias más complejas de plasmar en la pantalla: el abuso sexual dentro de la pareja y el sinuoso proceso de concientización del trauma.

La violencia silenciosa y el peso de la confusión

La historia sigue a dos mejores amigas, atletas de natación de alto rendimiento a punto de representar a su país en los Juegos Panamericanos. Sin embargo, semanas antes de la competencia, la vida de una de ellas da un vuelco invisible en una fiesta. Al estar en el baño con su novio, decide dar marcha atrás; expresa un “no”, pero él no se detiene. Afuera del baño, su amiga la espera sin saber la pesadilla que ocurre del otro lado de la puerta. Al salir, el silencio se apodera del espacio: no hay denuncias inmediatas ni gritos, solo una aparente normalidad.

Lo que hace que la visión de Fernanda Tovar sea impactante es cómo capta la primera etapa del abuso: la asimilación tardía. La película retrata con absoluta precisión esa realidad tan común en las víctimas, quienes a menudo quedan atrapadas en la confusión, preguntándose si no fueron lo suficientemente claras, si ellas tuvieron la culpa o si “realmente fue para tanto”. Tovar muestra cómo el trauma no siempre irrumpe con claridad inmediata, sino que a menudo requiere tiempo, conversaciones o confrontaciones externas para que la víctima caiga en la dolorosa cuenta de lo que realmente vivió.

La amistad desquebrajada y el Coming of Age

El dolor no se queda solo en la agresión física; se expande en ondas expansivas. El secreto depositado en la mejor amiga empieza a resquebrajar el vínculo entre ambas. Ante la espiral de depresión y abandono en la que cae la protagonista, la amiga decide intervenir y contarle al padre de la víctima. Lo que nace del amor y la desesperación por salvar a un ser querido termina sintiéndose como una segunda transgresión: la ruptura de la confianza y el despojo de la propia voz sobre su proceso y sus tiempos.

A pesar de lo denso de sus temas, Tovar demuestra un dominio magistral del tono. La película se construye como un coming of age sumamente bien elaborado, aderezado con destellos de humor sutil y envuelto en una cuidada estética nostálgica con tintes de los años 2000.

Un abordaje “con pinzas” y un cine que abraza

Con actuaciones de primer nivel, un guion sumamente afinado y una dirección de cámara que respeta la intimidad de sus personajes, Chicas tristes destaca por tratar el dolor con pinzas. No busca el morbo ni la revictimización; busca comprender la fragilidad humana y la complejidad de las relaciones adolescentes.

Sin duda, una de las obras más valiosas e imprescindibles en la competencia del Festival de Cine de Morelia. Una película bien filmada, bien actuada y, sobre todo, profundamente empática.

Spoiler Show #29