“Y tu mamá también”: no les estoy mentando la madre. Estoy recordando la película con la que Diego Luna saltó a la fama internacional y se convirtió en la estrella que es hoy. Desde entonces, el actor y ahora director ha sabido mantenerse en una industria difícil, complicada, banal y cambiante.
Con Ceniza en la boca, Diego Luna adapta al cine la obra literaria de 2022 de Brenda Navarro.
El lenguaje y el espectador cinematográficos son un tanto distintos al lenguaje y los lectores habituales de literatura de todo tipo. Diego lo sabe y por eso no revela de golpe un conflicto que en el libro de Brenda se desvela desde el inicio. Luna apuesta a que los lectores de la novela sean considerados con quienes no la conocen y no les adelanten el final de la película.

Diego y su hermana Lucila salen de México huyendo de un contexto de violencia familiar. Madrid es el nuevo destino donde, desde hace varios años, su madre los espera. En Europa se enfrentan a la cruda realidad del llamado sueño europeo: sueldos precarios, xenofobia y racismo sistemático.
La forma en que Diego aborda el tema es justa, ni más ni menos. Su estilo visual evita distraer al espectador de lo verdaderamente importante y construye un cine a nivel de suelo, con personajes que puedes encontrar a la vuelta de la esquina o en la puerta del vecino. ¡Quién sabe!
Por medio de las actuaciones de Adriana Paz y Anna Diaz, Diego Luna logra una obra seca, como esos golpes que se dan en el pecho y te dejan sin aire. La migración de cualquier país en vías de desarrollo hacia naciones más desarrolladas es una realidad que el mundo actual enfrenta desde que el capitalismo es capitalismo. Este sistema forma a sus elementos para trabajar o morir de hambre. Lo cierto es que el 15 % de los mexicanos que abandonan el país en busca de un futuro mejor se van a Europa, mientras que el otro 85 % cruza la frontera con Estados Unidos.

Las cifras indican que, desde el año 2000 hasta la actualidad, el número de migrantes ha ascendido de 35 mil residentes legales a 120 mil en 2026. El principal destino es España y el segundo es Alemania; le siguen el Reino Unido y Francia.
Diego Luna se consolida como un observador social que, con Ceniza en la boca, aborda un ángulo desatendido por muchos realizadores cinematográficos. La película y el libro se alejan del relato común del inmigrante que marcha hacia Estados Unidos para centrarse en aquel que cruza el océano y ya no solo un río.
No obstante, Ceniza en la boca también retrata el contexto social de quienes se van: el panorama político de un país asolado por la violencia, aunque los datos oficiales intenten disfrazarlo. La historia se enfoca en quienes huyen de la muerte, de la memoria selectiva de los gobiernos de México y de la falta de empleos con pagos justos, sin saber que en su destino podrían encontrar algo peor.
Ceniza en la boca es una película producto de su tiempo y contexto. Es una obra poderosa por sus imágenes sencillas y por unos personajes que emulan la realidad seca, triste y desoladora de seres humanos que no se cansan de tener esperanza; de lo contrario, se quitarían la vida. ¡Un golpe y un recordatorio de nuestra realidad fortísima!

