En 2023, los directores de No Other Land ganaron el Óscar a Mejor Documental del Año por mostrarle al mundo cómo el ejército israelí estaba desocupando la Franja de Gaza sin importar nada: ni escuelas, ni familias, ni hospitales. ¡Nada!
Desde 2023, las cifras oficiales señalan que han muerto 73 mil civiles a manos del ejército israelí. Yo digo que son más.
Para el ejército, estos efectos colaterales tienen un nombre: 73 mil Naza. Para evitar pronunciar la palabra «civiles», las fuerzas armadas optan por erradicar el concepto y deshumanizarlo, logrando así que la sistematización de la violencia no se sienta tan brutal ni para los soldados ni para la población en general.
Las palabras importan, pero los hechos aún más. El primer ministro Netanyahu ha salido no una, sino mil veces a decir que ellos cuidan a la población palestina, argumentando que les avisan cuando habrá un ataque para que evacúen la zona. Es cierto, eso pasa. Lo que no dicen es que no detienen el ataque por nada: ni porque haya niños en el lugar, ni porque haya heridos en un hospital; por nada hay un cese al fuego.
Veinticuatro exsoldados israelíes se confiesan ante las cámaras de forma encubierta —ya que sus vidas peligrarían en Israel por revelar lo que sale a la luz en el nuevo documental de Yuval Abraham y Rachel Szor—. Entrevistados en las azoteas de Tel Aviv, cada soldado revela cómo el ejército los ha entrenado para que la muerte sistemática de inocentes se sienta como un videojuego de PlayStation.

De ahí el concepto de Naza. No son 27 niños muertos: son 27 Naza. No son 73 mil civiles muertos: son 73 mil Naza. Los soldados entrevistados son específicos al describir cómo ellos operan únicamente como ejecutores de la muerte. Reciben un trabajo de inteligencia digerido donde se les indica en qué edificio se encuentra un presunto agente de Hamás —ya sea un complejo habitacional, un hospital o una escuela—. Lo grave es que expresan abiertamente que la muerte de civiles, incluidos niños y niñas, es vista como un «mal necesario» por el simple hecho de ser parte del enemigo.
El documental posee un valor histórico sin precedentes y ha causado profunda indignación entre los israelíes y sus defensores, pero también entre quienes, hasta el momento, habían intentado mantenerse al margen. Pero ¿cómo mantenerse al margen ante un genocidio sistemático?
En 2023, Jonathan Glazer estrenó su película La zona de interés. El director británico ya plasmaba en ella cómo la familia de un general nazi vivía al lado de los crematorios donde exterminaban a miles de judíos: se escuchaban los gritos de terror y de muerte mientras una ceniza incesante caía de la chimenea sobre toda la superficie, la cual simplemente se limpiaba.

Al ver La zona de interés, yo me preguntaba: ¿quién sería indiferente a algo así? Hoy el tiempo nos pone a prueba colocándonos en una situación idéntica. No podemos permitir que siga pasando este genocidio en la Franja de Gaza. No es un problema de saber quién está bien o quién está mal: es un problema de moralidad en práctica. El asesinato es asesinato y punto, lo haga quien lo haga.
En este mismo tema, el documental American Doctor —también proyectado en el Festival Internacional de Cine de Morelia— muestra, a través del testimonio de tres doctores norteamericanos, cómo el ejército israelí se dedica a eliminar a los agentes de Hamás, pero también a inocentes. Es un material crudísimo que te deja con un nudo en la garganta.
NAZA ya está en cines. En la sala del Teatro Matamoros donde la vi, reinó un silencio absoluto tras la proyección. Fue el golpe de realidad de saberse sentado en la burbuja implacable de una sala de cine mientras miles de personas mueren sin propósito en la Franja de Gaza. ¡No hay palabras!

