¿Por qué seguimos pagando por ver películas en IMAX si podemos verlas en casa?

Películas en IMAX
Fuente: Universal Pictures
ANUNCIO

Nunca habíamos tenido tanto cine al alcance de nuestras manos. Una televisión de gran formato, una buena barra de sonido y unas cuantas plataformas de streaming son suficientes para tener cientos de películas disponibles sin levantarnos del sillón.

Y, aun así, seguimos pagando por ir al cine.

ANUNCIO

Más específicamente, estamos dispuestos a pagar un poco más por ver películas en IMAX, funciones en 70 mm y otros formatos premium que prometen algo que nuestras pantallas todavía no pueden ofrecernos.

Directores como Christopher Nolan y Denis Villeneuve han convertido esa experiencia en parte fundamental de la conversación alrededor de sus películas.

Oppenheimer transformó sus funciones en IMAX 70 mm en un acontecimiento cinematográfico, mientras que títulos como Dune y Dune: Part Two encontraron en las pantallas de gran formato el espacio ideal para mostrar la escala de sus mundos.

Pero la obsesión de Hollywood por convencernos de que una película “tiene que verse en el cine” comenzó mucho antes de IMAX.

Hollywood siempre ha buscado una razón para hacernos volver

La televisión ya representaba una amenaza para las salas de cine en la década de 1950. Si las personas podían entretenerse desde casa, Hollywood necesitaba ofrecerles algo que no pudieran encontrar en su sala.

Una de sus respuestas fue Cinerama, un sistema que utilizaba múltiples proyectores para crear una imagen panorámica gigantesca y envolvente. También crecieron formatos como CinemaScope y las producciones en 70 mm, que convirtieron películas como Lawrence de Arabia y 2001: A Space Odyssey en experiencias visuales imposibles de replicar en los televisores de aquella época.

La estrategia era sencilla: hacer que ir al cine significara algo más que ver una película. Décadas después, el VHS, el DVD, las televisiones de alta definición y finalmente el streaming volvieron a plantear la misma pregunta. Y las salas respondieron siguiendo una fórmula bastante parecida: pantallas más grandes, mejor sonido y experiencias cada vez más inmersivas.

De documental científico a sinónimo de blockbuster

Curiosamente, IMAX no nació para proyectar superproducciones de Hollywood. El formato comenzó a desarrollarse a finales de los años 60 y durante décadas estuvo relacionado principalmente con documentales, museos y centros científicos. Sus enormes pantallas permitían crear una sensación de escala que difícilmente podía conseguirse con una proyección convencional.

Pero Hollywood terminó descubriendo su potencial. Con el tiempo comenzaron a aparecer versiones IMAX de grandes estrenos, hasta que algunos cineastas dejaron de pensar en el formato únicamente como una forma diferente de exhibir una película y comenzaron a utilizarlo desde el rodaje. Y uno de ellos cambió definitivamente la relación entre IMAX y los blockbusters.

Christopher Nolan convirtió IMAX en parte de la película

En 2008, El Caballero de la Noche se convirtió en la primera gran producción de Hollywood en utilizar cámaras IMAX para filmar varias de sus secuencias. La diferencia no era únicamente técnica: cuando la imagen se expandía durante escenas como el asalto al banco, la escala formaba parte de la narración.

Christopher Nolan continuó experimentando con el formato en películas posteriores como Inception, Interstellar, Dunkirk y Tenet, hasta llegar a Oppenheimer. Con esta última, la experiencia IMAX dejó de ser un detalle reservado para los aficionados a la tecnología y se convirtió en parte de la campaña cultural alrededor de la película. Conseguir boletos para determinadas funciones en IMAX 70 mm se volvió un acontecimiento en sí mismo.

El mensaje era claro: podías esperar para verla en casa, pero no estarías viendo exactamente la misma experiencia.

Las películas en IMAX hicieron que el tamaño volviera a importar

Nolan no es el único director que ha aprovechado esa idea. Denis Villeneuve encontró en IMAX un aliado natural para construir la monumental escala de Dune. Los desiertos interminables de Arrakis, los gusanos de arena y las enormes naves espaciales adquieren otra dimensión cuando ocupan prácticamente todo el campo de visión del espectador.

El sonido también juega un papel fundamental. En producciones como Dune, no solo importa contemplar la escala del mundo, sino sentirla. Eso explica parte del atractivo de las películas en IMAX. No se trata únicamente de aumentar el tamaño de una imagen que eventualmente podremos ver en streaming. La intención es transformar la película en una experiencia física donde imagen, sonido y espacio trabajan juntos.

En una época en la que prácticamente cualquier contenido termina llegando a nuestras casas, esa diferencia se ha convertido en una de las herramientas más poderosas de las salas.

El streaming cambió el cine, pero también hizo más valiosa la experiencia

Durante años se habló del streaming como una posible amenaza para las salas. Y aunque cambió profundamente nuestros hábitos, también terminó provocando un efecto curioso: hizo que salir de casa para ver una película necesitara una justificación mayor.

Si una cinta puede estar disponible unos meses después en una plataforma, ¿por qué pagar un boleto? Hollywood parece haber encontrado parte de la respuesta en convertir determinados estrenos en eventos.

Las películas en IMAX, las funciones en 70 mm y otros formatos premium ofrecen algo difícil de replicar incluso con una excelente televisión: la sensación de estar frente a una imagen que ocupa prácticamente todo nuestro campo de visión y compartir esa experiencia con una sala llena de desconocidos. Ya no pagamos únicamente por acceder a una película. Pagamos por la manera en que queremos experimentarla.

¿El futuro del cine será cada vez más grande?

Todo indica que las salas seguirán apostando por diferenciarse de aquello que podemos encontrar en casa. Mientras las televisiones continúan creciendo y los sistemas de sonido domésticos mejoran, el cine responde con pantallas premium, proyectores de mayor calidad, formatos especiales y producciones concebidas específicamente para aprovecharlos.

Para los estudios, además, este tipo de funciones permite convertir ciertos lanzamientos en acontecimientos. Y para los cineastas representa la posibilidad de trabajar con una escala que continúa siendo difícil de reproducir fuera de una sala. El reto será conseguir que el formato no se convierta simplemente en una etiqueta premium, sino en una herramienta que realmente aporte algo a la película.

Hay cosas que todavía queremos ver en grande

Quizá la pregunta nunca fue por qué seguimos pagando por ir al cine cuando podemos ver películas en casa. Desde Cinerama y el 70 mm hasta IMAX, Hollywood lleva décadas enfrentándose al mismo desafío: recordarnos que algunas historias pueden sentirse diferentes cuando son más grandes que nosotros.

Podemos ver Oppenheimer desde el sillón. Podemos recorrer Arrakis en nuestra televisión. Podemos pausar la película, subir el volumen y tener nuestras palomitas favoritas a unos pasos de distancia. Pero hay algo difícil de reproducir cuando las luces no se apagan frente a una pantalla gigantesca.

Por eso las películas en IMAX siguen teniendo sentido en plena era del streaming. No pagamos únicamente por descubrir qué sucede en la pantalla. Pagamos por sentir que, durante un par de horas, estamos dentro de ella.

Spoiler Show #26