¿Por qué los actores siguen haciendo sus propias escenas de riesgo en el cine? La tradición que Hollywood se niega a abandonar

Escenas de riesgo en el cine
Fuente: Paramount Pictures
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Saltar de un edificio, conducir a toda velocidad, colgarse de un avión en pleno despegue o lanzarse al vacío desde una montaña son cosas que, gracias a los efectos digitales, ya no necesariamente tienen que ocurrir para aparecer en una película y, sin embargo, algunos actores siguen haciendo sus escenas de riesgo en el cine.

En una época en la que prácticamente cualquier escenario, criatura o secuencia puede construirse digitalmente, las escenas de riesgo en el cine se han convertido paradójicamente en uno de los mayores atractivos de las grandes producciones.

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Ya no basta con ver una persecución espectacular: también queremos saber cómo fue realizada.

Las campañas de películas de acción muestran detrás de cámaras, entrenamientos y videos que prueban que aquello que acabamos de ver ocurrió realmente frente a una cámara. Tom Cruise convirtió esa idea en parte fundamental de Mission: Impossible, pero la obsesión del cine por desafiar los límites físicos comenzó mucho antes.

Buster Keaton arriesgaba el cuerpo cuando todavía no existían los efectos digitales

Mucho antes del CGI, las computadoras o incluso el cine sonoro, Buster Keaton ya había entendido que el peligro podía convertirse en espectáculo.

Durante los años 20, el actor y director protagonizó algunas de las secuencias físicas más impresionantes del cine mudo. Trenes en movimiento, vehículos, caídas y estructuras completas formaban parte de escenas que debían resolverse prácticamente frente a la cámara.

Una de las imágenes más famosas de su carrera aparece en Steamboat Bill, Jr., cuando la fachada de una casa cae alrededor de Keaton y una ventana abierta evita que sea aplastado. La precisión necesaria para realizar la escena convirtió aquel momento en una de las grandes imágenes de la historia del cine.

En una época donde no existía una alternativa digital, la ilusión dependía de la planificación, la coordinación y, muchas veces, del riesgo real.

Así comenzó una tradición que Hollywood nunca abandonaría por completo.

Jackie Chan convirtió las escenas de riesgo en parte de su identidad

Décadas después, Jackie Chan llevó esa filosofía todavía más lejos.

Sus películas mezclaron artes marciales, comedia física y acrobacias para crear un estilo donde las escenas de riesgo en el cine no eran simplemente un complemento de la acción: eran parte de la personalidad del protagonista.

Chan saltó entre edificios, descendió por estructuras, peleó sobre vehículos en movimiento y convirtió prácticamente cualquier objeto cotidiano en una herramienta para construir una secuencia de acción.

Pero también hizo algo que cambiaría nuestra relación con los stunts: mostró los errores.

Los bloopers incluidos al final de muchas de sus películas revelaban caídas, golpes y tomas fallidas. En lugar de destruir la ilusión, comprobar lo difícil que había sido realizar aquellas escenas las hacía todavía más impresionantes.

El público ya no admiraba únicamente al personaje. También admiraba al actor detrás de él.

Tom Cruise convirtió el peligro en una campaña de marketing

Si Jackie Chan convirtió los stunts en parte de su identidad, Tom Cruise los convirtió en parte de la expectativa alrededor de cada estreno.

Con el paso de las entregas de Misión: Imposible, la pregunta dejó de ser únicamente cuál sería la nueva misión de Ethan Hunt. También comenzó a surgir otra: ¿qué hará Tom Cruise esta vez?

Ha escalado el Burj Khalifa, permanecido sujeto al exterior de un avión durante el despegue, realizado saltos HALO y conducido una motocicleta desde el borde de una montaña antes de lanzarse en paracaídas.

Las secuencias son espectaculares dentro de las películas, pero su impacto comienza mucho antes del estreno.

Los videos detrás de cámaras, entrevistas y materiales promocionales muestran meses de preparación y múltiples ensayos necesarios para conseguir unos cuantos minutos de película. Saber que el actor realmente estuvo ahí se convirtió en parte de la razón para comprar un boleto.

La escena de riesgo dejó de ser únicamente una herramienta narrativa para transformarse también en un evento publicitario.

¿Por qué hacer algo real importa si el CGI puede hacerlo todo?

Los efectos visuales permiten crear prácticamente cualquier cosa. Entonces, ¿por qué continuar arriesgándose?

La respuesta está, en parte, en aquello que percibe el espectador.

Cuando un automóvil realmente se mueve, un actor realmente salta o una explosión ocurre físicamente en el set, la cámara captura detalles difíciles de reproducir: el peso, la gravedad, la luz, el movimiento y la reacción del entorno.

Eso no significa que las grandes películas contemporáneas prescindan del CGI. Al contrario, muchas de las secuencias que se promocionan como prácticas también utilizan efectos digitales para eliminar equipos de seguridad, extender escenarios o aumentar el impacto visual.

La diferencia está en el punto de partida. Para muchos cineastas, combinar efectos prácticos con herramientas digitales permite mantener una sensación de realidad mientras se utiliza la tecnología para conseguir aquello que sería imposible, o demasiado peligroso, realizar físicamente.

Las escenas de riesgo en el cine también dependen de quienes no vemos

Hablar de actores que realizan sus propios stunts puede crear una idea equivocada: ninguna gran secuencia de acción ocurre gracias a una sola persona.

Detrás de cada salto, persecución o caída existe un enorme equipo de coordinadores de stunts, dobles, especialistas, técnicos, diseñadores y profesionales de seguridad encargados de convertir una idea aparentemente imposible en una secuencia controlada.

Los dobles de acción, en particular, han sido fundamentales en la historia del cine, aunque durante décadas su trabajo permaneció lejos del reconocimiento que recibían las estrellas frente a cámara.

La espectacularidad de una escena no depende de ignorar el riesgo, sino precisamente de entenderlo, calcularlo y reducirlo todo lo posible.

Incluso cuando un actor decide realizar una parte de la acción, existe detrás un equipo cuya labor consiste en asegurarse de que aquello pueda hacerse de la forma más segura posible.

El cine contemporáneo volvió a enamorarse de lo práctico

Tom Cruise no es el único ejemplo de esta búsqueda por recuperar una sensación de realidad.

Durante los últimos años, varias producciones han convertido los efectos prácticos, las coreografías físicas y los stunts en parte de su identidad. Desde persecuciones y combates hasta explosiones y vehículos reales, mostrar cómo se realizó una escena se ha convertido casi en una extensión de la propia película.

Existe una razón para ello. Cuanto más acostumbrado está el público a las imágenes creadas digitalmente, más extraordinario parece descubrir que algo ocurrió realmente.

En ese sentido, el avance tecnológico produjo una paradoja inesperada: cuanto más fácil resulta crear lo imposible en una computadora, más fascinante se vuelve comprobar que alguien decidió hacerlo de verdad.

¿Cuál es el futuro de las escenas de riesgo?

Probablemente no exista una batalla entre efectos prácticos y CGI. El futuro apunta precisamente hacia la combinación de ambos. La tecnología permite realizar secuencias que generaciones anteriores de cineastas apenas podían imaginar, mientras que los efectos prácticos aportan peso, textura y una sensación física que continúa siendo difícil de reemplazar.

Al mismo tiempo, la conversación sobre seguridad y reconocimiento de los profesionales de stunts ocupa un espacio cada vez más importante dentro de la industria. El objetivo ya no debería ser comprobar cuánto peligro puede soportar una estrella, sino encontrar maneras cada vez más innovadoras y seguras de crear imágenes espectaculares.

Porque detrás de una gran escena de acción no debería existir imprudencia, sino preparación.

A veces queremos saber que realmente ocurrió

Desde Buster Keaton hasta Jackie Chan y Tom Cruise, las escenas de riesgo en el cine han cambiado tanto como la tecnología utilizada para filmarlas.

Antes eran necesarias porque no existía otra manera de crear determinadas imágenes. Hoy, cuando prácticamente cualquier cosa puede construirse digitalmente, hacer algo físicamente frente a la cámara se ha convertido en una elección.

Y quizá por eso nos impresiona tanto. Podemos saber que existe un arnés que después será eliminado, que hubo meses de preparación y que un enorme equipo estuvo detrás de cada segundo. Nada de eso destruye la magia.

Al contrario. En una era en la que el cine puede hacernos creer que absolutamente cualquier cosa es posible, descubrir que alguien realmente saltó, condujo, escaló o cayó frente a una cámara todavía consigue algo difícil de generar con una computadora: hacernos preguntarnos “¿de verdad hicieron eso?”

Spoiler Show #26