La Ley Federal de Cine y el Audiovisual representa la actualización más importante al marco legal de la industria mexicana en más de tres décadas. La nueva legislación incorpora por primera vez a las plataformas digitales, establece nuevas medidas para la exhibición de películas nacionales y busca ampliar su acceso para las audiencias.
El cambio llega después de años de una paradoja para el cine mexicano: se realizan numerosas producciones, pero muchas continúan teniendo dificultades para encontrar público. Algunas desaparecen de cartelera en pocos días; otras llegan al streaming y terminan perdidas entre miles de títulos.
Mientras tanto, creadores, distribuidores y exhibidores han debatido durante años cómo construir mejores condiciones para que las historias hechas en México puedan competir en un mercado cada vez más complejo y exigente.
Es por eso que ahora se habla de plataformas digitales y, por supuesto, nuevas medidas para fortalecer la presencia del cine mexicano.
Pero entre artículos, porcentajes y lenguaje jurídico existe una pregunta mucho más sencilla: ¿qué cambiará realmente para quienes van al cine o consumen películas mexicanas desde casa? La respuesta no es definitiva (todavía), pero la nueva ley ofrece pistas sobre el rumbo que podría tomar la industria.
¿Será más fácil encontrar cine mexicano en cartelera?
Sin duda, este es el tema que más directamente impactará al público. Durante años, uno de los reclamos más frecuentes a la industria es que muchas producciones nacionales tienen dificultades para estrenarse en todos los territorios; y si lo logran, se mantienen muy poco tiempo en exhibición. No es suficiente para encontrar una audiencia, o para que la audiencia las encuentre.
Cualquier cinéfilo mexicano se puede identificar. Una película mexicana se estrena, recibe comentarios positivos en su primer fin de semana y, cuando alguien por fin quiere verla días después, descubre que ya salió de cartelera o solo queda una función en el horario menos accesible.
La Ley Federal de Cine y el Audiovisual intenta cambiar esa dinámica mediante dos medidas clave: al menos 10% del tiempo de exhibición deberá destinarse al cine mexicano y las producciones nacionales tendrán una permanencia mínima de 14 días.
Cierto es que ninguno de estos mandatos garantiza una taquilla robusta para las películas. Y tampoco significa que todas las producciones mexicanas estarán esas dos semanas en la mejor de las condiciones. Pero sí hay una idea en común: las películas necesitan tiempo para encontrar espectadores, y viceversa.
Estas medidas también han generado debate dentro de la industria. Algunos exhibidores y especialistas consideran que todavía falta claridad sobre la forma en que se calculará la cuota de pantalla y cómo se aplicará la permanencia mínima sin afectar la programación de las salas.
Se deben tomar en cuenta los horarios, el número de pantallas y la competencia con grandes producciones a las que se les destinan las salas más grandes o los formatos especiales. La verdadera pregunta no es si las películas estarán más tiempo en cartelera, sino cuáles serán las condiciones que traduzcan su estadía en boletos vendidos.
Si en unos años resulta más común encontrar cine mexicano en horarios competitivos y con una presencia constante en cartelera, podrá decirse que la reforma generó cambios visibles.
¿Habrá más contenido mexicano en Netflix, Disney+ y otras plataformas?
Las salas representan parte del problema, pero en las plataformas de streaming encontramos otra. La última década nos ha traído enormes cambios en la forma que consumimos cine o series. Los cines ya no son la única puerta de entrada a estos contenidos; ahora debemos contar a Netflix, Disney+, Prime Video y HBO Max, entre otras plataformas, como parte del ecosistema. La antigua regulación mexicana no contemplaba su papel, pero ahora es diferente.
Por primera vez, dichos servicios están dentro del marco legal del audiovisual mexicano. Además, deberán contar con espacios dedicados a las producciones nacionales que integran sus catálogos. La intención, por supuesto, es aumentar la visibilidad del cine mexicano dentro de entornos digitales donde incluso las mejores películas se pierden.
Pero hay un gran reto: la visibilidad no es, únicamente, que el contenido esté en la plataforma, sino cómo se muestra. De nada sirve un catálogo que contemple cientos de títulos mexicanos cuando son difíciles de encontrar para la mayoría de sus usuarios. ¿Bastará con crear una sección dedicada al cine mexicano o deberán realizar acciones adicionales para destacar estos contenidos frente a sus usuarios?
Mientras tanto, que el streaming ya forme parte de un marco legal y se reconozca su valor nos habla de un reconocimiento a la realidad del mercado audiovisual.
Subtítulos y audiodescripción también entran en la nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual
Otro tema presente en la ley es la accesibilidad. Puede que reciba menos comentarios en comparación con la discusión sobre cuotas de pantalla u horarios, pero es un aspecto vital para garantizar que más gente realmente pueda disfrutar contenidos audiovisuales.
La nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual contempla medidas como subtítulos, audiodescripción y otras herramientas que amplíen el acceso a personas con todo tipo de necesidades. Tales temas ocuparon, durante mucho tiempo, un lugar secundario en las conversaciones, pero los nuevos estatutos son claros: la accesibilidad no es una opción, es un derecho para las audiencias.
Como sucede con los tiempos en pantalla, será interesante ver si las intenciones se transforman en realidades visibles. Hablar de subtítulos y audiodescripciones requiere fondos, procesos adicionales y otros movimientos que pueden resultar excesivos para producciones independientes, por ejemplo.
Aun con ello, no deja de ser esperanzador que el nuevo marco legal piense siquiera en construir una industria que verdaderamente sea para todos.
¿Habrá mayor diversidad de historias?
Durante años, mucho se ha dicho y escrito sobre la cantidad de recursos con que se apoya al cine mexicano, pero también sobre cómo se distribuyen. Se ha señalado la necesidad de ampliar oportunidades a realizadores independiente, regionales, y también a comunidades que, históricamente, han tenido menos acceso a los apoyos del Estado.
En la nueva ley se contempla el fortalecimiento de una industria más diversa y representativa, pero mucho dependerá de convocatorias, criterios de selección y las políticas públicas aprobadas. Ninguna legislación pero se puede garantizar el fin de las desigualdades, pero sí se toma en cuenta que la diversidad es benéfica para quienes hacen cine, y sobre todo para quienes lo ven.
Si hay una industria con más historias, tendremos más perspectivas y más regiones representadas. Ampliar quién puede acceder a esos apoyos también puede ampliar las historias, regiones y perspectivas que terminan llegando a pantalla.
¿Cómo sabremos si la ley funcionó?
Aunque la reforma ya entró en vigor y establece cambios esperados por muchos, varias de sus medidas todavía necesitan reglas específicas para funcionar en la práctica. Ahí entra en juego el Reglamento, que aún no se publica, y el cual deberá desarrollar aspectos fundamentales de la ley para entender su alcance.
Temas como la forma de calcular la cuota de pantalla, los criterios para supervisar la permanencia de las películas mexicanas en cartelera, e incluso el significado de una sección “relevante” dentro de las plataformas aún requieren definiciones más precisas.
La ley representa una actualización muy esperada y responde a preocupaciones de antaño, pero la discusión ahora está en cómo esas ideas se volverán reglas concretas y, sobre todo, efectivas para exhibidores, plataformas, productores y autoridades.
Quizá la gran mayoría de los espectadores nunca leerá por completo el texto de la reforma. Tampoco seguirá las discusiones sobre la supervisión de sus cambios o la forma en que se cumple con los lineamientos. Pero sí debe notar los resultados en cartelera o en su servicio de streaming favorito.
¿Hay más cine mexicano disponible? ¿Es más fácil encontrarlo? ¿Puede ir al cine y verlo en un horario competente a pesar de las producciones hollywoodenses exhibidas? ¿Llegan a los cines cercanos historias que antes tenían poca posibilidad de ser vistas?
La Ley Federal de Cine y el Audiovisual no resolverá por sí sola todos los problemas de la industria mexicana. Tampoco lo hará su Reglamento. La verdadera prueba llegará frente a una pantalla.
Si dentro de algunos años un espectador puede encontrar más fácilmente una película mexicana, verla en un horario competitivo, descubrirla dentro de su plataforma favorita o acceder a ella sin barreras, entonces la reforma habrá dejado de existir únicamente sobre el papel.
Porque al final, el éxito de una ley sobre cine no se medirá solamente en artículos y porcentajes, sino en qué tan fácil resulte para el público encontrarse con el cine mexicano.
