Hay que rendirle culto a The Lost Boys, la primera producción audiovisual de terror para el público femenino adolescente

El terror solía ser sexista. Piénsalo: violencia masculina, acoso desenfrenado y víctimas femeninas fueron siempre ejes muy importantes para el género. Cualquier cinta o serie creada pensando en una audiencia femenina se veía sospechosa. Y entonces llegó Joel Schumacher, se enfrentó a una masa iracunda y produjo The Lost Boys (1987), tal vez la primera película de terror destinada al público de chicas adolescentes.

Basada en un guion escrito por Janice Fischer y James Jeremias, The Lost Boys se concibió originalmente como una versión de terror de The Goonies, con vampiros adolescentes perseguidos por un trío de niños de 9 años. Sin embargo, con Schumacher como director, se transformó en algo un poco más oscuro y sexy, para una audiencia adolescente mayor. Schumacher trajo a Jeffrey Boam para reescribir el guion, quien envejeció a los personajes, y el director hizo una película brillante y elegante que no da miedo exactamente, pero es espeluznante y tiene más atmósfera que una docena de películas slasher estrenadas durante el mismo periodo de tiempo.

Más allá de la madre del protagonista, Sam (Corey Haim), Lucy (Dianne Wiest), y Star (Jami Gertz), casi no hay otros personajes femeninos, ni siquiera parados solo para ser víctimas o atractivos para la vista. Y así la película es como la película se erige como sexy y no sexual: incluso la escena de amor entre el hermano mayor de Sam, Michael (Jason Patric) y Star es romántica, sin un solo rasgo de desnudez gratuita. Si comparamos esa escena con Fright Night, lanzada dos años antes, donde el vampiro no es un adolescente con cara de niño, sino un hombre de 40 años, que seduce a su joven presa presionando su entrepierna contra ella y poniendo una mano entre sus piernas mientras bailan, las cosas quedan más que claras.

Si a lo anterior le sumamos que el villano, David (Kiefer Sutherland), es sutil en su peligrosidad, cierra por todos lados lo que comenté más arriba: es el chico malo de las producciones para chicas adolescentes, el que podría ser domesticado con solo un poco de amor; es el malo atractivo que comanda a un grupo que también hace suspirar a las jóvenes. Sí: los malos valen tanto como los buenos.

The Lost Boys también podría ser catalogada como la primera película en hacer que ser un vampiro parezca genial. En el póster de la película se da una pista: «Duerme todo el día. Festeja toda la noche. Nunca mueras. Es divertido ser un vampiro». David y los demás no van a la escuela, no tienen que vivir la vida sombría e itinerante de los vampiros clásicos, ni siquiera tienen que irse de Santa Carla, una ciudad con parques de diversiones junto a la playa que es una fiesta las 24 horas: es la vida esperada por cualquier adolescente, extrañamente glamorosa. David y los otros vampiros simplemente pasan el rato allí todo lo que quieren, fumando sustancias prohibidas y comiendo comida china y pizza sin tener que responderle nada a nadie.

La tradición representó durante años a los vampiros con un aire de tragedia, atrapados en un eterno dolor ya sea por su pasado mortal o por un amor perdido. David y los demás están tranquilos y felices por ser lo que son. No solo no sabemos de dónde vinieron, cuánto tiempo han sido vampiros o si todavía hay alguien en el mundo buscándolos: no hay indicios de que ninguno de ellos extrañe lo que solían ser. Como reza el lema punk (casualmente David y los suyos visten con harapos demasiado cool… como punks de galería, digamos), no hay futuro, o, tal vez, no hace falta uno para estos jóvenes villanos: todo lo que les importa es ahora, la mejor parte de ser joven, y pueden vivir de esa manera para siempre. 

The Lost Boys marcó un antes y un después para el género de terror. Sin esta cinta, las jóvenes estarían buscando siempre un amor platónico perfecto, leal y sano. Gracias Joel Schumacher por tanto, perdón por tan poco.

Spoiler Show #12