Ni bien estrenó Bilardo: el doctor del fútbol el grito de la crítica (positiva generalmente) quebró el cielo. Desde diversos análisis por el material de archivo procesado, pasando por el cuestionamiento por la cantidad y/o calidad de interlocutores que la producción contactó hasta si el campeón del mundo realmente es el último genio de la táctica futbolística.
Lo anterior es muy válido y hasta necesario: la figura de Carlos Salvador Bilardo no puede escapar de la polémica, hasta cuando se hace un documental sobre su vida. Sin embargo, todo ello es la superficie de lo que se puede leer entre líneas de lo que la serie termina demostrando. Y es que Bilardo: el doctor del fútbol es un recorrido por la pregunta metafísica más importante de todas las épocas: ¿qué es vivir?
Fuente: HBO
Los 4 episodios de la serie comienzan por su final. Con un muy emotivo cuarto capítulo titulado Me olvidé de vivir se plantea lo que muchos seres humanos buscamos: entender nuestro paso por el mundo bajo los conceptos socioculturales occidentales tendentes y otras yerbas, como decimos en Argentina.
Con la cortina de fondo, un Julio Iglesias entonando la canción melódica Me olvidé de vivir (J’ai oublié de vivre es su título original y fue compuesta por Pierre Billon y Jacques Revaux), el episodio pasa, y es el más íntimo del compendio. Hasta este apartado entendimos que el fútbol fue, es y será la obsesión total para Carlos Salvador Bilardo, dejando de lado a su familia; nos hacen entender que el homenajeado siente que perdió tiempo y no se ocupó como debería de sus relativos más cercanos, su hija y su esposa. Todo eso cae cuando Daniela, su única heredera, cuestiona lo que su propio progenitor, tan matemáticamente enfermo para el balompié, pregonó: según ella su padre no fue malo, fue diferente, y rescata que le dejó enseñanzas a futuro como la honestidad, el compromiso y el hacerse un nombre en la historia.
A partir de ese momento, el relato toma un giro totalmente diferente si lo vemos en retrospectiva. Y es que en la misma cuarta entrega se hacen presentes muchas referencias al espacio religioso. Desde el casamiento de Bilardo y su compañera Gloria, pasando por visitas a iglesias juntos para cerrar con un Diego Armando Maradona emocionado deseándole mucha felicidad a Daniela: el occidentalismo pesa para este hombre tan peculiar.
Una y otra vez los entrevistados dicen que Bilardo estaba loco, que respiró todo el tiempo fútbol. Y allí el quid de la cuestión: así como desafió al establishment de las posiciones tácticas futbolísticas con su formación 3-5-2 (que devenía 5-3-2 según mejor conviniera), así como sus métodos resonaban extraños por no decir poco ortodoxos en muchos casos, Carlos Salvador Bilardo, con culpa, eso sí, cuestionó con su accionar el status quo del estilo de vida occidental al ser un padre supuestamente ausente.
Queriéndolo o no, tanto Bilardo: el doctor del fútbol como el protagonista mismo dialogan con el análisis sobre la locura volcado por Michel Foucault en el libro Los Anormales: aquellos “otros” para la sociedad imperante son juzgados, apartados, alienados. Ahora, el tema no es qué piensa la mayoría, sino si el supuestamente lunático cree o no en esa determinación, si insiste o no en su derrotero, si se focaliza en su objetivo o abandona. En el caso de Bilardo, no bajó los brazos, y lo importante de su insistencia es que terminó enseñando sus costumbres, siendo emulado por otros en varios ámbitos, torciendo los brazos de la normalidad, creando así una nueva y particular forma de afrontar la cotidianidad.
Fuente: HBO
Carlos Salvador Bilardo fue, es y será un faro, una persona comprometida cuyo objetivo era el triunfo en su profesión y en sus valores sobre todas las cosas, a como dé lugar. La pregunta rebota en todos los postes del arco de la biografía: ¿qué es ser normal? Para mí por lo menos la respuesta es simple: ganar ganar ganar.
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