Ya lo dijimos mil millones de veces: el 25 de Febrero vuelve la serie más popular de la TV actual. The Walking Dead regresa luego de haber sorteado una séptima temporada un tanto polémica y prosigue con esta octava temporada que está dejando un buen sabor: una guerra creíble, la muerte (para bien o para mal, habrá que ver el desarrollo de la trama) de un personaje principal y un sinfín de posibilidades a tratar en el futuro, ya que de a poco (y creemos que para MUY bien) se está alejando del cómic.
La primera serie mainstream que naturalizó a la perfección la igualdad de género


La serie basada en los cómics escritos e ideados por Robert Kirkman hace tiempo que dejó de ser una simple serie de pseudo terror con zombies en su menú; pasó claramente a la descripción total de la naturaleza humana, más allá de los sinsabores que en ciertos momentos tuvimos que soportar, como los famosos ‘episodios de’, o sea, aquellos capítulos que se centraban en historias personales.
Pero no solo eso: The Walking Dead es la perfección en el mundo series actual si hablamos de un tema que hoy día genera mucho debate, el de la igualdad de género.

En los últimos dos trailers a esta segunda parte de la octava temporada notamos algo constante y que se fue acrecentando a lo largo de la supervivencia de Rick y los suyos: las mujeres tuvieron, tienen y tendrán los mismos derechos, fuerza y liderazgo que los hombres.
Ok, Rick es el protagonista de la historia, pero es una casualidad total si lo pensamos fríamente (más si lo relacionamos con Fear The Walking Dead, el spin-off que lleva adelante el personaje femenino de Madison, y con una holgura envidiable). La historia no gira ya alrededor de Rick + familia de sangre sino de sobrevivientes + sobrevivientes.

Si desmenuzamos a los personajes principales veremos que Maggie es tan líder como Rick, que Carol es tan astuta y comprometida como Glenn y que Michonne es tan badass como Daryl. Podemos seguir con la lista: hay médicos y médicas, hay trabajadores y trabajadoras, hay villanos y villanas.

Retomemos lo último, lo de villanos y villanas. Porque, claro, eso hay que recalcarlo: Jadis es una villana hecha y derecha, tan líder del mal, digamos, como lo fueron Shane (sí, él fue el primero) y El Gobernador, como lo es Negan. A su vez, estos tres últimos son interesantes: de alguna manera Shane, El Gobernador y Negan, los tres máximos némesis hasta el momento, representan al viejo mundo, a la sociedad vetusta; enfrentan la situación, cual el personaje de Ariel en el ensayo publicado por el uruguayo José Enrique Rodó en 1900, desde un pedestal de ignorancia y poder que se rige por una pirámide de machismo total.

Pero esto no es todo. La igualdad de género está tan naturalizada en los personajes que desean un ‘mundo nuevo’ y ‘bueno’ como otro tema candente en la agenda social de cualquier región: el de la sexualidad. Homosexuales femeninos y masculinos vagan por la historia sin tener que dar más explicaciones que el cariño hacia las personas de su mismo sexo. Que Aaron, Jesus, Tara y varios etcéteras amen de manera homosexual no tomó ni toma ni tomará más de 2 o 3 minutos de cualquiera de los episodios ya pasados, presentes o futuros. El dilema lo hacen los espectadores, y pasa como agua por un río para la producción. Porque, seamos serios y justos con nosotros mismos: solamente el público está totalmente desesperado por saber, por ejemplo, si Daryl es o no es gay, cosa que no sucede en la trama, cosa que no le mueve un pelo al deseo final de lo que se quiere contar. Y eso es ULTRA maravilloso, totalmente aplaudible.

Por lo tanto, The Walking Dead no demuestra una tirantez exacerbada para demostrar que un nuevo mundo DEBE erigirse; no cae en la protesta artística en demasía y hasta escandalosa de The Handmaid’s Tale; no realiza el giro de una suerte de serie-exclusiva-de-y-para-mujeres de Big Little Lies; no se mofa del público con el izaje de figuras femeninas que podríamos decir que están programadas para liderar porque sí como en Game Of Thrones: The Walking Dead se erige en el mundo series con una propuesta fresca, leal y verdadera, y eso hay que celebrarlo muchísimo.