Estamos en una época que evoca las emociones más puras y sinceras de todo el año, pues algo tiene de especial el invierno que provoca que las personas encuentren a ese ser romántico empedernido que llevan por dentro, y es aun más gratificante el encontrar una historia de ficción que solamente termina por explotar ese sentimiento. Cuando hablamos de visiones y planteamientos netamente relacionados con enamorar a una persona que nos atrae, sin duda pensamos en una cita que involucre el caminar, puntos extras si es caminar bajo la lluvia, y más puntos extras si es caminar bajo la lluvia en una gran urbe como lo es la ciudad de Nueva York, porque no hay nada más cliché y romántico que eso. Sumando todo lo anterior, tenemos por resultado un producto de nombre A Rainy Day in New York (Un día lluvioso en Nueva York), lo más nuevo del polémico cineasta Woody Allen, quien parece retomar el buen camino.
Woody Allen recupera elementos propios para narrar una historia plagada de introspección y amor, pero…

La historia nos lleva a conocer a Gatsby Welles (Timothée Chalamet) y Ashleigh (Elle Fanning), una joven pareja enamorada de universitarios que se dispone a pasar un fin de semana en la ciudad de Nueva York. Ella va a entrevistar al reconocido cineasta Roland Pollard (Liev Schreiber), que pasa por un momento de crisis creativa, y durante su impactante y reveladora aventura, conocerá al cautivador actor Francisco Vega (Diego Luna). Por su parte, Gatsby también conocerá a una joven, Chan (Selena Gómez), que le ayudará a poner en orden sus sentimientos. El lluvioso fin de semana estará plagado de encuentros, desencuentros y bastante descubrimiento personal.
Como tal, y como se deben imaginar, la cinta utiliza los elementos clásicos del cine de Allen para llevar una narrativa sumamente bohemia, nostálgica y muy íntima, pues el propio cineasta proyecta su ser en un personaje que parece atrapado en el pasado, que disfruta de los tonos clásicos que vuelven a alguien un ser con aparente madurez e intelectualidad, pero que se desconcierta con su actualidad, encontrándose en el limbo entre el estar en el presente o añorando el pasado o su inherente futuro. Timothée encuentra a la perfección el balance que representa una existencia como la de Gatsby, pues parece que la naturalidad la trae por añadidura, el poseer un alma de antaño en un cuerpo con extrema delicadeza que fluye con simplicidad dentro de una trama que se empeña a cada segundo en cuestionar su propio vivir. Aunque la cinta sin duda da una remembranza a clásicos como Manhattan (1979), Annie Hall (1997) o Midnight In Paris (2011), aquí encuentra un atisbo especial por el recurso de sus jóvenes protagonistas, quienes dotan de frescura una historia que parecería sumamente gastada.

El carisma de los personajes, centrado en nuestros 3 ilustres actores en rol principal, dotan de una encantadora travesía todo el devenir de la historia, y así como se hacía alusión a la gran interpretación de Chalamet, se destaca en especial la de la joven Elle Fanning, quien sale de su molde tradicional para interpretar a una joven inocente, risueña que tiende a impactarse con cualquier situación y que simplemente no puede decir que no a nada; simple y algo insulsa, se verá inmersa en irregulares situaciones que la atraparán como una carnada y solamente la arrastran hacia el mar de problemas de pronto tendrán sus repercusiones. Selena Gómez, por su parte, personifica a una persona más atrevida, perspicaz y sutil, que de a poco ganará el interés del espectador y de nuestro pequeño Gatsby, aunque su actuación en menor medida da la notada requerida.

El uso de la cámara ayuda a este experimentado director para llevar una transición fluida y estética entre cada escena, convirtiéndola en un protagonista más de la historia, pues su elegancia acompasa el movimiento de cada uno de los personajes, quienes se ven envueltos en un ambiente sonoro impregnado por el enérgico y siempre fino jazz que dota de vibraciones únicas cada situación, y que decir de la mezcla de los sonidos que envuelven a la gran ciudad, atrapantes y envolventes.
La fotografía como tal cumple con la expectativa aunque tampoco encuentra un momento para lucir a plenitud, y es cierto que las propias calles, edificios y parques de Nueva York engalanan cualquier tipo de producción por cuenta propia. Un homenaje para una de las ciudades más bellas, concurridas, la que vio nacer a este peculiar director.
Pero...
Sin duda alguna no es uno de los mejores trabajos de Allen, que si bien es grato reconocer que ha vuelto a tomar viejos elementos que lo han convertido en un respetado cineasta, se encuentran todavía tópicos desgastados en su haber, con una historia y personajes de cajón y molde que apenas consiguen destacar de entre el océano de producciones que el director posee en su haber y que aunque es un intento noble por entregar un filme enternecedor, no logra repuntar hacia la cima de lo trascendental, ya que no encuentra elementos extraordinarios que la vuelven un clásico instantáneo. Además, su tercer acto termina por perder la fuerza necesaria para cerrar con gran entusiasmo.
Aunque consigue encaminar al espectador en un viaje hacia su intimidad y permite una introspección real, difícilmente quedará catalogada como una pieza de arte o especial.

En resumen
A Rainy Day in New York está ideada para ser disfrutada como una clásica historia sobre amor, descubrimiento y situaciones que todos amaríamos nos ocurrieran en la vida real, pues utiliza los elementos más concurridos dentro de la melancolía y la cursilería para establecer dos variantes muy distintas con respecto a la aventura personal que representa el viajar y explorar una magna ciudad plagada de elementos románticos y fantásticos. Es simple, maravillosa, melosa y muy eficaz.
