¿En qué radica el valor de los Universos Cinematográficos?

Hubo un tiempo en que la cumbre del éxito cinematográfico era la trilogía.  Star Wars es el ejemplo por excelencia con su Trilogía Original y aunque su alta popularidad propició una relación directa con el blockbuster, la tendencia ha abarcado todo tipo de proyectos sin distinción de géneros o presupuestos. Tal es el caso del drama con El padrino o la Before Trilogy, así como el terror con El exorcista o Poltergeist. Incluso las hay temáticas, como la mítica trilogía de la victoria de John Ford o la más reciente del dolor a cargo a Alejandro González Iñárritu.

El impacto de la tendencia fue tal que incluso hoy día el cine suele moverse de tres en tres: con trilogías puras o franquicias subdivididas que operan en tercios como X-Men. Incluso Marvel Studios preserva esta estructura con trilogías individuales como las de Iron Man y Capitán América, así como en sus tres fases que desembocaron en una gran culminación con Avengers: Infinity War. Pero los tiempos han cambiado y aunque tres películas no son nada despreciables, hoy casi parecen insuficientes para una industria que exige más. Algo que ha desembocado en los universos cinematográficos.

El concepto resuena con fuerza en la actualidad, pero aun así genera una gran confusión. La mejor manera de entenderlo es con su gran referente: el Marvel Cinematic Universe, con los Vengadores como eje central y una serie de películas individuales rodeándole para dar identidad a su amplísima gama de héroes y villanos.

No debe confundirse con una serie fílmica como X-Men que siempre giró en torno al equipo central, mientras que las acciones de Wolverine, Deadpool e incluso Los nuevos mutantes nunca repercutieron en la trama nuclear. Tampoco con los mash-ups que combinan propiedades casi indistintamente como ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, La gran aventura LEGO, Space Jam: Un nuevo legado o Ready Player One. Mucho menos con proyectos completamente ajenos y tibiamente entrelazados por su mente creativa y unos cuantos guiños, como sería el KINGdom cuyo nombre proviene de Stephen King.

Más complejo es el caso de Star Wars y Harry Potter que nacieron como simples franquicias, pero que recientemente han adoptado la etiqueta de universos cinematográficos con la exploración de tramas complementarias que inciden directamente en la trama central. Tal sería el caso de Rogue One y Han Solo que enlazan con la tragedia Skywalker, así como de Animales fantásticos que indirectamente asientan las bases del Wizarding World que conocimos en un inicio.

Posibilidades de expansión

Más allá de la especificidad del concepto, el creciente interés en los universos cinematográficos es fácil de entender. Después de todo, es bien sabido que el éxito de un título en concreto puede desembocar en una secuela, una trilogía o incluso una franquicia. Pero a pesar de todas estas posibilidades, queda un problema importante: las historias son finitas. Y es que cada nueva entrega siempre aumenta el riesgo de caer en lo predecible o incluso en lo absurdo. Tal es el caso de Rápido y furioso, cuyos deseos por de continuar le han llevado muy lejos de las carreras iniciales.

Los universos cinematográficos han sido una buena solución para este problema, ya que permiten una expansión orgánica con la exploración de personajes preexistentes como fue el caso de Hobbs & Shaw en la franquicia velocista. También pueden crecer con nuevas incorporaciones que amplíen cada vez más la trama central, como el DC Extended Universe que arrancó con El hombre de acero y se vio enriquecido por Mujer Maravilla, Shazam y Aquaman.

Más recientemente también ha surgido cierto interés en la exploración de sucesos históricos concretos dentro de los distintos mundos, como Rogue One centrada en el robo de los planos de la Estrella de la Muerte o La monja que ahondó en el miedo de Lorraine Warren previo al enfrentamiento con Valak en El conjuro 2.

El interés de los estudios también es fácil de entender. La máxima expansión de historias consolidadas reduce los riesgos, así como el desgaste de las franquicias. Esto ha provocado la sensación de que los universos cinematográficos son apuestas sencillas. Nada más equivocado.

Los retos de los universos cinematográficos

El primer riesgo del universo cinematográfico es justificar su existencia. Todos sabíamos que Capitán América seria clave para los Vengadores, pero ¿qué necesidad narrativa tenía la incorporación de personajes como Ant-Man y Wasp? La respuesta fue tan desafiante que Marvel excluyó a los diminutos héroes de The Avengers: Los Vengadores aun cuando ambos fueron miembros fundadores del equipo impreso. Una decisión controvertida pero que rindió frutos en fases posteriores, con el Reino Cuántico jugando un papel determinante en el desarrollo de las acciones.

No menos sencillo es encontrar la esencia de cada proyecto. Aunque las películas pertenezcan a un mismo universo, cada una debe transmitir sensaciones concretas. Este fue uno de los mayores problemas del DC Extended Universe en sus primeros años, pues sus entregas iniciales parecían calcas más que secuelas. Las sensaciones solo empezaron a cambiar con la inclusión de cineastas como Patty Jenkins, David F. Sandberg y James Wan cuyas respectivas cualidades dieron una apariencia propia a Mujer Maravilla, Shazam y Aquaman. Tendencias que se reflejaron en las respectivas tramas, pero también en elementos como fotografía, música e incluso referencias. El resultado fue tan exitoso como refrescante.

Finalmente la interconectividad. Los universos de antaño eran sumamente primarios y sólo se sustentaban en el cruce indistinto de personajes, como fue el caso de Universal Monsters con sus múltiples secuelas. Estas prácticas son impensables para el cine contemporáneo, pues cada nueva entrega debe estar minuciosamente vinculada con el resto de la franquicia. Esto va de enlaces sobrepuestos por no decir improvisados como los del Warrenverse a la exactitud más absoluta como la del MCU, cuyos contados tropezones han suscitado la inconformidad de una audiencia acostumbrada a la perfección.

Rompiendo fronteras

Secuelas, trilogías, universos cinematográficos… ¿Hemos llegado al límite narrativo o queda margen de expansión? La historia nos dice que el entretenimiento no entiende de fronteras y la evolución se manifiesta justo en este momento.

La primera gran transición es la incorporación de las series a la apuesta. Y es que los universos cinematográficos corresponden al cine por definición, una trivialidad meramente conceptual que no les ha impedido incorporar a la cada vez más fascinante pantalla chica. Disney fue el pionero de la tendencia con The Mandalorian como complemento de Star Wars, así como WandaVision, Falcon and the Winter Soldier y Loki para el MCU. Ambas listas crecerán de manera exponencial en los próximos meses, iniciando con The Book of Boba Fett y Hawkeye, mientras que el Wizarding World ya trabaja en su propia serie vía HBO Max.

Recientemente se ha apostado también por la multiiversalidad que consiste en explorar a los mismos personajes desde distintos ángulos según la realidad en que se encuentren. Un concepto complejo y tan sustentada en la fantasía que no puede ser aplicado a todos los proyectos, sino solo aquellos con temáticas cuya naturaleza lo permita. Se especula que el La torre oscura lo intentó con una conexión directa a Eso, mientras que el MCU recientemente ha comenzado a trabajar de lleno en ello con What if…?, Spider-Man: Sin camino a casa y Doctor Strange in the Multiverse of Madness.

No menos interesante es el potencial de las franquicias interconectadas, una posibilidad que parecía imposible hasta que Marvel y Sony acordaron la incorporación de Spider-Man al MCU, en un trato histórico que fue aplaudido por los millones de aficionados. Pero un gran poder implica una gran responsabilidad y el paso dejó al Spiderverse sin su héroe titular. Y es que no está de más recordar que Sony cuenta con los derechos de todos aquellos personajes que están relacionados más directamente con la araña, lo que deja cerca de 900 propiedades. El deseo de aprovechar estos héroes y villanos es tal que incluso se especuló con la posibilidad de hacer una película centrada en la Tía May

Aunque la situación del héroe arácnido pende de un hilo –o una telaraña, lo que ustedes prefieran– y cada nueva entrega pareciera alejarle más de los Vengadores y acercarle más a Venom, Carnage, Morbius y más, muchos sueñan con que ambas franquicias terminen integrándose en un magno universo marvelita. La posibilidad no es tan descabellada como suena, pues el primer gran esfuerzo se remonta a El sorprendente Hombre Araña que estuvo cerca de colocar a la Torre Stark junto a Oscorp en el panorama neoyorquino.

En caso de concretarse, esto podría sentar las bases del mayor universo cinematográfico jamás imaginado: una fusión de Marvel y DC. Difícil, pero no imposible y como prueba solo basta recordar los incontables cruces impresos, siendo Amalgan el más recordado de todos. Falta mucho para que esto sea posible, pero la idea nunca debe ser descartada.

Los universos cinematográficos son la prueba más reciente de que el cine y la televisión no entienden de límites, y lo mejor de todo es que uso cada vez más recurrente nos permite soñar con una industria en la que hasta el cruce más improbable puede hacerse realidad.

Spoiler Show #11