Una historia con un despliegue de violencia innecesario

No me ames película

Una regla que se sugiere seguir cuando se analiza formalmente una obra de arte (sea película, libro, pintura, etcétera) es que esta debe explicarse sin necesidad de conocer el contexto en el que fue creada. Por supuesto, tener a la mano información sobre el autor y su contexto siempre será útil y aportará una nueva perspectiva de lo que está siendo analizado, pero estos aspectos nunca deben considerarse indispensables. Lo anterior es importante de comentar antes de hablar de Love Me Not (No me ames, 2017), la última película de Alexandros Avranas (Miss Violence).

Sin conocer al director y sus intenciones, Love Me Not resulta un drama un tanto contemplativo que presenta personajes sin ningún tipo de valor ético o moral y que violenta sin sentido a su personaje femenino principal. Ahora bien, cuando se sabe que este es un filme griego con una crítica muy dura a la crisis económica que se vive en aquel país, Love Me Not adquiere una nueva lectura que explica la violencia física y emocional que despliega en pantalla a lo largo de toda su duración. El conflicto de la historia gira alrededor de una pareja que contrata a una joven para ser la madre sustituta de su futuro hijo. No obstante, la chica muere días después de irse a vivir con la pareja, lo cual desemboca en un retrato de todo lo que son capaces estos personajes por sobrevivir la ruina por la que están pasando.

Video
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Es inevitable pensar en Funny Games (tanto la original de 1997 como el remake de 2007) de Michael Haneke como un antecedente de Love Me Not. A pesar de ello, Funny Games resulta una experiencia sumamente diferente ya que justifica su violencia dentro de la misma historia, algo que Love Me Not no hace en absoluto. En lugar de hacer un comentario o una crítica sobre el tema, pareciera que Avranas se regocija en las escenas donde el personaje de Eleni Roussinou (Miss Violence) sufre el maltrato de los distintos hombres que la rodean. Esto resulta todavía más alarmante considerando que el personaje de Christos Loulis (Do It Yourself) nunca es tratado de la misma manera frente a la cámara incluso cuando sus acciones son igual de deplorables que las de su coprotagonista.

La secuencia final de casi de veinte minutos en la que un investigador abusa física, emocional y psicológicamente de Roussinou hace sentido dentro de la narrativa de la historia, pero conforme los minutos transcurren, es imposible no sentirse incómodo ante las imágenes que vemos en pantalla por lo poco que aportan al objetivo general del proyecto. Esto no significa que se tenga que censurar la violencia por completo o que los personajes femeninos se conviertan en figuras intocables, pero considerando el panorama actual, deberían existir sólidos argumentos para justificar la existencia de este tipo de secuencias y que al menos en Love Me Not son argumentos que la historia nunca entrega al espectador.

Es una lástima que esta secuencia sea justo la última impresión que dejará la cinta en la audiencia, ya que en el aspecto técnico, el diseño de producción y la cámara de Love Me Not crean una atmósfera minimalista, elegante y un tanto sensual que es visualmente atractiva desde el inicio. Asimismo, la sutil interpretación de Eleni Roussinou es más efectiva que el resto de artilugios que Avranas usa para causar shock entre los espectadores. Incluso en la secuencia comentada anteriormente, es admirable la forma en que Roussinou la afronta, convincentemente, sin titubeo alguno.

Love Me Not también sugiere distintos temas por explorar, pero que sólo aborda superficialmente: Avranas no sólo examina la ambición humana, sino que también tantea problemáticas relacionadas con los inmigrantes y la corrupción en ciertas instituciones. Desgraciadamente, la historia desecha los personajes relacionados con estos asuntos rápidamente, lo cual evita que el guion los desarrolle de una forma más apremiante.

Finalmente, Love Me Not es una película que falla temáticamente al no justificar, dentro de la misma historia, la violencia que despliega sobre algunos de los personajes y que, por ende, resulta totalmente cruel e innecesaria. A pesar de esto, la fotografía del proyecto sobresale gracias a la cámara de David Pimm, la cual es igual de fría y rígida que el contenido que Avranas eligió para su cuarto largometraje y que con un poco más de trabajo de guion y tono, hubiera resultado en un conflicto reconocible local y mundialmente.

Spoiler Show #11