Una familia de tantas, una película de su tiempo.

Escribir de una película de hace más de 50 años no es fácil. La década de los años cincuenta estaba liderada por una generación que creció dentro del porfiriato. Tiempo en el que todo el poder político, militar y judicial recaía en una sola persona. Don Porfirio Díaz, un militar estricto y pronunciado siempre luchó por el establecimiento moral en su gobierno. Su dictadura tuvo grandes claroscuros en los que gracias a una estricta forma de gobernar hubo grandes avances sociales, tecnológicos y políticos. No obstante, esa generación creció bajo una represión social y familiar afectada por esta dictadura.
Por eso, “Una familia de tantas”.

2 Una película de su tiempo
Hay dos tipos de películas: la que son resultado de su tiempo, es decir que, tienen el contexto de político, social de su propio presente. Sin embargo, existen las de época, que aunque se hagan dentro de un tiempo específico, evocan una época distinta.
Alejandro Galindo fue un director que vivió durante este periodo llamado “Porfiriato”. Aún así, su segunda película “Una familia de tantas” rompe y aunque no se burla de la moralidad excesiva imperante, hace un comentario directo e incisivo a una ideología sobre protectora en la que a los hijos se les exigía de más. Más resultados, más moralidad, más respeto y más devoción casi religiosa a los padres.
En “Una familia de tantas” Galindo dialoga con esa ideología religiosa en las que el padre era una representación de autoridad, incluso espiritual en la que se permeaba ese versículo bíblico: “el que no está conmigo, está contra mí”. Este discurso se extrapolaba a todo: a la educación, al trabajo, al cariño y sobre todo, a la moralidad.

3 La represión disfrazada de amor
Rodrigo Cataño (Fernando Soler) representa excelente a esta autoridad casi impenetrable que define un extremo educativo, ideológico que es resultado de un tipo de educación política aplastante. La cabeza de esta familia ahoga a sus integrantes con una obligada forma de actuar y de pensar. Sus hijos en este temor constante, cometen errores por los que deben de pagar con su eterno agradecimiento después de una inusitada violencia física y después psicológica por el rechazo de su padre.
Un hijo mayor temeroso de anunciarle que ha embarazado a su novia. Una hija que se besa en secreto con su novio en la calle. Otra hija ilusionada con un vendedor de aspiradoras al cual desde el primer momento le tiene cariño pero, su papá quiere casarla con un primo, que según él tiene un gran futuro. Un par de niños que ni siquiera salir a la calle pueden. Los paralelismos con Ripstein y “El castillo de la pureza” de 1973 no se hacen esperar, sin lo sórdido del universo ripsteniano, pero sí con la misma esencia autoritaria y sobre protectora. ¡Estoy seguro que Arturo Ripstein vio esta película!

4 Cine de ruptura
“Una familia de tantas”, una película contenida en una sola locación que se recarga en su teatralidad y por lo tanto en la actuación de sus actores, era, aunque no lo parezca, un cine de ruptura. Una crítica deconstructiva a una forma de pensar y es que, debe ser que cada cierto tiempo este cine disrruptivo es necesario entre una generación y otra. Actualmente vivimos mucho cine que confronta las ideologías de la generación anterior, las brechas se hicieron para borrarlas porque, lo que se pensaba antes, hoy ya no es más. Algunos le llamarán evolución social, algunos también una involución; sin embargo los que lo ven como una falta a sus principios y moral, alguna vez cometieron faltas contra una forma de pensar anterior. Y así vamos construyendo una historia social.
“Una familia de tantas” obtuvo seis premios Ariel en su tiempo. Mejor película, mejor dirección, mejor actuación femenina, mejor guion, mejor actuación secundaria y mejor diseño de producción. Todo un logro de su época gracias a la forma de confrontar esos paradigmas sociales que se le imponían de frente.
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