¿Es el True Crime la nueva revolución del género documental?

No hay dudas: en materia de documentales, el sub-género true crime es es el más popular de todos. Todas las plataformas de streaming tienen shows que entran en esta categoría, incluso algunas han apostado a ficcionalizar historias de crímenes reales, como es el caso de series como Dr. Death, The Serpent, Manhunt: Unabomber y tantas otras.

¿A qué se debe este boom inesperado? ¿Por qué el sub-género true crime triunfa allí donde tantos otros tipos de documentales fracasan? Pareciera ser que el éxito del true crime depende mucho de nuestra condición humana…

Fuente: Starzplay

Existe una realidad innegable: desde que la humanidad existe, existe el crimen. La violencia, los asesinatos, los robos, todo eso pareciera ser parte de nuestra identidad como raza animal que vive en el planeta Tierra. Sin embargo, no todos (por suerte, casi ninguno) realizamos este tipo de actos. No todos nos entregamos a estas pulsiones destructivas. Y es justo ahí donde quizás se asome uno de los motivos por los que nos fascinan tanto los documentales de true crime: son tan pocas las personas que se dejan llevar por esos deseos terribles que nos llaman poderosamente la atención. Porque, ¿para qué mentir? Todos alguna vez sentimos que “queríamos matar a alguien” o nos invadía una violencia inesperada, pero la mayoría de nosotros logramos reprimir esos deseos, canalizarlos de otra manera, entonces nos encontramos fascinados por aquellos pocos que no los reprimen.

Esa fascinación, psicológicamente, está ligada también al horror. Nos sucede exactamente lo mismo que cuando se desencadena un desastre natural o un accidente terrible: no podemos dejar de mirar. Cuando las noticias televisan este tipo de acontecimientos, suelen tener un rating altísimo. Como decíamos antes, nos fascina, pero también nos horroriza en la misma medida. No podemos creer o terminar de entender lo que estamos viendo, pero por otro lado, también necesitamos seguir mirando para quedarnos con la tranquilidad de saber que, al menos, no nos sucedió a nosotros.

Por otro lado, esa falta de entendimiento hacia esas personas capaces de realizar los actos más atroces, nos hace intentar estudiarlos una y otra vez para poder sentir que, si se llegaran a cruzar en nuestro camino, podremos detectarlas. Hay, en nuestra fascinación con el true crime, cierto intento de preservación: si me cruzo con un personaje como Ted Bundy, o TBK, podré ver las alertas antes de estar en riesgo.

Fuente: Netflix

Esto último particularmente aplica para el público femenino, quien está comprobado que es el mayor consumidor del género. Para explicar porqué quizás podamos recurrir a la frase que suele atribuírsele a la autora de The Handmaid’s Tale, la canadiense Margaret Atwood: “Los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las maten”. La frase es tan acertada que no solo aparece en la serie basada en la novela de Atwood, sino también citada en otra serie, protagonizada por Gillian Anderson, titulada The Fall. Aferradas a ese temor, las mujeres recurren al true crime porque, en la mayoría de los casos pueden verse representadas por las víctimas y porque también sienten que pueden aprender a defenderse.

Si sé lo suficiente sobre cómo actúa un asesino serial, si descubro sus patrones, sus modos de conducta, quizás cuando me cruce con uno pueda reconocerlo y correr en la dirección opuesta. Ese parece ser la mayor motivación por la que las mujeres en especial sean el gran público de este sub-género dentro de los documentales.

Video
https://www.youtube.com/watch?v=sg91TkZFC80

El true crime es una revolución. Como documental, nos enfrenta a lo peor de nuestra especie. Nos muestra lo terribles que podemos ser, lo peor en lo que nos podemos convertir. Pero también nos trae tranquilidad: tranquilidad porque no somos las víctimas, tranquilidad porque no somos nosotros quienes cedieron ante los impulsos más bajos y, en muchos casos, tranquilidad porque esos criminales ya se encuentran tras las rejas. El horror de reconocernos capaces de lo peor se conjuga con esta tranquilidad y nos da un producto que está condenado al éxito gracias a esa combinación.

Spoiler Show #11