Argentina tiene en común con México, y creo que con toda América Latina, el mismo ADN de malos gobernantes, impunidad e injusticia. Hablar de desapariciones forzadas y ambiente agreste pareciera un terreno común que no tiene fronteras. Por eso, Tres Hermanos de Francisco Paparella, película ganadora del Festival de Moscú y del Festival del Mar de la Plata, que también tuvo su recorrido en festivales como El Festival Internacional de Cine de Morelia y la 77º Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional.
Escribir de Francisco Paparella no es tarea difícil; la llamaría profunda y riesgosa emocionalmente porque sus personajes están heridos, lastimados o abandonados pero siempre están huyendo de algo. El realizador argentino ha dicho en entrevistas que le gusta explorar la relación entre hombres, la competencia constante con la imposibilidad de transmitir sus sentimientos. Tres hermanos es el segundo largometraje en el que el director continua estudiando en un modo antropológicamente intimista la masculinidad tóxica, pero probablemente, y de forma inconsciente, también expiatoria.
Tres hermanos es la interacción entre 4 personajes principales e influyentes el uno para el otro: tres hermanos y un cuarto integrante que es el medio ambiente en el que han crecido, sufrido y reprimido sus emociones por mucho tiempo. Cada cabeza de este monstruo es un mundo, al mismo tiempo que una problemática que como una hierba mala ha tenido que crecer entre los espinos y las piedras para sobrevivir.
Esta es una especie de Cerberus, el perro de tres cabezas que guarda las puertas del infierno. Los tres hermanos habitan un lugar negro, constantemente azotado por el fuego, el humo y las catástrofes. Son esta bestia mitológica con una furia destructora que todo lo arrebata a su paso, funcionan como un todo, que sobre el final se disipa al perder la cabeza de uno de ellos.
Primera cabeza: el hermano mayor regresa a su lugar de origen gracias a que pierde su trabajo pesquero. La vida en pausa que dejó evidentemente no se detuvo y siguió sin él. Ahora quiere recuperar el tiempo perdido en un limbo emocional y familiar.
Segunda cabeza: el hermano del medio que, aunque el director no nos lo dice, tuvo que hacerse cargo del negocio familiar, un acerradero venido a menos después de que su madre murió ahogada y su hermano mayor huyó para escapar de su realidad, una dura: saber que aunque peleó una buena batalla, ahora deberá luchar contra una enfermedad mortal.
Tercera cabeza: el hermano menor es todo un caso de resiliencia y masculina forzada. Un joven que se siente atraído por su compañero de Jiu jitsu pero que es incapaz de aceptarlo por el peso de la masculinidad tóxica que viene cargando por el entorno silvestre y lo agreste de la relación que lleva con sus dos hermanos mayores. No se permite, entre otras muchas cosas, amar a una persona de su mismo sexo.
El cuarto elemento, probablemente el más poderoso al ser el bosque en el que este titán destructor de sí mismo habita: la tierra, el cielo, el lodo, la presa. Este hábitat agresivo que produce solo piedras, furia y corazas tan fuertes que silencian la voz y cualquier tipo de emoción o recuerdo. Este lugar en La Patagonia es lo que llamaría el líquido amniótico que en lugar de emanar del vientre para el nacimiento del algo nuevo lo retiene para su propia putrefacción y destrucción .
Hay un par de escenas, que como sustancia intravenosa, se metieron en mis emociones. Una es cuando estos tres hermanos, muertos por dentro, visitan un cementerio para visitar a su madre. Se me hizo paradójico al formar un cuadro de muertos visitando muertos. Otra cuando el hermano mayor quiere hablar con su hermano menor las posibilidades de la forma en que su madre murió. Enseguida el menor se levanta encolerizado al ver trastocadas, pero también expuestas, sus emociones, para otra vez, como lo vimos en una escena donde se masturba, silenciarse de nuevo.
Tres hermanos es una exploración más que adecuada, dolorosa pero también real por el machismo más destructivo y dañino: al ya no tener mujeres alrededor que destruir y someter, se someten ellos mismos a su oscuridad, a sus silencios pero también a sus espíritus muertos, causándose el final más triste.
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