La segunda temporada de Titans nos deja un sabor amargo. La serie de DC Universe que tanto nos había gustado en su primera parte no ha logrado colmar las altísimas expectativas que todos teníamos. Durante su producción, se anunciaron muchísimos personajes que colaboraron con aumentar la ansiedad por la segunda entrega, pero casi que podríamos decir que fueron parte del problema que hizo que esta segunda temporada no funcionara como esperábamos.
Una temporada que definitivamente no cumplió con las expectativas


Esta segunda temporada empezó mal: el primer episodio tuvo más gusto a final de la entrega anterior que a comienzo de una nueva historia. Trigon, el villano temible que se construyó a lo largo de toda la primera temporada fue destruido en cuestión de segundos por Rachel, que, de repente, parecía tener su poder muy bajo control como para lograrlo.
Claro, la rápida salida de Trigon tuvo mucho que ver con el nuevo enemigo que se cernía en el horizonte: Slade Wilson, más conocido como Deathstroke. Y, sin embargo, Deathstroke tampoco fue lo que esperábamos. Tal vez sea porque la versión de Arrow fue muy buena, pero lo cierto es que el Slade de Esain Morales no se sintió ni tan peligroso ni tan memorable. Su vínculo con los Titanes se hallaba pura y exclusivamente en una rencilla pasada, por lo que la temporada se llenó de flashbacks acerca de la gran tragedia que les ocurrió a estos héroes.
Deathstroke fue la puerta de entrada para personajes muy anunciados: el primero, Aqualad, duró solo un brevísimo flashback, pero su muerte sirvió para plantear la enemistad del enemigo con el resto de los titanes. También, gracias a Deathstroke, aparecieron Rose y Jericho, sus hijos. La primera dejó bastante poco en la historia, excepto un estúpido drama romántico con Jason Todd, pero el segundo fue uno de los personajes más entrañables de la temporada, a pesar de también aparecer sólo en los flashbacks.

La historia contra Deathstroke pareció nunca hacer pie. El gran inconveniente de Titans fue que puso en el medio demasiadas distracciones. Por un lado, el esperado Superboy hizo su aparición, trayendo consigo a Cadmus y a Mercy Graves. Si bien Joshua Orpin logró imprimirle a su personaje la inocencia y, a la vez, la fuerza necesarias, pero realmente no tuvo demasiado espacio para desarrollarse.
Con Batman pasó algo diferente: evidentemente, el personaje a Iain Glen le quedó bastante grande, pero no fue solo él el problema. Su única función fue la de consciencia de Dick, dejando bastante qué desear en la vida real. Y todo eso sin entrar en el detalle de que Dick se pasó odiándolo y hablando pestes de él, para terminar cenando juntos en una cena familiar…
Por otro lado, tanto Rachel como Gar parecen estancados. Rachel podría estar convirtiéndose en una heroína muy poderosa, así como Gar podría estar explorando otras transformaciones, pero en lugar de mostrarnos su recorrido y sus descubrimientos, solo los vemos actuar en situaciones límites que no aportan absolutamente nada.

Además, también se desperdició muchísimo a Kory en esta temporada, que había sido uno de los puntos fuertes de la primera. Se planteó un enfrentamiento con su hermana, quien usurpó el trono de su planeta, pero realmente ese enfrentamiento parece postergado hasta la próxima entrega, por lo que no entendemos muy bien para qué lo han planteado con tanta antelación.
Lo mejor, sin duda, de la segunda temporada de Titans es que Dick finalmente se ha transformado en Nightwing, por lo que creemos que lo veremos mejor asentado en la tercera parte. También debemos destacar los alivios cómicos, ya fueran a manos de Gar o de Jason Todd, que ayudaban a aflojar el drama constante que viven los personajes. Sin embargo, ninguna de estas cosas fueron suficientes para que la temporada se salvara. Esperamos que, en la próxima, esta historia vuelva a ponerse al nivel de su primera temporada.