En líneas generales, debo admitir que me gustan mucho las historias de fantasía. Monstruos, brujos, hechiceros, hadas, elfos, siempre son personajes que me atraen. Será por eso que esperaba ansiosamente The Witcher, ya que, aún sin haber leído los libros, la historia prometía. Tras los primeros cinco episodios, reconozco que estaba algo desilusionada, sin embargo, le di la oportunidad a los tres episodios faltantes, esperanzada de que la historia mejorase. A continuación, mis sensaciones finales tras ver toda la primera temporada de The Witcher.
Son pocas las cosas que se rescatan de la primera temporada


El gran problema de The Witcher, creo yo, es que no se decide por un tono. Intenta ser una serie fantástica y seria, como tal vez lo ha sido Game of Thrones, pero por momentos se olvida de esto y lanza humoradas que, realmente, no le hacen gracia a nadie. Los personajes pasan de vivir en un mundo en guerra, difícil, oscuro, a hacer chistes sin sentido. El mismo Geralt, a quien acusan una y otra vez de no tener sentimientos y de ser casi una bestia, por momentos parece un humano cualquiera, que casualmente tiene el pelo algo raro y los ojos también y es bastante bueno con la espada.
The Witcher da muchas cosas por sentado: si no leíste la saga de libros, ni jugaste el videojuego, casi que no puedes entender porqué Geralt de Rivia (y los brujos, en general) es tan especial. Las pocas explicaciones que hay en los episodios son forzadas, con un guión que no le hace ningún favor a las pocas dotes actorales que tiene, por ejemplo, Henry Cavill. Otro ejemplo de esto es el vínculo entre Geralt y Yennefer, quien con tan solo haberse visto una vez, ya están profundamente enamorados el uno del otro cuando se vuelven a encontrar. La serie se apura y todas las emociones de los personajes se sienten demasiado irreales.
Como decíamos, es bastante difícil entender porqué Geralt es tan especial, ya que honestamente lo vemos pelear con monstruos en muy pocas ocasiones. En general, sus rivales son otros hombres, con quienes no logra llegar a un acuerdo acerca de a quién está permitido matar y a quién no, entonces, porqué no, enfrentarse a muerte con todo el mundo.

Yennefer no sale mucho mejor parada de esta historia, ya que, en líneas generales, atrasa. ¿Por qué para ser una hechicera renombrada el primer paso que debe dar es el de someterse a una tortura para ser hegemónicamente bella? ¿Acaso no podía ser una hechicera increíble sin todo eso? ¿Acaso Geralt no se hubiera enamorado de ella si no se hubiera transformado en esa mujer bellísima y hubiera sido la niña deforme que sacaron de un chiquero?
Ciri, por otro lado, es la que sale más intacta de todo esto, quizás porque es sobre la que se dejan más misterios sin resolver. Todos queremos saber más acerca de su poder y, también, qué hará Geralt con ella ahora que se han encontrado. Por cierto, ¿cómo es que se reconocen en ese último minuto de episodio, si nunca se han visto? ¿Es cosa del destino?

No todo es terrible en The Witcher. Uno de los pocos hallazgos que puedo rescatar es la utilización de distintas líneas temporales para contar la historia, y el esfuerzo por llevarlas a todas hasta el clímax de la batalla contra Nilfgaard. También hay que destacar las escenas de acción, especialmente la pelea del primer episodio entre Geralt y Renfri, que tiene unos movimientos de cámara muy interesantes, lo que la vuelve ágil y vertiginosa.
Sin embargo, en líneas generales, The Witcher me parece una serie que se apura en mostrar un sinfín de cosas sin detenerse demasiado a empaparnos en el universo que recrea, dando por hecho que todos conocemos a los personajes y a sus historias, lo cual limita sin dudas su público. ¿Mejorará en la segunda temporada? Esperemos que sí.