The Last Waltz: Martin Scorsese y el nacimiento de una nueva era para las concert movies

Como sucede con The Eagles, The Band fue una banda de rock and roll que no supo salir del radar de Estados Unidos… Hasta que llegó Scorsese. En 1978 el cineasta estrenó el documental The Last Waltz, película de concierto no solo capturó un momento crucial en la historia del rock, el concierto de despedida de The Band realizado el Día de Acción de Gracias de 1976 en el Winterland Ballroom de San Francisco, sino que también revolucionó la forma en que se experimenta la música en vivo en la pantalla.

Pero, ¿cómo fue que Martin Scorsese creó esta obra maestra? Es lógico que antes de profundizar en The Last Waltz debemos explorar los viajes artísticos de The Band y del propio Scorsese.

The Band fue originalmente conocida como The Hawks allá por 1958. Los miembros del grupo fueron Robbie Robertson (guitarra), Levon Helm (batería y voz), Rick Danko (bajo y voz), Richard Manuel (teclados y voz) y Garth Hudson (teclados y varios instrumentos). Su estilo era de una mezcla entre rock, folk, country y R&B, algo bastante diferente para la época.

Bajo el ala de Bob Dylan, quien convirtió a The Band en la banda soporte de su su gira mundial de 1965 y 1966, la banda se estableció fuerte en el medio de tal manera que pudo debutar con un álbum: en 1968 veía la luz Music from Big Pink. La variedad de géneros musicales antes mencionada fue reflejada y apuntalada en el disco. Una nueva era para el rock había llegado.

Durante la década de 1970, The Band seguía en boga tanto para la crítica como para el público en general. Sin embargo, en 1976, The Band estaba lista para despedirse de los escenarios.

El 25 de noviembre de 1976, The Band subió al escenario del Winterland Ballroom de San Francisco. Este concierto de despedida estuvo repleto de estrellas y contó con algunos de los nombres más importantes del rock and roll. Artistas como Bob Dylan, Eric Clapton, Neil Young, Joni Mitchell y Van Morrison se unieron a los festejos.

Los miembros de The Band contemplaron la situación y notaron que iba a ser un evento sin parangón. Debían cerrar su paso por el mundo del espectáculo de una manera tan brillante como diferente. Fue así que se acercaron al cineasta Martin Scorsese para documentar su última actuación en vivo. Y es que en la misma década de 1970, el apellido Scorsese pisaba fuerte entre los directores nóveles. Con Mean Streets de 1973 había iniciado un camino hacia los retratos auténticos de la vida; luego, con Taxi Driver de 1976, esa mirada se reafirmaba de manera más brutal aún. Y entonces llegó The Last Waltz en 1978, una incursión que parecía totalmente extraña para la línea adoptada por el director, pero no tanto. ¿Por qué? 

The Last Waltz no fue simplemente otra película de o sobre música. El director sentó un nuevo precedente al capturar la esencia de The Band y la época en la que triunfó. La película no trataba sólo de música: se contaban historias, intimidad y la energía cruda y sin filtros de las presentaciones en vivo.

Los adelantos o aspectos revolucionaros de The Last Waltz se pueden resumir en los siguientes:

  • La narración fue cinematográfica. Hubo un guion detrás de The Last Waltz. Entrevistas, escenas del backstage y hasta ciertos guiños a la actuación hicieron que la manera de contar conciertos fuera diferente a partir de ese momento. La visión profunda de la historia de la banda y las emociones que rodearon su despedida fueron el alma de la cinta. Se humanizó a los músicos, permitiendo que el público conectase con ellos de manera más palpable.
  • Scorsese empleó cierta cantidad de cámaras que le permitieron capturar las actuaciones desde varios ángulos. Esta técnica acercaba a los espectadores a la acción, sumergiéndolos en la música. Las tomas estáticas y amplias eran piezas del pasado.
  • La calidad de sonido, de primer nivel. La música era un actor más de esta cinta. Se capturó tanto sonido de aire como de mezcla, logrando así una experiencia inmersiva.
  • No solo fue la primera vez que los músicos se mostraban desnudos de estrellato de la industria muscial, sino que, como un giro poético, se volvieron estrellas de Hollywood. Ni ridiculizados ni ensalsados, siendo ellos mismos mostraron una sinergia mágica entre ellos mismos.
Video
https://www.youtube.com/watch?v=OuH234Tgw5o

Parece que decir que The Last Waltz es la mejor película de concierto de todos los tiempos es un poco exagerado, pero no tanto. La crítica y los espectadores que la vieron no pueden dejar de elogiarla por su impacto en la industria y por su valor documental. Y es que es en sí misma la verdadera y más pura celebración de la música moderna. A su vez, al ser un documento tan bien dirigido y pensado, The Last Waltz se vuelve una pieza de arte que traspasa a la música y/o al cine, y genera curiosidad tanto para el melómano como al cinéfilo. The Last Waltz toca los más profundos sentimientos ya que no es solamente la grabación de un concierto: es una historia de despedida, transición y paso del tiempo.

A lo largo de los años, la importancia de The Last Waltz se extiende ya que funciona como un muy palpable registro histórico al reflejar la cultura de una época pasada, al captar el espíritu de la tan convulsionada década de 1970.

¿Debes verla si no aún no lo hiciste? Después de leer este artículo, ¿te queda alguna duda?

Spoiler Show #12