The Hand Of God es el trabajo más personal de Paolo Sorrentino, pero…

No es raro que Federico Fellini siga ejerciendo una gran influencia en cineastas contemporáneos y que haya marcado de manera fehaciente a los realizadores clásicos que hemos conocido también como maestros del cine. Siempre el arte sirve de movimiento para la vida diaria y a su vez siempre tiene de fondo algo, algún contexto histórico, personal, político, etc.

Paolo Sorrentino llena su cine de referencias sociales, culturales, personales, aficiones. Es uno de los directores que más atiborra (en el mejor sentido) sus películas de elementos de los que él mismo se ha nutrido. Por ejemplo en La gran belleza (2013) Paolo envuelve a su personaje de una extravagancia soñada y lo rodea de exuberantes elementos con los que podemos ligar a la Italia post modernista de la primera década del 2000. Después con Youth (2015) nos llevó a vivir a una casa de retiro para personajes adinerados, famosos, empresarios, políticos, etc. Pero vuelve a impregnar de lujo, excesos visuales y personajes extravagantes la pantalla, pero no de forma gratuita. Básicamente, las historias de Sorrentino están rodeadas de brillantes envolturas, pero llenas de delicadas emociones y anécdotas que dan forma a sus personajes.

Después de este breve introductorio de dos maravillosas películas, nunca creí que Paolo Sorrentino pudiera superarse a sí mismo de una manera tan abrumadora, excesivamente visual y emocional como lo hace en The Hand of God (Fue la mano de Dios).

Video
https://www.youtube.com/watch?v=i_1VW_0i6vo

Esta una película casi autobiográfica que dialoga con algunos esbozos del neorealismo italiano, pero con un contenido aún más personal e íntimo. Es tan propia que se nos olvida que hay una cámara y un lente de por medio. Emula mucho a lo hecho por Pedro Almodóvar en Dolor y gloria que, sin ser una película totalmente basada en su vida, el manchego se usa a sí mismo como personaje principal e inspiración para realizar uno de sus trabajos más cercanos. A este grado llega Paolo Sorrentino.

La mano de Dios refiere a muchas cosas, porque el arte se nutre de todas ellas. Sin embargo, es el fútbol en la bella ciudad de Nápoles con la llegada de Diego Armando Maradona que resulta ser ya un personaje recurrente en su filmografía donde Paolo Sorrentino coloca toda su admiración, casi al grado de una deidad a la cual se le debe de tener culto y respeto.

Fuente: Netflix

También recuerda a muchas de esas exageraciones melodramáticas que nos ha proporcionado el cine mexicano… porque los italianos y los mexicanos son tremendamente familiares. Las reuniones, los gritos, las novelas, los dramas guardados como secretos familiares, todo acá sale a relucir. Obviamente a través de los ojos de Sorrentino todo luce impecable, decadente al mismo tiempo que ominoso.

Pero...

Un pero positivo. No quisiera decir que esta es la mejor película del director italiano, pero, al ver su recorrido emocional por volver a su ciudad natal y filmar donde originalmente creció, me llena de emoción ajena. La película es resultado de lo que el propio realizador hizo y se nutre de sufrimiento, de las pérdidas familiares, de los fracasos, de las dudas, de las primeras relaciones sexuales. Y todo esto la dota de cualidades personales que siempre tienen las mejores obras artísticas, ese sello que hace al autor pero que también le da personalidad. En su momento lo hizo Fellini (a quien hace referencia directa) con escenas oníricas que nos hacen dialogar con su Italia, la del 8 1-2 de 1963, con todo y esas mujeres voluptuosas que llevan desde la inspiración creativa al más caliente erotismo.

Fuente: Netflix

En resumen

Paolo Sorrentino es visual y narrativamente soberbio, pero al mismo tiempo sencillo y transparente. Maneja una grandilocuencia emocional y visual que solo los grandes pueden lograr; eso viene desde adentro del alma y en The Hand of God (Fue la mano de Dios) se nota, en demasía.

Sin dudas, esta es una de las mejores películas que puedes ver actualmente en Netflix

Fuente: Netflix
Spoiler Show #11