Luego de un paso complejo, Stranger Things lo hizo. Y es que los hermanos Duffer se toparon con un problema al presentar la serie ya que que los ejecutivos de diferentes empresas no querían un programa protagonizado por niños a menos que estuviera dirigido exclusivamente a una audiencia joven. Grave error.
Hoy en día es difícil imaginar que alguien rechace una producción como Stranger Things solo por tener un cast infantojuvenil. Menos aún si esos mismos productores hacen un poco de historia y se percatan que la década de 1980 estuvo plagada de exitosos trabajos audiovisuales dirigidos para adultos pero protagonizados por niños.
Piensa, ¿cuál es un verdadero ícono? Stand by Me (1986), cinta que, junto con el clásico The Goonies (1985), establecieron los lazos de una narrativa que involucra a un grupo de niños que se embarcan en una aventura a la que IT (tanto la mini serie de 1990 como la película de 2017) y Stranger Things rinden homenaje.
Stand by Me se centra en un cuarteto de niños, Gordie (Wil Wheaton), Chris (River Phoenix), Teddy (Corey Feldman) y Vern (Jerry O’Connell) que hacen una caminata de dos días en el verano de 1959 para echar un vistazo a un cadáver ubicado en lo profundo del bosque. El viaje es pura aventura, destacándose un jugueteo con la muerte al enfrentarse a un tren, obviar a un perro temible y aceptar sus propios problemas personales.
Lo interesante de Stand by Me es que posee un halo de tristeza que proviene de los personajes infantiles que lidian con sus propios problemas personales, por lo menos de tres de los protagonistas: Gordie todavía se está recuperando de la repentina muerte de su hermano (interpretado por un joven John Cusack); Teddy anhela ser como su padre, que está encerrado en un manicomio; Chris está convencido de que nunca podrá llegar a nada en la vida simplemente porque la humilde posición que ocupa su familia a los ojos de la gente del pueblo es el karma absoluto. Estas marcas deberían estar reservadas para los adultos, pero aquí no sucede.
Todo esto, narrado por una versión adulta de Gordie, interpretado por Richard Dreyfuss, se vuelve maravilloso. Y es que su narración afecta al incluir melancolía, marca que hace que Stand by Me se diferencie de otras producciones de la cultura pop: mientras Stranger Things está enamorada de la nostalgia de la década de 1980, Stand by Me está más interesada en usar su historia para comunicar un tono melancólico. Y más genial aún es que sea Dreyfuss quien recuerda sus propias locuras infantiles con niveles iguales de diversión y tristeza, una suerte de homenaje a J. D. Salinger y su personaje Holden Caulfield de la novela The Catcher in the Rye (1951). Porque, ¿se pueden revivir acciones y sentimientos desde la adultez con la misma intensidad que se vivió en un pasado de niño o adolescente? Claro que sí.
Crucial es que Bruce A. Evans y Raynold Gideon, los escritores a cargo de la cinta, se niegan sistemática e inteligentemente a dar un cierre ordenado a las luchas individuales de los personajes principales. Esto se ejemplifica en la narración final de Gordie que explica lo que les sucedió a dos de sus tres amigos a medida que crecían. La melancolía aumenta: Teddy terminó en prisión y Chris murió tratando de interrumpir una pelea. No hay mucho catarsis para nadie, solo unas pocas líneas para resumir todo un universo de desolación tan crudo como palpable. La sólida dirección de Rob Reiner acentúa el sentimiento final, ese mismo que es reflejo de la vida misma, porque Stand by Me es una historia gigante basada en vivencias tan pequeñas como majestuosas.
Vale la pena mencionar que Stand by Me es una adaptación de la novela The Body de Stephen King. Cuando se llevan al cine sus obras más compactas en términos de escenario y alcance, es cuando tiendes a obtener mejores películas (piensa en Misery de 1990 y en The Mist de 2007). Pero Stand by Me tiene muchas cualidades resaltables más allá de cómo interpreta a la literatura de Stephen King: muestra a personas como los productores ejecutivos que rechazaron Stranger Things que se puede hacer una narración reflexiva que confronte problemas emocionales con niños como protagonistas.
Después de todo, si hay algo que alguien como el personajes de Gordie sabe mejor que nadie es que los horrores del mundo aún pueden afectarte incluso cuando solo tienes 12 años.