En la televisión contemporánea pocos nombres resuenan con tanta fuerza, constancia y polémica como el de Ryan Murphy. Productor, guionista, director, creador de mundos y devoto del espectáculo televisivo, Murphy ha construido un imperio que se extiende desde el musical luminoso hasta el horror más estilizado, pasando por el drama biográfico de textura casi documental. Su presencia en la industria es tan dominante que, para muchos, hablar de la “televisión moderna” implica mencionar su serie favorita firmada por él. Y no les falta razón: pocas figuras han redefinido lo que puede ser una serie de TV con tanta audacia y velocidad.
Este artículo junta tres miradas complementarias para entender su impacto: su habilidad para crear universos televisivos, su versatilidad narrativa a través de géneros y sus mayores aciertos y tropiezos. El resultado es un retrato completo —informativo, crítico y hasta divertido— de uno de los showrunners más prolíficos de nuestro tiempo.

Hablar de Ryan Murphy es hablar de mundos, y no sólo de series. Cada una de sus producciones parece levantar un microcosmos propio: personajes excéntricos pero profundamente humanos, atmósferas muy marcadas, actrices fetiche, colores reconocibles y un sentido teatral que lo emparenta con el melodrama clásico y el cine camp. No es casualidad que su trabajo haya creado comunidades enteras de fans que celebran, analizan y hasta teorizar cada decisión creativa suya.
La fábrica Murphy, como muchos la llaman, se consolidó con Glee (2009), su explosivo musical adolescente que combinó fantasía pop con drama emocional. Pero ya desde antes había demostrado una predilección por experimentar con formatos, como lo hizo con Nip/Tuck, su primera gran serie de culto. Sin embargo, sería American Horror Story (2011) la obra que consolidaría su reputación como creador de universos expansivos. Con su estructura antológica, cambió por completo la forma de consumir terror en televisión. Cada temporada reinventaba todo: ambientación, época, tono, personajes, géneros. Y aun así —o quizás precisamente por eso— mantenía una identidad clara y reconocible.
La evolución posterior de Murphy en este terreno del “universo televisivo” fue natural: American Crime Story llevó el formato antológico hacia el true crime estilizado; Feud exploró rivalidades históricas con una mirada tan visual como emocional; Pose construyó un homenaje luminoso al ballroom neoyorquino, levantando un espacio televisivo que nunca antes había existido con tal sensibilidad; Hollywood y Ratched apostaron por reinterpretar géneros y épocas con un sello estético inconfundible.
En suma, el “universo Murphy” es tanto una marca visual como un espíritu narrativo: excesivo, teatral, ambicioso y profundamente emocional.

Uno de los elementos más sorprendentes —y subestimados— de Ryan Murphy es su habilidad para saltar entre géneros sin perder coherencia artística. Pocos creadores actuales pueden presumir de dominar tantas formas narrativas, y menos aún de hacerlo con resultados tan influyentes.
- El musical pop y el triunfo de lo emocional: Glee
Con Glee inauguró una era de series musicales adolescentes donde la diversidad, el humor absurdo y la intensidad dramática convivían sin pedir permiso. Fue un fenómeno global: moldeó discursos sobre inclusión, impulsó carreras de actores y convirtió cada martes en un estreno musical.
- El horror como carnaval visual: American Horror Story
En AHS, Murphy encontró el espacio perfecto para su obsesión por lo grotesco, lo barroco, lo excesivo. Su terror no busca realismo: busca espectáculo. La serie redefinió el horror televisivo con personajes icónicos, tramas delirantes y un uso del camp que volvió cada temporada en un evento cultural.
- El drama biográfico con filo político: American Crime Story, Feud, Halston
Cuando Murphy cambia al modo “serio”, lo hace con precisión quirúrgica. The People v. O.J. Simpson y The Assassination of Gianni Versace no sólo fueron aclamadas: se convirtieron en referentes del género por su manera de contextualizar cada caso con enfoque social y emocional. Lo mismo ocurre en Feud: Bette and Joan, un estudio sobre el sexismo hollywoodense en clave estilística.
- La sátira política y la reinvención visual: The Politician, Hollywood
Aquí Murphy despliega su faceta más juguetona. The Politician satiriza la ambición política con humor ácido, mientras que Hollywood reescribe la historia con un enfoque optimista, un “qué pasaría si…” que combina estética retro con sensibilidad moderna.
- Su talento para el melodrama íntimo: The Normal Heart, Pose
Aunque suele asociársele al exceso, Murphy también domina el minimalismo emocional. The Normal Heart es una de las obras más íntimas sobre la crisis del VIH, mientras que Pose combina la lucha social con un retrato humano luminosa y profundamente conmovedor.
Esta versatilidad —saltando de lo pop a lo oscuro, de lo íntimo a lo épico— es parte de lo que lo convierte en un creador indispensable.

Los mayores éxitos de Ryan Murphy
Murphy tiene tantos proyectos que sería imposible celebrarlos todos, pero hay algunos cuyo impacto cultural trasciende:
- American Horror Story
No sólo reinventó el terror televisivo. Creó una franquicia global que sigue viva más de una década después. Convertir a Jessica Lange en icono pop televisivo es uno de sus mayores logros.
- The People v. O.J. Simpson
Un antes y después en el true crime televisivo. Su escritura emocional y su ritmo dramático demostraron que podía hacer TV “seria” sin perder espectáculo.
- Glee
Innegable su impacto musical y cultural. Fue la puerta de entrada a representaciones queer más abiertas en la TV mainstream.
- Pose
Además de histórica por su elenco trans, es probablemente su obra más tierna, humana y emocionalmente redonda.
- Feud: Bette and Joan
Un homenaje impecable al viejo Hollywood, a la vez divertido, trágico y ferozmente elegante.

Sus mayores tropiezos (y por qué también son interesantes)
Pero no todo lo que toca Murphy se convierte en oro. Y eso, curiosamente, también forma parte de su atractivo como creador: arriesga tanto que sus fallos suelen ser fascinantes.
- Ratched
Visualmente deslumbrante, pero excesivamente artificial. Muchos sintieron que la serie se enamoró de su estética y se olvidó del corazón de la historia.
- The Politician
Ambiciosa y divertida, pero a veces tan acelerada y tonalmente caótica que cuesta conectar con los personajes.
- Algunas temporadas de AHS
Murphy es impredecible: una temporada puede ser brillante, y la siguiente un caos. Sin embargo, incluso en sus puntos más flojos, siempre hay una idea atrevida, un personaje memorable o un giro inesperado que la vuelve comentable.
- La antología de Monster
Un éxito arrollador, pero también una serie polémica por su tratamiento de las víctimas. Un ejemplo claro de cómo sus decisiones creativas pueden generar debate global.

Lo que distingue a Ryan Murphy de muchos otros showrunners es su capacidad para generar conversación. Amado por algunos, criticado por otros, ignorado por nadie. Su obra no deja indiferente. Ha expandido los límites de la televisión comercial, introducido temas incómodos, recuperado figuras olvidadas, reactivado la cultura camp y regalado algunos de los personajes más memorables de la última década.
Su legado no se mide sólo en éxitos, sino en la forma en que cambió para siempre las reglas del juego televisivo. Creó universos, reinventó géneros, elevó carreras, impulsó debates y construyó una identidad visual única.
Y lo más impresionante: sigue creando sin descanso.
